“En este momento la veo con muchos desafíos”, afirmó Rolandelli al referirse a la avicultura nacional. La especialista resaltó que el sector “viene creciendo muchísimo” y que los establecimientos incorporan tecnología de manera constante. Alimentación, bebederos, climatización, control de temperatura, clasificación de huevos y pesaje de animales son algunos de los procesos que avanzaron en los últimos años.
Durante la entrevista, la gestora ambiental destacó especialmente la evolución tecnológica observada en Brasil, donde pudo conocer sistemas aplicados al manejo integral de los galpones. Según explicó, actualmente existen soluciones que permiten que el huevo sea clasificado, pesado, empacado y, en algunos casos, embalado prácticamente desde la salida de la gallina hasta su despacho al transporte.
La incorporación de tecnología, sin embargo, no debe ser vista como un objetivo aislado, sino como una herramienta para mejorar la toma de decisiones. El registro de datos sobre consumo de agua, energía y condiciones ambientales permite ajustar los procesos y obtener mejores resultados. “Cuando empezamos a ajustar todos esos numeritos, lo que vamos a obtener es la mayor producción, lo más sustentable posible y, sobre todo, lo más sostenible”, sostuvo Rolandelli.
El uso eficiente del agua aparece como uno de los puntos centrales para la producción avícola. Si bien Argentina cuenta con una disponibilidad importante de este recurso en comparación con otras regiones del mundo, su extracción y utilización implican costos energéticos y productivos. Además, un consumo excesivo puede afectar el bienestar de las aves. Por ese motivo, la especialista planteó la necesidad de encontrar un equilibrio entre agua, energía, alimentación y climatización.
La bioseguridad fue otro de los ejes principales de la conversación. Rolandelli remarcó que no se trata de una práctica novedosa, sino de una condición indispensable para sostener la producción. El control de los accesos, la desinfección en las entradas de los galpones, el mantenimiento de los tejidos antipájaros y la prevención del ingreso de aves silvestres son medidas básicas que deben aplicarse de manera permanente.
“Si producimos gallinas, que solamente haya gallinas; si producimos pollos, que solamente haya pollos, pero no las cruces”, explicó. La presencia de gorriones y otras aves dentro de los establecimientos puede aumentar los riesgos sanitarios, especialmente en un contexto en el que la influenza aviar continúa siendo una amenaza para la producción avícola.
La especialista recordó que tuvo contacto profesional con casos de influenza y describió el impacto que puede provocar un foco sanitario. “De un día para el otro te quedás sin producción”, señaló, al referirse a la pérdida de los animales y a la dificultad que enfrenta el productor para volver a ponerse en marcha. Por eso, insistió en que la bioseguridad debe trabajarse antes de que aparezca el problema y no únicamente cuando se presenta una emergencia o una inspección oficial.
En ese sentido, Rolandelli aconsejó a los productores trabajar de forma anticipada con veterinarios, ingenieros, especialistas en higiene y seguridad y profesionales ambientales. La planificación permite establecer controles periódicos de agua, guano, instalaciones y documentación, evitando que la empresa opere únicamente bajo una lógica de reacción. “No dejen de consultar a sus profesionales cercanos”, pidió durante la entrevista.
Para la gestora ambiental, el crecimiento de la producción y la profesionalización del productor avícola son procesos que avanzan en paralelo. “Si vos querés más producción, necesitás profesionalizarte”, afirmó. Una mayor escala exige más conocimientos, control de los recursos y capacidad para interpretar los datos generados por la actividad.
Para la gestora ambiental, el crecimiento de la producción y la profesionalización del productor avícola son procesos que avanzan en paralelo. “Si vos querés más producción, necesitás profesionalizarte”, afirmó. Una mayor escala exige más conocimientos, control de los recursos y capacidad para interpretar los datos generados por la actividad.
No obstante, Rolandelli advirtió que no toda tecnología es adecuada para cualquier establecimiento. La decisión de invertir debe considerar la escala productiva, los recursos económicos disponibles y las necesidades concretas de cada empresa. Un sistema de tratamiento de guano de gran capacidad puede ser eficiente en una explotación, pero no necesariamente resultar conveniente para otra. “Cada tecnología se aplica a cada producción, los recursos económicos hay que cuidarlos”, explicó.
Desde su estudio en Crespo, capital nacional de la avicultura, Rolandelli asesora a empresas de toda la cadena: plantas de incubación, establecimientos de reproductoras, producción de aves pesadas y livianas y plantas de faena. Esa diversidad le permite observar diferentes modelos de trabajo y problemáticas, desde el manejo de huevos rotos y descartes en las incubadoras hasta los requerimientos vinculados con el guano y los residuos.
El cumplimiento de las obligaciones ante los organismos oficiales también ocupa un lugar cada vez más relevante. La documentación requerida por SENASA, los análisis de agua, el Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (RENSPA) avícola, los certificados de residuos y el uso de vehículos habilitados para transportar guano forman parte de una agenda que debe atenderse durante todo el año.
En el caso del guano, la especialista explicó que su traslado exige condiciones específicas y no puede realizarse en cualquier vehículo. El transporte debe efectuarse con unidades habilitadas y bajo la documentación correspondiente. “No puede ir el camión de guano tirando por la ruta”, señaló, al describir una de las dificultades habituales que enfrentan los establecimientos.
La normativa ambiental también puede tener consecuencias directas sobre la continuidad de una granja. Rolandelli advirtió que, en Entre Ríos, la autoridad ambiental cuenta con facultades para clausurar establecimientos que no cumplan con las exigencias vigentes. “Cuando ya venís con la clausura, ya es tarde”, afirmó, y recordó que la normativa provincial no es reciente, sino que rige desde hace varios años.
El abordaje ambiental incluye mucho más que completar un trámite. Comprende la ubicación y registración de las perforaciones, la calidad del agua, los insumos utilizados, los productos de limpieza, el manejo de residuos y las actividades que se desarrollan en el entorno del establecimiento. Por esa razón, la especialista recomendó no construir nuevos galpones ni avanzar con inversiones sin haber resuelto previamente las cuestiones administrativas, regulatorias y ambientales.
La avicultura argentina mantiene perspectivas de expansión y continúa generando nuevos proyectos productivos. Sin embargo, el crecimiento sostenible dependerá de que las inversiones estén acompañadas por planificación, tecnología adecuada, bioseguridad y asesoramiento integral. “Consulten, consulten, consulten”, fue el mensaje final de Rolandelli para los productores que proyectan ampliar o iniciar una explotación, con el objetivo de que las inversiones puedan utilizarse y sostenerse en el tiempo.

