El significativo incremento en el consumo de huevo en Argentina, incentivó también al sector productor a incrementar su volumen productivo y, al mismo tiempo, despertó el interés de inversores que se decidieron rápidamente a incursionar en este segmento de la producción avícola.
Lo cierto es que la escala de precios reflejó una fuerte contracción en las últimas semanas y el pronóstico para lo que queda del año no sería el más promisorio, a no ser que se proceda a un fuerte retiro de lotes de aves con su ciclo de postura cumplido, o bien, se continúe promoviendo el consumo de huevo a través de distintas acciones dirigidas a cumplir con este objetivo.
El consumidor de huevos, por su parte, vive en el mejor de los mundos… Por un lado, tiene acceso al huevo convencional a precios ridículamente bajos, al tiempo que puede acceder también, y si lo prefiere, a la producción de huevos provenientes de gallinas libres de jaula, sistemas free range u otras modalidades, que buscan agregar valor a partir del bienestar animal, la alimentación, la trazabilidad y la forma de producción, también a precios totalmente lógicos y accesibles.
Kojic Rousseil consideró que, frente a las crisis económicas, una parte de los consumidores puede adaptar sus decisiones de compra sin abandonar por completo sus preferencias. “Hay un porcentaje del consumidor que negocia con sí mismo y dice: ‘Bueno, alguna vez puedo consumir diferente… Durante la semana consumo huevos producidos en sistemas convencionales y, un sábado o un domingo, que voy a visitar a mis amigos o que recibo gente, cambio por el consumo de huevos producidos libres de jaula’”, explicó el prestigioso médico veterinario, especialista en producción de huevos libres de jaula.
Al mismo tiempo, Kojic Rousseil destacó que los productos diferenciados poseen una mayor capacidad para resistir las fluctuaciones del mercado. A su entender, los huevos que se comercializan a través de cadenas especializadas pueden mantener precios más estables que los productos considerados commodities. “Estos son los momentos en que la gente dice: ‘Es una buena forma de salir del commodity. Si yo, en vez de producir huevo, produzco un determinado huevo y explico de que se trata esta propuesta, está claro que este contexto económico es el momento apropiado para comercializar este tipo de producción’”, afirmó.
Para que esa estrategia funcione, la presentación y el marketing resultan determinantes. No alcanza con producir un huevo bajo un sistema diferente si el consumidor no puede identificarlo, comprender sus características y reconocer por qué tiene un precio superior. “Es fundamental invertir en marketing”, remarcó Kojic Rousseil, quien planteó que la diferenciación debe abarcar todo el producto: desde el envase y la cantidad de unidades hasta los materiales utilizados y la información ofrecida.
El entrevistado cuestionó que todavía existan canales de comercialización donde los huevos se venden envueltos en papel o sin una presentación adecuada. En contraposición, destacó que algunas marcas argentinas ya comenzaron a trabajar con mayor cuidado la identidad visual y el packaging.
“Yo creo que esta diferenciación no solamente tiene que ser necesaria en el huevo libre de jaula, sino también en el huevo tradicional”, sostuvo. En ese sentido, la construcción de marca puede convertirse en una herramienta para todos los segmentos de la industria, incluso para aquellos que producen bajo sistemas convencionales. La clave, de acuerdo con su análisis, está en comunicar mejor qué se ofrece y por qué el producto merece ser elegido.
La inversión necesaria para avanzar en esa dirección debe acompañar las señales del mercado. Kojic Rousseil relató el caso de una empresa española que históricamente había trabajado con sistemas convencionales y que comenzó a destinar una parte de su producción al huevo diferenciado. La firma llegó a producir un 30% de huevos libres de jaula y tomó decisiones de inversión en tierras con el objetivo de prepararse para una eventual demanda creciente de huevos free range.
“Vos vas invirtiendo a medida que te va desafiando o que te lo va pidiendo el mercado”, explicó. No se trata, por lo tanto, de transformar de manera inmediata toda la estructura productiva, sino de analizar las tendencias, desarrollar segmentos específicos y construir una propuesta comercial capaz de sostenerse en el tiempo.
Las redes sociales aparecen como otro instrumento central para las pequeñas y medianas empresas avícolas. A diferencia de las campañas tradicionales, permiten comunicar directamente con los consumidores, explicar el sistema de producción y construir una comunidad alrededor de la marca con inversiones relativamente menores. “Es gracias a las redes que estas pequeñas empresas familiares están logrando soportar el embate y siguen vendiendo”, destacó.
Esa comunicación también puede contribuir a transparentar aspectos que durante años permanecieron fuera de la conversación pública. Las nuevas generaciones muestran mayor interés por conocer cómo se produce el alimento, qué tipo de alimentación reciben los animales, si se utilizan antibióticos y cuáles son las características nutricionales del producto. Para el especialista, esta transformación del consumidor terminará impulsando cambios en la oferta y en las normas de comercialización.
En este punto, reclamó reglas más claras que permitan identificar y diferenciar los distintos sistemas de producción. Según su visión, parte de la dirigencia sectorial no siempre tiene incentivos para brindar mayor información al consumidor, porque la falta de claridad facilita la comercialización indiferenciada. No obstante, consideró que la presión de la demanda terminará imponiendo mayores niveles de transparencia.
El desafío no se limita al bienestar animal. También involucra la sustentabilidad económica de los productores y el acceso de los consumidores a alimentos con información confiable. Ante un escenario en el que la producción crece mientras el consumo permanece relativamente estable, insistió en la necesidad de revisar las estrategias tradicionales. “Se empiezan a encontrar las curvas de un exceso de producción con un consumo estable”, advirtió.
Para la avicultura argentina, el mensaje plantea una disyuntiva concreta: continuar compitiendo exclusivamente por precio y volumen o avanzar hacia una segmentación que permita agregar valor. La diferenciación, el marketing, la trazabilidad y una normativa precisa podrían ofrecer nuevas oportunidades para salir de los ciclos de sobreoferta y bajos precios.
“Tal vez lo que vinimos haciendo nos sirvió durante años, pero el error sería perpetuarlo, seguir pensando como pensábamos en los ‘60”, concluyó Kojic Rousseil.
En una industria que busca sostener su crecimiento y mejorar su rentabilidad, la capacidad de innovar y explicar lo que hay detrás de cada huevo será tan importante como la eficiencia productiva.

