En una industria avícola cada vez más exigente, donde los costos del alimento, la conversión y la sanidad tienen un impacto directo sobre los márgenes, la salud intestinal ocupa un lugar estratégico. La posibilidad de que el ave aproveche mejor los nutrientes y destine menos energía a procesos inflamatorios se traduce en mejores parámetros productivos y en una mayor eficiencia económica.
Carusso remarcó que no alcanza con analizar únicamente las bacterias presentes en el intestino. “Lo que más nos interesa es el microbioma –en un sentido más amplio–, que incluye obviamente a los microorganismos, pero también a todos sus genes y toda su maquinaria metabólica”, explicó.
La diferencia entre microbiota y microbioma permite comprender con mayor precisión el funcionamiento del ecosistema intestinal. Los microorganismos no solo ocupan un espacio dentro del tracto digestivo, sino que también producen metabolitos y sustancias que influyen sobre el intestino y sobre el organismo del ave en general.
Uno de los principales beneficios de contar con una comunidad microbiana equilibrada es la denominada exclusión competitiva. Cuando las bacterias beneficiosas ocupan los nichos disponibles y utilizan los nutrientes presentes, los microorganismos perjudiciales encuentran mayores dificultades para establecerse. “Es tan sencillo como que es muy difícil entrar a un lugar que ya hay alguien”, graficó Carusso.
Este mecanismo resulta relevante frente a patógenos de importancia para la producción avícola, como Salmonella, Escherichia Coli y Campylobacter. Según el especialista, un microbioma diverso y correctamente desarrollado reduce las posibilidades de que estas bacterias se instalen, aunque aclaró que la estrategia debe complementarse con un adecuado manejo de las aves y un uso responsable de los antibióticos.
La microbiota también tiene una relación estrecha con el sistema inmune. Carusso explicó que el ave cuenta con tejido linfoide asociado a la mucosa intestinal, cuya evolución depende, entre otros factores, de la interacción con los microorganismos presentes en el tracto digestivo. En ese proceso, los probióticos pueden contribuir a “entrenar” las defensas para reconocer patrones propios de los agentes perjudiciales y responder frente a ellos.
Desde el punto de vista productivo, una menor inflamación intestinal favorece la absorción de nutrientes. “Todo su metabolismo va a estar enfocado en producir, en ganar más kilos, más gramos por día, convertir mejor”, señaló el veterinario. En ese sentido, la salud intestinal se vincula directamente con la conversión alimenticia, la ganancia diaria de peso y el aprovechamiento de dietas formuladas con mayor precisión.
El impacto económico de esta cuestión es significativo. En la estructura de costos de la producción avícola, el alimento representa uno de los principales componentes, por lo que cada mejora en la digestibilidad y en la utilización de los nutrientes puede repercutir sobre la rentabilidad de las granjas y de toda la cadena. La eficiencia biológica se transforma así en una herramienta de competitividad para el sector.
En relación con las soluciones desarrolladas por BeFeed, Carusso mencionó una línea orientada a la salud intestinal que combina distintos principios activos y mecanismos de acción. Entre ellos, destacó Bután, formulado con prebióticos y postbióticos para las primeras 72 horas de vida, consideradas críticas para la formación de una microbiota eficiente y diversa.
De acuerdo con la explicación del especialista, los taninos ayudan a reducir el espectro de bacterias patógenas y generan condiciones favorables para el desarrollo de lactobacilos. A su vez, los postbióticos, entre ellos los ácidos orgánicos de cadena corta, contribuyen a acidificar el medio y funcionan como fuente de energía para los enterocitos, especialmente durante la etapa de rápido crecimiento intestinal del pollito.
La propuesta se completa con otras alternativas, como Naturphen y Signature, producto orientado al control de la aparición de coccidias y de la coccidiosis. Según Carusso, este tipo de herramientas busca sostener un ambiente intestinal favorable y con bajos niveles de inflamación.
El enfoque refleja una tendencia creciente en la producción animal: avanzar hacia estrategias preventivas, integrales y basadas en la combinación de nutrición, manejo, bioseguridad y aditivos funcionales. Para la avicultura, el desafío consiste en lograr aves más sanas, eficientes y capaces de expresar todo su potencial productivo, especialmente en un escenario donde la reducción de costos y el uso responsable de antimicrobianos son prioridades cada vez más relevantes.

