BCRLabs amplía su alcance: del “grano” a la carne, con estándares de exportación

La Bolsa de Comercio de Rosario consolidó en un nuevo edificio su plataforma analítica y sumó un servicio clave para la cadena cárnica: controles de residuos e higiene exigidos por Senasa. La apuesta, con tecnología de “primer mundo” y capacidad de expansión, busca responder a una demanda que crece al ritmo del comercio exterior de carnes, incluida la avicultura, donde la inocuidad es condición de acceso a mercado.

Hace apenas unos meses, periodistas especializados recorrieron el flamante laboratorio de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCRLabs), montado donde antes funcionaba la imprenta de un histórico diario rosarino. El impacto, según describieron, fue inmediato: “la infraestructura que uno va y se cae de espaldas es como está en la NASA”, relató Adalberto Rossi, subrayando no solo la maquinaria sino el diseño integral del recorrido interno, pensado como una planta de alta complejidad sanitaria y metrológica.

El salto más significativo para el entramado agroindustrial regional es la incorporación de análisis vinculados a carnes, un movimiento que conecta de manera directa con los requisitos de inocuidad que hoy condicionan tanto al mercado interno como, sobre todo, al externo. Alejandro Remini —jefe de Promoción y Servicios del laboratorio— confirmó que BCRLabs “está empezando a ofrecer un nuevo servicio orientado a lo que son frigoríficos en el marco de lo que es el plan de control de residuos e higiene de los alimentos del Senasa”.

El primer tramo del servicio se enfoca en bovinos, pero la hoja de ruta incluye a los sectores que hoy empujan el crecimiento exportador y demandan trazabilidad e inocuidad verificable. “En breve estaremos completando la oferta total del servicio para también lo que es porcinos y aves, que tienen una demanda creciente también para lo que es exportación”, explicó Remini. En esa frase se condensa una realidad estratégica: sin pruebas analíticas confiables y rápidas, la competitividad argentina en proteínas animales queda expuesta a rechazos, demoras o mayores costos por certificaciones en destino.

¿Y qué se busca exactamente con estas determinaciones? La entrevista puso el foco en una muestra típica —tejido de hígado bovino— para explicar el corazón del control: detectar lo que no debe estar. “El Senasa establece una serie de moléculas que uno tiene que demostrar que no están… residuos de drogas veterinarias, antibióticos, anabólicos, hormonas”, detalló Remini. La lógica es sanitaria y comercial: garantizar que la mercadería “no va a producir ningún daño al que la consuma”, y cumplir una “lista enorme de moléculas” que se controlan de forma sistemática. Para la avicultura, donde el estatus sanitario y los límites máximos de residuos son pasaporte de comercio, este tipo de infraestructura cercana a las plantas y a los nodos logísticos puede convertirse en una ventaja operativa.

Un punto no menor es el valor institucional del sello BCR en el mundo de las disputas y estándares. Remini lo expresó con claridad al referirse a la trayectoria del laboratorio en la “línea verde” (alimentos de origen vegetal) y su expansión a los de origen animal: “somos el laboratorio de referencia para… la cámara arbitral de cereales”. En términos prácticos, cuando hay controversias por calidad, “el resultado nuestro es tomado como el resultado válido”. Y con el aval oficial, la vara sube: “hoy en día, al tener autorización por Senasa, es como si ese análisis lo hubiera hecho el propio Senasa”.

La decisión de concentrar capacidades en una sede única apunta a resolver un problema clásico de la agroindustria argentina: la necesidad de servicios de calidad internacional sin depender de terceros en el exterior. “Tratamos de unificar todo aquí justamente pensando en desarrollar más actividades… y tener en la región también un laboratorio… del mismo nivel que un laboratorio de un país de destino del primer mundo”, dijo Remini. La razón es directa y económica: “allá van a medir también todas estas sustancias… es mucho más lógico poder hacerlo primero aquí, estar seguro de lo que estamos exportando”. En un contexto donde las exigencias sanitarias se vuelven también barreras para-arancelarias, medir bien y a tiempo es parte del negocio.

La escala del proyecto acompaña esa ambición. Rossi marcó un dato concreto: “3.000 metros cuadrados”. Remini precisó: “3.000 y pico de metros cuadrados cubiertos solo de laboratorio… el predio tiene más de 9.000 metros” y, además, “capacidad de seguir creciendo”. El dato es relevante porque la demanda no es estática: si aumentan exportaciones, aumentan muestreos, contramuestras, auditorías y necesidad de respuesta rápida, especialmente cuando la cadena de frío y los embarques no esperan.

Finalmente, BCRLabs remarca un concepto clave para el entramado productivo: no es un servicio restringido a un club de socios. “Somos un laboratorio de tercera parte… brindamos servicios a todos los actores de la cadena agroalimentaria argentina”, afirmó Remini, enumerando desde análisis de suelos y agua hasta controles en productos y ahora también en frigoríficos. En un país donde la competitividad muchas veces se define por acceso a tecnología, infraestructura y cumplimiento normativo, la expansión del laboratorio rosarino se convierte en una pieza concreta para sostener el estándar sanitario de la carne argentina —incluida la aviar— y respaldar con evidencia analítica lo que el mercado global ya no acepta solo como promesa.

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