Con un consumo interno que ya roza un récord histórico y un consumidor cada vez más exigente, la avicultura argentina —en especial la producción de huevos— está empujada a profesionalizar procesos, mejorar eficiencia y reforzar la inocuidad. En esa línea, empresas de sanidad y tecnología como Betancur, a través de ENE Biológicos y su programa Alta Postura, están convirtiendo la capacitación técnica en una gira regional: eventos con fuerte convocatoria, alianzas estratégicas y un mensaje claro sobre lo que viene: menos antibióticos, más biológicos, más trazabilidad y más “producto” además de “producción”.
El punto de partida es un dato que se repite en cada encuentro del sector: la avidez por información técnica dejó de ser patrimonio de unos pocos. Alejandro Dobie, responsable de ENE Biológicos y Alta Postura de Betancur, lo confirmó desde Uruguay, donde la firma viene replicando jornadas tipo “summit” con perfil regional. “Empezamos cuando volvimos a poner en camino el programa de Alta Postura a nivel regional… esto ya empezó a ser un evento regional”, explicó. Y subrayó el balance del último X Summit: “Fue un éxito… con el nivel de gente que vino como ponente… y el nivel de convocatoria que tuvimos con productores de altísimo nivel”.
No se trata solo de llenar salas: se trata de quiénes se sientan a escuchar y qué buscan. Productores grandes, tecnificados y con volumen, que ya no se conforman con “manejar la granja”, sino que necesitan herramientas para competir en un mercado donde el huevo se reposicionó como alimento de valor. “Betancur está apostando… a ayudar a la industria avícola… particularmente en la parte de postura, a agregarle valor. Trabajar mucho sobre la inocuidad… Hay que trabajar sobre la seguridad, la inocuidad, y ayudar a los productores a llegar de la mejor manera y de la forma más eficiente”, sostuvo Dobie. En esa estrategia, la empresa pone el foco en control sanitario y calidad final, desde la granja hasta la góndola.
La discusión de fondo ya no es únicamente productividad; es también mercado y consumidor. Y ahí aparece una dimensión que vincula avicultura con economía real: los hábitos cambian rápido, y el huevo se volvió protagonista. “Los hábitos de consumo rotan a una velocidad altísima… Hoy nuestros hijos llegan del colegio y se hacen unos huevos revueltos”, graficó Dobie, en una anécdota que sintetiza un fenómeno más amplio. En paralelo, cambió la forma en que se vende: “Antes el huevo estaba escondido en el mercado… y ahora… está en punta de góndola. Empieza a ser un producto de alto valor para la gente”. Ese corrimiento obliga a la industria a discutir presentación, estándares, certificaciones y narrativa hacia el consumidor.
En el centro de esa agenda aparece el paquete tecnológico “bio”: vacunas y herramientas que permitan control sin depender de antibióticos, en un contexto mundial atravesado por la resistencia antimicrobiana y por exigencias comerciales crecientes. Dobie mencionó el desarrollo de la plataforma Biotech: “Nuestras vacunas… tienen tecnología DIVA que permite identificar claramente si hay un problema de campo y no confundirlo con una cepa vacunal. Podemos trabajar sin virus, solo con proteínas que generan inmunidad, en este caso para Salmonella”. En términos de comercio y regulación, la posibilidad de diferenciar infección de vacunación es un dato que pesa: facilita programas sanitarios, auditorías y, potencialmente, discusiones de acceso a mercados.
La agenda sanitaria, de todos modos, no desaparece: se complejiza. “Siguen las consultas clásicas sobre enfermedades respiratorias: bronquitis, laringo, salmonella. Pero empiezan a aparecer muchas preguntas sobre nuevas cepas de E. coli, sobre resistencia antimicrobiana”, enumeró. Y completó con una frase que refleja la dirección tecnológica global: “Hay que trabajar con productos naturales, prebióticos, y la tendencia va hacia ese lado”. En un país donde la presión de costos también es determinante, la ecuación es doble: mejorar resultados sin perder sustentabilidad sanitaria ni comprometer aceptación del consumidor.
Esa transición, además, se apoya en algo que suele ser subestimado en la política agropecuaria: la construcción de capacidades. Dobie destacó la articulación con otras empresas para sumar escala de servicio. “Hicimos una reunión con Ceva en Salta… si los dos aportamos servicio y beneficios, no hagamos las cosas separadas, vamos juntos”, afirmó, y adelantó próximas paradas: “El 29 de julio en General Rodríguez… un X-Journey sobre enfermedades respiratorias”, y “el 27 de mayo… en Concepción del Uruguay con una jornada para reproductores”. La lógica es clara: más presencia territorial, más transferencia y más respuesta a campo.
Finalmente, el dato que atraviesa todo y pone a la avicultura en un lugar estratégico dentro del mapa agroalimentario argentino: el consumo. “En Argentina el consumo llegó a un récord histórico, 400 huevos per cápita promedio”, señaló Dobie. Y dejó una lectura socioeconómica interesante: “Es promedio: algunos consumen 600 y otros 200. Hay que ser más eficientes para que todos puedan acceder, y agregar valor para quienes lo requieren”. En tiempos donde la proteína es tema de bolsillo y también de salud pública, el huevo aparece como síntesis perfecta: accesible, nutritivo, masivo y, cada vez más, sujeto a estándares que la industria deberá cumplir si quiere sostener mercado interno y proyectarse hacia afuera con competitividad.

