APASUR, la avicultura que aprende y exporta: del galpón artesanal a la pantalla y los acuerdos

Un encuentro multitudinario en Pilar dejó una señal clara: el productor avícola del sur bonaerense se mueve cuando hay capacitación útil, tecnología aplicada y un horizonte comercial concreto. La Asociación de Productores Avícolas del Sur (APASUR) consolidó una agenda que combina profesionalización, camaradería sectorial y, cada vez más, proyección exportadora a través de acuerdos que ya muestran resultados y abren nuevas puertas.

El evento realizado en el Howard Johnson de Pilar superó las expectativas de asistencia y dejó una postal que habla por sí sola: “tuvieron que ir a buscar sillas al comedor para que se puedan sentar los que llegaron un poquito más tarde”, contó Luis Besteiro, secretario de APASUR, en diálogo con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel. No es un detalle menor: en un sector donde el tiempo vale tanto como el alimento balanceado, la convocatoria sólo se explica si hay temas relevantes y una organización que interpreta las urgencias del negocio.

En esa línea, Besteiro fue directo sobre el enfoque de la entidad: correr el eje de la charla “comercial” y poner el foco en el conocimiento práctico. “Cuando empezamos en APASUR con estas charlas de capacitación, lo que hicimos fue tratar de buscar temas que le interesen realmente al productor”, explicó. Y recordó una de las primeras iniciativas como ejemplo del perfil técnico aplicado: una capacitación sobre despique en la que incluso hicieron “un despique en vivo”, con demostración de técnicas y criterios de especialistas. La lógica, insistió, es que el productor se lleve herramientas concretas: “Que las escuche y después verá si las aplica o no, pero la idea es capacitarlo”.

La agenda técnica, además, no es estática: evoluciona al ritmo de la industria. Besteiro remarcó que hoy la nutrición tiene “una importancia fundamental” por la cantidad de incorporaciones recientes que impactan en resultados y costos. Y anticipó que la climatización de galpones —tema que movilizó a cientos de asistentes en un taller de AMEVEA— será parte de futuras actividades de APASUR. No es casual: en un contexto de márgenes ajustados, la eficiencia térmica, el manejo ambiental y el control de variables productivas pasaron de “mejora” a condición de competitividad.

Esa evolución tecnológica también cambió la mentalidad del productor. Patricia Aller lo planteó con claridad: donde antes había cierta reticencia, ahora hay más decisión de avanzar. Besteiro coincidió, pero aportó un matiz clave: la tecnología no rinde sola si no se aprende a gestionarla. “Al principio, con la incorporación de los galpones automáticos… los resultados no eran los mismos que en los galpones tradicionales. Nos costó aprender a manejarlos”, admitió. La transición, según describió, demandó tiempo hasta “poder sacar el 100% de productividad”, una definición que grafica el desafío central de la avicultura moderna: datos, automatización y capacitación como un mismo paquete.

Cuando Rossi le preguntó qué extrañaba de la avicultura de hace 35 o 40 años, Besteiro sintetizó el cambio cultural: antes se caminaba la granja; hoy se miran “monitores y pantallas”. “Era todo mucho más artesanal”, dijo, aunque sin nostalgia excesiva: “hoy estamos en un nivel empresarial muy importante”. Y subrayó un rasgo que, para el entramado productivo argentino, vale tanto como un indicador técnico: la integración entre productores. “Hay un nivel de camaradería realmente muy importante”, destacó al describir cómo personas que no se conocían se saludaban en Pilar “como si se conocieran de toda la vida”.

Esa camaradería, en APASUR, ya se traduce en comercio exterior. El acuerdo de exportación que mencionó Rossi —articulado entre APASUR con Avimars y la Cámara de Avicultura de Córdoba con Tecnobo, empresa quebradora de huevos— aparece como una pieza concreta de coordinación interinstitucional. “Están muy contentos en Tecnobo con el cumplimiento que le estamos dando al acuerdo. Los productores también”, aseguró Besteiro. Y dejó definiciones que muestran que no se trata de una prueba aislada: “Existe la posibilidad de prorrogar el acuerdo en los mismos volúmenes actuales y también de aumentarlos”. Incluso adelantó que “otra empresa está interesada en un acuerdo similar” y que surgió “la posibilidad de un negocio de exportación directa”, alternativas que amplían el abanico y sugieren una estrategia de mediano plazo.

El mensaje final es político en el sentido productivo del término: organización, disciplina de cumplimiento y construcción de confianza para vender afuera. Besteiro cerró con una frase que resume el espíritu asociativo que hoy vuelve a ganar espacio en la agroindustria argentina: “APASUR es un equipo y tiramos todos juntos para el mismo lado”. En tiempos donde la competitividad se pelea con tecnología, financiamiento y reglas de juego, la experiencia de Pilar deja una enseñanza simple: el sector crece cuando se sienta a aprender, pero también cuando logra alinearse para producir y exportar con la misma hoja de ruta.

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