Nutrición, eficiencia y clima: las claves que hoy definen la rentabilidad avícola

En un negocio atravesado por la volatilidad de precios y márgenes cada vez más finos, la nutrición vuelve a ubicarse en el centro de la escena. En una entrevista con periodistas del sector, el médico veterinario Fernando Scigliano explicó por qué alimentar bien no es “seguir una receta”, sino ajustar estrategias según el ambiente, las instalaciones y las oportunidades comerciales, con un objetivo indeclinable: eficiencia productiva y rentabilidad.

La industria avícola argentina, como buena parte del entramado agropecuario, viene operando en un contexto donde el precio de venta del producto puede variar con rapidez y, aun cuando algunos costos se muestran más estables que en otros períodos, la ecuación final depende de decisiones finas. Scigliano lo planteó con claridad: “Teniendo como eje siempre el alcanzar la eficiencia, la mayor eficiencia productiva, que hoy en día es lo que determina el éxito o no en este negocio”. Dicho de otro modo, ya no alcanza con producir: hay que producir mejor.

En ese tablero, la alimentación pesa como pocas variables. “Siempre se dice que el costo del alimento en este tipo de producciones representa aproximadamente un 60%”, recordó el veterinario, subrayando la magnitud del impacto. En la práctica, cada punto de conversión, cada ajuste en la formulación y cada mejora en uniformidad se traducen en plata. Y esa presión sobre los márgenes es hoy un rasgo estructural: “La clave está en la rentabilidad”.

Ahora bien, la avicultura moderna también obliga a revisar una creencia extendida: la genética no resuelve por sí sola la performance del sistema. Como apuntó Patricia Aller durante el intercambio, se puede contar con “una muy buena genética de base” y, aun así, no explotar su potencial. Scigliano coincidió sin rodeos: “Una de las claves para explotar ese potencial es justamente la alimentación”. Es decir: el material genético pone un techo, pero la nutrición y el manejo determinan cuánto de ese techo se convierte en huevos, calidad y persistencia de postura.

El entrevistado remarcó que, si bien las casas genéticas brindan manuales y lineamientos —y hoy esos requerimientos “no difieren tanto” entre líneas como ocurría años atrás—, hay margen para pensar estrategias propias con respaldo técnico. “Eso no quita que cada productor, asesorado por un profesional que lo asista en la materia de lo que es la nutrición y alimentación, pueda establecer sus propias estrategias”, explicó. En tiempos donde el diferencial competitivo es mínimo, esa customización puede ser decisiva.

El punto central es que los requerimientos no funcionan en el vacío: cambian con el ambiente, el tipo de instalación y el bienestar animal. Scigliano enumeró factores que alteran la demanda nutricional: desde la densidad y el tipo de alojamiento, hasta si se trabaja con “climatización total o ambiente controlado o no controlado”. Con la llegada del frío, el ejemplo se vuelve contundente: en galpones sin control térmico, las aves “van a aumentar los requerimientos… porque parte de esos requerimientos los van a tener que destinar a mantener la temperatura corporal”. En otras palabras, lo que no se invierte en acondicionar el ambiente se paga en alimento, y si no se ajusta a tiempo, se pierde rendimiento.

En este nuevo escenario, la diferencia entre un buen y un mal resultado rara vez es dramática, pero sí determinante. “Hoy el partido no se pierde por 10 a 0 como era hace algunos años. Hoy quién gana, quién pierde o quién empata es muy finito”, graficó Scigliano. Y allí aparece una idea clave para la avicultura argentina: pequeñas variaciones en porcentaje de postura, peso de huevo o calidad de cáscara pueden mover la aguja de la rentabilidad de un mes a otro, sobre todo cuando el mercado no convalida grandes aumentos de precio.

Finalmente, el especialista sumó un aspecto que conecta nutrición con economía y logística: la capacidad de acopio como herramienta para capturar oportunidades comerciales. “Tener mayor cantidad de silos nos permite, según la temporada y las ofertas de materias primas, poder utilizar materias primas que normalmente no se usan”, señaló. En un país con fuerte estacionalidad de granos y subproductos, y con mercados sensibles a la coyuntura local e internacional, disponer de infraestructura para almacenar puede ser tan estratégico como la fórmula del alimento: habilita compras oportunas y reduce la dependencia del precio del día.

La síntesis deja una señal para todo el complejo avícola y, por extensión, para otras producciones intensivas del agro argentino: la competitividad se construye combinando biología, manejo y números. Genética de punta, sí; pero con nutrición ajustada al clima, al sistema de alojamiento y a la capacidad real de capturar materias primas a buen precio. Porque, como se desprende de las palabras de Scigliano, la rentabilidad ya no se define por grandes golpes de suerte, sino por decisiones técnicas precisas y consistentes.

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