La avicultura atraviesa un cambio de época empujado por consumidores más informados, exigencias crecientes de los mercados y una discusión de fondo sobre qué producir y para quién. En una entrevista con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel, el médico veterinario Bernardo Kojic Rousseil —referente en bienestar animal— describió cómo la trazabilidad, los sistemas sin jaulas y la automatización están reordenando el negocio del huevo y desafiando viejos preconceptos sobre escala, calidad y competitividad en Argentina.\
La primera señal del cambio llega desde el consumidor. Para Kojic Rousseil es “notable” el aumento del compromiso con el origen de la proteína animal y las condiciones de producción: “Cada vez más hay un compromiso entre los consumidores y el conocimiento de qué es lo que están consumiendo”. Ese giro no es menor en una industria acostumbrada a competir por volumen y precio: “Los productores… entienden esto y saben que ya los productos dejan de ser commodities y deben ser productos identificables”. Dicho de otro modo, la diferenciación ya no es una estrategia de nicho sino una respuesta casi obligada a un mercado que pide atributos verificables.
En ese contexto, los sistemas llamados “libres de jaula” funcionan como caso testigo de la transformación tecnológica. Patricia Aller confesó un prejuicio habitual: asociar “libre de jaula” con “sistemas de antaño”, más rústicos y menos controlados. La respuesta de Kojic fue tajante: “La tecnología libre de jaula no significa… Ya el concepto, el estigma ese de primitivo, desordenado o sucio, afortunadamente pasó”. Y aporta una precisión clave para entender por qué el bienestar animal, lejos de ser solo un eslogan, exige inversión y manejo: “Hoy en día, para trabajar bien en producciones libres de jaula, hay que pensar que finalmente son sistemas confinados”.
El corazón técnico de esa intensificación es la ventilación, tema central del congreso de AMEVEA en Paraná, Entre Ríos, mencionado en la entrevista. En galpones donde las aves se mueven libremente, la presión sobre la calidad del aire se vuelve determinante. Kojic lo explica con una lógica productiva sencilla: “En lugares donde se produce una movilidad de los lotes… es muy importante tener una buena ventilación, tener buenos registros de temperatura, calidades de aire”. Y remata con un punto que suele subestimarse en el debate público: “Requieren una gran automatización, yo diría que por lo menos al mismo nivel que cualquier granja tradicional que conocemos”.
La experiencia europea aparece como espejo y advertencia. Kojic recordó que estos desarrollos se consolidaron primero en países con climas “desafiantes”, donde liberar animales en el piso sin ingeniería ambiental rigurosa no es una opción: sin ventilación adecuada “rápidamente la cama se humedecería, habría desafíos respiratorios, amoníaco, etcétera”. En otras palabras, el bienestar animal no se garantiza solo con el formato del sistema (jaula vs. sin jaula), sino con variables medibles: humedad, amoníaco, temperatura, recambio de aire, densidad y manejo de cama.
Pero la discusión de Kojic va más allá de la técnica: es económica y política. Ante la idea de que la producción sin jaulas será siempre un “nicho” porque “no podríamos alimentar a todo el mundo” con ese esquema, el entrevistado propone revisar supuestos. Plantea que el futuro podría orientarse menos a “grandes cantidades” y más a “grandes calidades”, y conecta el debate con el territorio y el empleo: Argentina es “el octavo país del mundo” en superficie, con baja densidad poblacional, y podría pensar en “pequeñas producciones —hablando de avicultura— bien gerenciadas… [que] comiencen a darle la solución inclusive laboral a mucha gente” ante un escenario social incierto. La cadena avícola, así, no solo discute eficiencia: también discute arraigo y organización productiva.
Finalmente, la entrevista pone sobre la mesa un tema decisivo para el comercio exterior: no alcanza con producir, hay que producir lo que el mercado está dispuesto a pagar. Kojic lo sintetiza: “El mundo también produce huevo. Sabemos que no es tan sencillo exportarlo; si lo vamos a exportar tenemos que venderle lo que el mundo quiere comprar y el mundo es cada vez más exigente”. La señal más fuerte de esa exigencia, según su mirada, es sociocultural: “Suecia… no tiene más jaulas… sin que nadie se lo haya prohibido. No existe ninguna reglamentación… Entonces la sociedad llegó a eso”. Para Argentina, donde las decisiones de inversión se miden en plazos largos y volatilidad corta, el mensaje es claro: la demanda global marca rumbo, y la competitividad futura probablemente se juegue tanto en el costo como en la validación de procesos, bienestar y trazabilidad.
En el cierre, Kojic también ordenó conceptos que suelen mezclarse en góndola y comunicación: “libre de jaula” no es lo mismo que “pastoreo”. Incluso propone abandonar el término por ser “contrafáctico” y usar denominaciones más precisas: aves “confinadas dentro de un galpón” o “con salida a parque”, también llamadas “camperas” (free range). Y reserva “pastoreo” para una categoría más estricta de baja densidad: “2.500 animales por hectárea”. En tiempos donde el valor se construye con información, esa precisión no es semántica: es parte del contrato con el consumidor y, cada vez más, del acceso a los mercados.

