El saco vitelino: la “batería” que define los primeros días de vida en la avicultura argentina

En la recría, pocas variables impactan tanto como la temperatura y el acceso temprano a agua y alimento. En una entrevista realizada por Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel al médico veterinario Ariel Demarco, responsable del servicio técnico y la coordinación comercial de Cabaña Camila, quedó expuesto un concepto clave para mejorar performance y reducir mortandad: el saco vitelino, esa reserva natural que puede salvar —o condenar— a una pollita si el manejo de arranque falla.


Demarco lo explica con una imagen fácil de trasladar al galpón y a la toma de decisiones: el saco vitelino funciona como una “pila” o “batería” con la que nace la pollita. Y no es un detalle menor, porque “cuando nace la pollita, realmente nace con una fisiología totalmente inmadura” y, en esos primeros días, “no puede regular la temperatura”. En la naturaleza, el rol de la gallina es decisivo: “la gallina le genera el calor que necesita y además le enseña a alimentarse y valerse por sí misma”. En producción intensiva, ese rol lo reemplaza el productor con calefacción, ambiente y manejo.

¿Qué aporta esa batería? Energía, proteína y agua. “Estas ‘baterías’, que es el saco vitelino, inicialmente le generan a la pollita energía, proteína y agua, sobre todo. Este saco vitelino cumple la función de mantenerla con vida hasta que pueda valerse por sí misma”, remarca. En otras palabras: el saco vitelino compra tiempo. Tiempo para que el ave aprenda a comer y a tomar agua, para que arranque el metabolismo asociado a la ingesta y para que se consolide el sistema termorregulador.

El problema aparece cuando el ambiente obliga a “gastar” esa batería antes de tiempo. Con baja temperatura, la pollita usa la energía reservada para producir calor corporal: “Si la pollita tiene frío, va a necesitar gastar esa energía rápidamente para poder mantenerse con calor… y vamos a gastar ese saco vitelino rápidamente”. Lo que debería durar “tres o cuatro días” puede consumirse antes, dejando al animal sin margen justo cuando todavía no logra independencia plena. Es un error de manejo que suele pagar toda la cadena: menor uniformidad, mayor descarte y peor eficiencia.

Con altas temperaturas ocurre lo inverso, pero el desenlace es igual de costoso. Al salir de la zona de confort, la pollita se deshidrata por jadeo y termina usando el saco vitelino como fuente de agua: “Si excedemos la temperatura de confort, la pollita se va a deshidratar por jadeo y va a utilizar ese importante saco vitelino solamente para mantenerse hidratada”. Demarco lo resume sin vueltas: “Con esto se va a deprimir la pollita y estamos malgastando el saco vitelino”. En un país donde los costos energéticos, la infraestructura dispar y los extremos climáticos tensionan la producción, este punto no es teórico: se traduce en pérdidas concretas.

El dato productivo que aporta el entrevistado ayuda a entender por qué tantos productores ven problemas concentrados en días específicos. “El saco vitelino en temperaturas normales duraría alrededor de cuatro días; prácticamente la resolución completa es al quinto día”, explica. Por eso “el pico máximo de mortandad suele estar en el tercer, cuarto o quinto día… porque es cuando se acaba el saco vitelino”. Si para entonces la pollita no aprendió a comer y beber, “se le terminan las ‘pilas’” y el sistema lo evidencia de la peor manera: muertes tempranas que, además, suelen anticipar un lote difícil.

En un contexto argentino donde la avicultura compite por eficiencia, previsibilidad y calidad —tanto para abastecer el consumo interno como para sostener credenciales comerciales—, el mensaje es claro: el arranque no admite improvisación. “Hay que tratar de darle una buena temperatura de confort los primeros días para no malgastarlo”, insiste Demarco. La tecnología puede ayudar, pero la clave sigue siendo interpretar lo básico: ambiente estable, agua disponible, alimento accesible y un manejo que reemplace, con precisión, lo que en la naturaleza haría la gallina. Porque si la batería se agota antes de tiempo, no hay margen: se termina la oportunidad de que la pollita se valga por sí misma.

Juan Rivarosa y la avicultura a escala humana: producir “para vivir mejor” desde Morteros

En un país donde la avicultura suele medirse en toneladas, galpones y eficiencia de conversión, la experiencia de Juan Pablo Rivarosa en Morteros, Córdoba,...

Pollo en la mesa argentina: entre el bolsillo, la salud y la innovación que empuja a la avicultura

En Argentina, el pollo dejó de ser “la alternativa” y pasó a ocupar un lugar central en la dieta cotidiana. En una entrevista con...

Biológicos, trazabilidad y valor agregado: la avicultura argentina acelera su agenda de inocuidad

Con un consumo interno que ya roza un récord histórico y un consumidor cada vez más exigente, la avicultura argentina —en especial la producción...