Durante la presidencia de Héctor Motta en la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA), se realizaron distintos y exitosos operativos de exportación de huevos frente a la situación de una sobre oferta de producción en el mercado local. En esta oportunidad, las cámaras que nuclean a los productores de las provincias de Buenos Aires y Córdoba y Tecnovo, buscarán de manera conjunta negocios de exportación que le otorguen la previsibilidad que el productor necesita para continuar creciendo.
En un contexto de año “complicado, difícil” y con una oferta que “va a ir en aumento”, el entendimiento propone algo poco habitual: coordinación, compromisos contractuales y una lógica de negocio externo que busca descomprimir el mercado doméstico y darle previsibilidad a productores e industria, explicó Luis Besteiro, Secretario de APASUR.
Según relató Besteiro, el proceso para llegar a este acuerdo no tuvo nada de improvisado. “Esto arrancó en enero con una reunión en APASUR, a la cual se invitó a productores de las otras cámaras, tanto de Córdoba como de Mar del Plata, y estaba abierta en realidad a todos los productores”. Allí se empezaron a “barajar un par de ideas” con un diagnóstico claro: si la producción iba a crecer, había que anticiparse con herramientas comerciales nuevas. “Nada es de un momento para otro; había que empezar a trabajar sobre esto si lo queríamos hacer”, señaló.
El acuerdo ya se traduce en movimiento real de mercadería, un punto clave en un país donde sobran anuncios y faltan embarques. “El jueves y viernes se están entregando las dos primeras cargas por parte de APASUR; la semana que viene estará entregando Córdoba; y la otra semana estará entregando Mar del Plata. El proceso ya está en marcha”, detalló Besteiro. Lo importante de este acuerdo es que la oferta se organiza y se calendariza, algo determinante para cualquier programa exportador que requiera continuidad, volumen y estandarización.
Un elemento central fue la articulación entre actores que históricamente se miraron con desconfianza. Besteiro lo planteó sin eufemismos: “Para mí, personalmente, marca un hito dentro de estas relaciones que a veces eran tan ríspidas entre industrializadores y productores”. En esa línea, destacó el rol de Marcelo Perassi como nexo para acercar a Tecnovo con las cámaras.
La lógica del acuerdo, además, busca alinear incentivos. “Esto viene a romper la antinomia que podía haber entre productores y plantas industrializadoras. La clave económica está en que se trata de un negocio distinto, totalmente fuera de lo que es el precio doméstico del huevo, lo que, en la práctica, permite escaparle a la volatilidad interna y a la típica tensión por precios cuando el mercado local se satura”, explicó Luis Besteiro.
Pero quizá el dato más relevante —por su impacto institucional y por el mensaje hacia el comercio exterior— es el tipo de compromiso asumido. “Hay un acuerdo firmado, un contrato donde somos todos solidariamente responsables. Es algo absolutamente distinto a todo lo que se ha hecho hasta ahora”, explicó Besteiro. En un país donde el riesgo argentino no solo se mide en macroeconomía sino también en incumplimientos, contratos débiles y falta de continuidad, este punto es decisivo para cualquier comprador externo y para cualquier planta que invierta en armar un flujo exportador.
El acuerdo es por “un tiempo determinado”, pero ya genera efectos de arrastre: “Esto recién salió a la luz ayer y en APASUR recibimos pedidos de productores que no estaban en esta primera etapa y quieren participar… ya teníamos cinco llamados de gente que quería sumarse”. La señal es clara: cuando aparece un esquema creíble, con reglas, información y horizonte, la base productiva se alinea. Y si además —como anticipó Besteiro— “hay otros negocios en estudio”, el primer contrato puede convertirse en un modelo replicable, no solo para huevo sino para otras economías regionales donde el cuello de botella suele estar en la coordinación y no en la capacidad productiva.

En el cierre, Besteiro puso el foco en el trabajo silencioso de las instituciones y la predisposición de la industria. Recordó que los dirigentes son “ad honorem” y mencionó nombres propios del empuje interno para reunir volumen y sostener el proyecto. También destacó a Héctor Eberle, Director y Gerente General de Tecnovo, “quien tuvo una absoluta predisposición para que esto se concrete. Estábamos todos convencidos de que queríamos hacerlo”.
En tiempos en que la política económica suele cambiar más rápido que los ciclos productivos, la noticia funciona como una rareza valiosa: una estrategia defensiva ante un año difícil, pero también un intento serio de construir competitividad exportadora desde la cadena, con acuerdos, responsabilidades y continuidad.
Tecnovo, la industrializadora que hace posible el acuerdo
Héctor Eberle, Director y Gerente General de Tecnovo, puso el foco en lo que –en cualquier economía exportadora– es condición básica para competir: coordinación y objetivos comunes. “Creo que siempre es bueno que las partes productivas, en este caso la producción de huevo y la industria, tengan un acercamiento y objetivos comunes para bien de la actividad avícola”, afirmó. Y remarcó el carácter simbólico del entendimiento: “Este acuerdo marca un hito. Hay que acercar posiciones, hay que unir objetivos”.
En términos de comercio exterior, el convenio no nace de cero: se apoya en una trayectoria acumulada de inserción internacional y en contratos ya activos. Eberle destacó que Tecnovo opera en el mercado internacional desde 1998 y que llega “a más de 35 países”, aunque advirtió que no todos los destinos se pueden sostener de forma permanente porque “los mercados cambian y las condiciones de los países cambian”. La clave del momento está en el volumen: “Este volumen va a ser mayor al que hoy estamos trabajando, agregando este volumen de huevo para realmente exportarlo a países con los que ya operamos”.
El punto más sensible para los productores —y también para la transparencia del negocio— quedó explicitado: el huevo acordado será para industrializar y exportar, no para abastecer el mercado interno. Eberle añadió un dato relevante para generar confianza: Tecnovo mostrará “los documentos de exportación, los certificados sanitarios, los BL y toda la documentación que acredita que realmente ese huevo sea exportado”. En cuanto a destinos, la apuesta combina exigencia y pragmatismo: “En este caso, va a tener como destino Japón”, dijo, destacando que “es uno de los países más exigentes en calidad”. Y completó con un segundo mercado que vuelve a entrar en juego: “También una parte a Rusia; hemos podido retomar ese mercado no hace tanto tiempo, después del inicio de la guerra”.
La conversación abrió además un debate cultural y económico de fondo: Argentina es potencia en consumo de huevo fresco —con más de 400 unidades por persona al año—, pero todavía está lejos de la “cultura de ovoproductos” de Estados Unidos, Europa o Japón, donde claras o yemas pasteurizadas se compran como un lácteo más. Ante la consulta sobre cómo instalar esa tendencia localmente, Eberle fue realista pero optimista: “Argentina no es Europa ni Estados Unidos ni Japón. Pero creo que sí, son productos que en algún momento van a aparecer en las góndolas”. La condición, explicó, es inversión industrial para dar el salto hacia productos prácticos, seguros y estandarizados.
La apuesta de Tecnovo apunta directamente a ese cambio: una nueva planta para producir alimentos derivados del huevo con foco en valor agregado. “Nuestra empresa está construyendo una nueva planta destinada a elaborar todos los productos en base a huevo que van a estar en la góndola de los supermercados y van a tener esa practicidad que hoy el consumidor demanda”, detalló. “El proyecto ya está en marcha, una planta de 5.000 m² en el parque industrial de Crespo, Entre Ríos, y con una innovación tecnológica que no es menor para la competitividad: equipos importados desde Alemania, España y Holanda, que van a empezar a llegar en junio o julio, para poder hacer las primeras pruebas industriales antes de fin de año”. El objetivo final, en palabras del directivo, es concreto: “Llegar a la góndola y a la cocina de los consumidores con un producto semi elaborado”.

