Información: la clave para decidir en un agro cada vez más desafiante

La ganadería argentina enfrenta un escenario en el que la evolución de los mercados internacionales, el costo de la alimentación, la firmeza del ternero y la capacidad de trasladar aumentos a la góndola condicionan las decisiones productivas. Para Pablo Meyer, Gerente de Planificación, Soporte y Gestión de De Campo a Campo, el productor necesita complementar su reconocida capacidad de adaptación con mayor análisis de datos, seguimiento de las relaciones de precios y herramientas digitales que faciliten la comercialización.

La incertidumbre continúa siendo uno de los principales factores que atraviesan al negocio agropecuario argentino. En la ganadería, como también ocurre en otras actividades productivas, la falta de previsibilidad obliga a tomar decisiones en contextos cambiantes, donde los costos, los precios y las condiciones del mercado pueden modificar rápidamente la rentabilidad de una operación.

Pablo Meyer sostiene que el productor argentino posee una gran capacidad para resolver problemas y adaptarse a escenarios complejos, pero advierte que esa fortaleza productiva ya no resulta suficiente por sí sola. “Los productores son muy inventivos y, a nivel productivo, realmente muy buenos a nivel mundial. Nos damos cuenta de que hoy en día eso realmente no alcanza y también hay que tener un ojo afuera, entendiendo cada vez un poco más las variables y especialmente la relación entre las variables”, explicó.

Desde De Campo a Campo, la empresa busca acercar información útil para la toma de decisiones mediante métricas, gráficos y herramientas que permitan interpretar el comportamiento de los precios. Uno de los ejes centrales es el análisis de la estacionalidad, especialmente relevante en una actividad como la ganadería, donde los resultados se construyen en plazos medianos y largos.

“Es importante poder, de alguna manera, predecir”, señaló Meyer, aunque aclaró que los datos permiten proyectar tendencias, pero no eliminar por completo la incertidumbre. En ese marco, la plataforma ofrece a los productores la posibilidad de conocer cuánto vale su hacienda de manera rápida, sencilla y sin costo. “Sin fricción, sin costo y de manera muy rápida, puedan entender esa métrica, que obviamente es súper importante”, destacó.

El análisis del contexto internacional también ocupa un lugar cada vez más relevante. Según Meyer, la caída de los stocks ganaderos a nivel mundial —incluida la Argentina— genera una perspectiva favorable para los precios de la hacienda. El comportamiento de Brasil, uno de los principales actores globales del sector, también aparece como una variable estratégica debido al crecimiento que experimentó su producción ganadera y a su creciente peso en los mercados.

Sin embargo, la dinámica del mercado interno presenta particularidades. Meyer describió al ternero como un producto “súper firme”, luego de varios años de recomposición de precios, una situación positiva para los criadores y para quienes cuentan con rodeos de cría. En cambio, la faena habría encontrado un límite en materia de valores, debido a las dificultades para trasladar plenamente las subas hasta el consumidor.

“Un poco creemos que las subas llegan a la góndola y no se terminan de convalidar”, afirmó. Esa tensión entre los precios de la hacienda y la capacidad de compra del mercado interno obliga a los distintos eslabones de la cadena a recalcular sus estrategias, controlar costos y revisar los márgenes de cada negocio.

En ese escenario, el pasto vuelve a ocupar un papel determinante. El encarecimiento del maíz impacta especialmente sobre los feedlots y eleva el costo de la alimentación, por lo que la disponibilidad de recursos forrajeros puede definir la conveniencia de una determinada estrategia productiva. “Creemos que la clave va a estar en el pasto”, sostuvo Meyer, al remarcar la importancia de evaluar alternativas alimentarias y de planificar con anticipación.

Uno de los principales errores consiste en observar los precios de manera aislada. Un ternero puede tener un valor nominal determinado, pero ese dato no permite establecer por sí solo si resulta caro o barato. Para Meyer, la clave está en analizar las relaciones entre los diferentes componentes del negocio: ternero y novillo, hacienda y maíz, o ternero y gasoil.

“No mirar precios aislados, sino poder hacer un análisis más general”, recomendó. Ese enfoque permite anticipar compras o ventas, preparar reservas forrajeras y adoptar mecanismos de cobertura. En una actividad donde las decisiones productivas tienen consecuencias durante varios meses, mirar únicamente la cotización del día puede llevar a estrategias equivocadas.

La digitalización aparece como otra de las transformaciones relevantes para el sector agropecuario. De Campo a Campo nació en 2010 con el objetivo de ordenar y sistematizar los procesos de una consignataria tradicional. Lo que comenzó con la conversión de documentos y registros en planillas y sistemas evolucionó hacia una plataforma web y, posteriormente, hacia una operación cada vez más apoyada en aplicaciones.

El desafío inicial fue vincular dos mundos que durante mucho tiempo parecieron distantes: la ganadería y la tecnología. Según Meyer, la adopción digital se aceleró y los productores demostraron una creciente predisposición a incorporar nuevas herramientas, especialmente cuando estas simplifican tareas concretas como comprar, vender o conocer el valor de la hacienda.

La propuesta busca ofrecer una experiencia ágil y sencilla, inspirada en parte en el funcionamiento de las grandes plataformas de comercio electrónico. “La gente en Argentina compra y vende todo por Mercado Libre. Nosotros estamos en un nicho y lo que hacemos es intentar replicar esa experiencia, salvando las diferencias”, explicó Meyer.

Para la ganadería, y por extensión para el conjunto de las cadenas agropecuarias —incluida la producción avícola, donde también resulta decisivo monitorear costos, precios y relaciones de insumo-producto—, el desafío consiste en transformar información dispersa en decisiones concretas. En un contexto de costos variables, mercados internacionales dinámicos y consumidores con limitada capacidad de compra, la planificación y el análisis dejan de ser herramientas complementarias para convertirse en factores centrales de competitividad.

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