Sanidad, tecnología y “Una sola salud”: el nuevo mapa de la avicultura argentina y el rol de la innovación

Argentina atraviesa un cambio profundo en su matriz alimentaria: la carne aviar superó a la vacuna en consumo per cápita y el huevo se consolidó como un emblema nutricional. Pero ese salto productivo y de mercado trae un desafío central: sostener sanidad, eficiencia y trazabilidad al nivel que exigen los consumidores y los compradores externos. En ese contexto, Marina Ponti, gerente comercial de YPRA Argentina, explicó en diálogo con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel cómo la industria se apalanca en innovación y vacunación para competir en una etapa donde ya no alcanza con producir más: hay que producir mejor.

El punto de partida lo marcó Rossi al dimensionar la magnitud del fenómeno: “Luego de décadas donde la insignia alimentaria nacional era la carne vacuna… la carne aviar se convirtió en la carne más consumida en nuestro país. Hoy supera los 50 kilos por persona por año; el huevo… el país con más consumo de huevo en el mundo es Argentina”. Esa expansión, que beneficia al bolsillo y a la nutrición, empuja a toda la cadena —granjas, plantas de incubación, integraciones y proveedores— a blindar lo que más vale cuando se intensifica: la sanidad.

Ponti confirmó que el 2025 se perfila favorable para la compañía, apoyado en lo lanzado el año anterior. “Para YPRA este año es un año comercialmente muy bueno, donde estamos trabajando todo lo sembrado el año pasado”, señaló, y puso el foco en una apuesta estratégica: “En el mes de septiembre tuvimos el lanzamiento de nuestra última vacuna… para el control de coccidia. Ese es nuestro principal proyecto durante 2025-2026”. El control de coccidiosis no es un tema menor: impacta directamente en conversión alimenticia, uniformidad de lotes y resultados económicos, especialmente en sistemas cada vez más presionados por eficiencia.

La conversación también se corrió de lo técnico hacia lo político-sanitario global: qué pide el mercado y cómo se traduce eso en decisiones dentro del galpón. Quibel remarcó que la vara sube no solo por el consumidor local, sino por los destinos de exportación. Ponti lo conectó con una agenda que ya ordena a la producción mundial: “Empezar a andar este camino de ‘Una sola salud’, de libre de antibióticos… del trabajo que tiene que ver con la prevención justamente, y tratar de evitar los tratamientos terapéuticos cuando no son necesarios en las granjas”. Y sintetizó la postura de la empresa: “Nuestra misión [es] generar inmunidad para un mundo más sano… trabajando a través de la vacunación”.

En esa línea aparece un diferencial tecnológico que Argentina, según Ponti, ya adoptó a escala relevante: la vacunación in ovo. Al presentar Evanovo, la vacuna contra coccidia, explicó que se apoya “en el uso de la tecnología que ya está disponible en prácticamente el 85% de las plantas de incubación de nuestro país, que es la vacunación in ovo”. Y agregó un dato con implicancias de competitividad internacional: “Argentina está posicionada a nivel mundial como uno de los países que más vacuna in ovo”, lo que ubica a la avicultura local como referencia en una herramienta clave para prevenir temprano, estandarizar procesos y reducir variabilidad sanitaria.

La innovación, en este modelo, deja de ser un eslogan y pasa a ser inversión dura. Aller lo expresó al destacar el perfil de la firma, y Ponti precisó números y estructura: “Destinamos el 16% de nuestra rentabilidad directamente a I+D. Tenemos investigación y desarrollo propios y en 2025 se terminó el campus en Girona”. En un negocio donde la presión de costos, la bioseguridad y los riesgos sanitarios conviven con demandas de sustentabilidad, esa inversión se traduce en una cartera de productos “en el pipeline” y en velocidad de lanzamientos: “Si vamos a nivel de todas las especies… somos el laboratorio que en los últimos 10 años más lanzamientos de productos nuevos tiene”.

Pero la exigencia actual no se agota en prevenir enfermedades: también implica poder demostrar cómo se hizo cada proceso. Allí entra la trazabilidad, eje cada vez más determinante en comercio exterior y en auditorías privadas. Ponti lo describió con un ejemplo concreto: “Brindamos dispositivos de vacunación con trazabilidad, para que uno sepa a qué hora fue la vacunación, con qué producto, cuándo expira, cuánto tiempo se demoró… Todos esos datos que hacen a la calidad del producto final”. En otras palabras: datos para certificar, datos para exportar, datos para defender marca país y para responder a consumidores que preguntan por bienestar animal, antibióticos y ambiente.

El cierre dejó una señal sobre el rumbo del negocio agropecuario en general: la convergencia entre especies y la expansión de las empresas que proveen sanidad. Ponti adelantó que YPRA Argentina amplía su presencia más allá de las aves: “A partir de este año estamos trabajando en el mercado de rumiantes”, y quedó pactado un próximo capítulo sobre porcinos. En un país donde la proteína animal es columna vertebral de la economía real —por consumo interno y por divisas— el mensaje de fondo es claro: la competitividad ya no se define solo por kilos producidos, sino por prevención, tecnología, certificación y capacidad de adaptarse a un mundo que compra cada vez con más condiciones.

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