La evolución de la producción animal plantea desafíos cada vez más complejos para las empresas dedicadas al desarrollo de aditivos y especialidades nutricionales. La necesidad de mejorar la eficiencia, reducir costos, optimizar las condiciones ambientales y responder a nuevas exigencias del mercado impulsa una búsqueda permanente de tecnologías capaces de aportar soluciones concretas. Durante una visita de Cátedra Avícola & Agropecuaria a BeFeed, Adalberto Rossi conversó con el médico veterinario Cristian Carusso, integrante del equipo de desarrollo de nuevos productos de la compañía, para conocer cómo se origina una innovación y qué procesos deben atravesarse antes de su comercialización. Según explicó, el punto de partida puede surgir de una necesidad planteada por un productor, de la identificación de una problemática técnica o de una idea generada dentro del propio equipo. “Hay un momento eureka, un momento en que se junta el problema con una posible solución. Después viene todo un trabajo de desarrollo para comprobar que realmente sea escalable, que se pueda lograr a nivel productivo y que cumpla con esa expectativa”, señaló. Esta definición resume una filosofía de trabajo en la que la creatividad representa solamente el comienzo de un proceso que requiere conocimiento científico, experimentación y validación.
La generación de nuevas ideas forma parte de una dinámica permanente dentro de BeFeed. Carusso explicó que el equipo mantiene reuniones frecuentes donde se analizan situaciones planteadas por clientes, se revisan proyectos en marcha y se discuten posibles alternativas para resolver problemas productivos. Estas instancias de intercambio, conocidas habitualmente como brainstorming o tormentas de ideas, permiten combinar diferentes experiencias y perspectivas técnicas. “Siempre tenemos razones para juntarnos y conversar. A veces hablamos de clientes, de productos, de cosas a resolver, y nos tomamos un tiempo para pensar qué se viene y cómo podemos afrontar alguna dificultad”, comentó. Una vez identificada una oportunidad de desarrollo, comienza una etapa de investigación destinada a conocer los antecedentes científicos y tecnológicos disponibles. El equipo busca determinar si el problema ya fue abordado, si existen soluciones parciales o si se trata de una necesidad para la cual todavía no hay herramientas satisfactorias. Esta evaluación inicial resulta fundamental para definir las hipótesis de trabajo y establecer qué experimentos serán necesarios para comprobarlas.
El desarrollo de un producto completamente nuevo presenta desafíos diferentes a los de la mejora de una formulación existente. En el primer caso, la ausencia de antecedentes puede exigir un trabajo más extenso de investigación, diseño experimental y ensayos in vitro. En cambio, cuando se busca perfeccionar una tecnología conocida, es posible aprovechar información previamente obtenida para orientar las modificaciones. “Nunca nos quedamos con la última versión pensando que no se va a modificar. Siempre analizamos qué atributos podemos agregar para que el producto sea mejor, más eficiente o pueda utilizarse a una dosis menor”, explicó Carusso. Este enfoque de mejora continua permite revisar las características de las especialidades a medida que aparecen nuevas materias primas, conocimientos o necesidades comerciales. Sin embargo, el especialista aclaró que, aunque existen procesos generales de investigación y desarrollo, no hay una secuencia experimental única aplicable a todos los productos. Las metodologías deben adaptarse a la problemática que se busca resolver y a los indicadores que permitirán comprobar si la solución propuesta realmente funciona.
Uno de los aspectos más interesantes de la entrevista estuvo relacionado con la manera en que BeFeed combina ingredientes y tecnologías. Carusso destacó que el equipo no se limita a seleccionar principios activos por sus características individuales, sino que busca comprender los mecanismos mediante los cuales actúan y evaluar cómo pueden complementarse. “Nosotros nos basamos fundamentalmente en combinar mecanismos de acción. Cuando conocés con qué materia prima estás trabajando y qué mecanismo desencadena, es más fácil después juntar distintos mecanismos para obtener el resultado que esperás”, afirmó. Este criterio permite abordar problemas complejos desde diferentes perspectivas y explorar posibles complementariedades entre componentes. No obstante, la combinación de mecanismos requiere verificar experimentalmente que los efectos buscados se mantengan en la formulación final y que los ingredientes sean compatibles. El investigador también explicó que los resultados inesperados pueden abrir nuevas líneas de trabajo: un proyecto inicialmente orientado a resolver determinada problemática puede conducir a otra aplicación, o los conocimientos obtenidos en investigaciones anteriores pueden integrarse para dar origen a una tecnología diferente. De esta manera, la investigación no siempre sigue un recorrido lineal, sino que evoluciona a partir de los resultados y de la capacidad del equipo para interpretarlos.
La disponibilidad de materias primas constituye otro desafío importante para las empresas que desarrollan especialidades nutricionales. Cambios en los proveedores, dificultades de abastecimiento o modificaciones en las condiciones comerciales pueden obligar a evaluar alternativas para determinados ingredientes. Según Carusso, cuando un producto fue desarrollado a partir de un conocimiento profundo de sus componentes, es posible identificar qué función cumple cada materia prima y estudiar posibles reemplazos sin necesidad de reiniciar completamente la investigación. “Ya tenés bien identificado qué esperás de cada principio activo. Sabés qué le vas a pedir que haga dentro del aditivo. Después tenés que realizar pruebas de validación para reemplazarlo, pero es mucho más sencillo que el desarrollo previo”, explicó. Esta capacidad resulta especialmente relevante en mercados internacionales, donde la continuidad del abastecimiento y el cumplimiento de requisitos regulatorios son factores fundamentales. Cualquier modificación de formulación, sin embargo, debe ser evaluada para asegurar que el producto conserve sus propiedades y cumpla con las exigencias de registro correspondientes.
La innovación también alcanza aspectos que pueden parecer secundarios, pero que tienen un impacto directo sobre la utilización de los productos en las plantas de alimentos balanceados y los establecimientos productivos. Carusso explicó que las presentaciones comerciales, el tamaño de los envases y determinadas características físicas de las formulaciones pueden adaptarse a las necesidades de los clientes. “Lo que tratamos de hacer es resolverle problemas al cliente. Si puedo simplificarle la tarea para que pueda utilizar el producto, mi trabajo es dárselo en el formato más conveniente”, sostuvo. Como ejemplo, mencionó situaciones en las que los productores solicitan formulaciones que generen menos polvo durante su manipulación, lo que obliga a revisar determinados atributos físicos sin comprometer la actividad del producto. Este tipo de modificaciones demuestra que el desarrollo tecnológico no termina cuando se alcanza una formulación funcional, sino que continúa durante su utilización comercial. La facilidad de manejo, la compatibilidad con los procesos industriales y las condiciones de almacenamiento forman parte de una propuesta que busca integrar la eficacia nutricional con las necesidades operativas de cada establecimiento.
La relación con los productores ocupa un lugar central en esta metodología. El contacto permanente permite identificar nuevas necesidades, recibir observaciones sobre el comportamiento de los productos y detectar oportunidades de mejora que pueden no resultar evidentes durante las primeras etapas de investigación. Carusso también se refirió a los desafíos que plantea la comercialización internacional, donde las regulaciones pueden establecer requisitos específicos para determinadas materias primas o formulaciones. Aunque una modificación podría requerir una nueva versión y su correspondiente evaluación regulatoria, aclaró que BeFeed no ha necesitado, hasta el momento de la entrevista, alterar sus fórmulas para ingresar en los mercados mencionados. Más allá de estas cuestiones técnicas, el especialista destacó que la compañía busca considerar diferentes dimensiones del bienestar al desarrollar sus tecnologías. “Nosotros pensamos en bienestar en general: bienestar animal, bienestar productivo, bienestar ambiental y también bienestar del productor”, explicó. Esta perspectiva amplía el concepto tradicional de innovación nutricional, incorporando aspectos relacionados con las condiciones de trabajo, la eficiencia operativa y el impacto de los sistemas de producción sobre su entorno.
La sostenibilidad representa, precisamente, uno de los principales criterios que orientan la investigación de BeFeed. Carusso señaló que la creciente preocupación de los consumidores por la manera en que se producen los alimentos está generando nuevas responsabilidades para toda la cadena agroalimentaria. En productos como carne aviar, huevos y carne porcina, las decisiones de compra comienzan a incorporar consideraciones relacionadas con el bienestar animal, las condiciones ambientales y las prácticas productivas. “Tenemos una carga muy grande de conciencia ambiental. El consumidor hoy pone el foco en cómo producen las empresas y, si nosotros podemos aportar nuestro grano de arena para lograr una cadena más sustentable, más sostenible y más sana, lo hacemos con esa visión”, afirmó. Este enfoque se refleja en la búsqueda de especialidades capaces de contribuir a una mejor utilización de los nutrientes, optimizar las condiciones ambientales y reducir determinados impactos asociados con la producción. La investigación nutricional se vincula así con objetivos que trascienden la formulación de dietas y alcanzan la sostenibilidad del sistema productivo en su conjunto.
Hacia el cierre de la entrevista, Carusso reflexionó sobre el futuro de la nutrición animal y el papel que desempeñarán las nuevas herramientas tecnológicas. Aunque consideró difícil anticipar con precisión cómo será la industria dentro de diez años, sostuvo que seguramente avanzará hacia sistemas más tecnificados y con una mayor utilización de información. En ese escenario, la inteligencia artificial ya forma parte de su trabajo cotidiano, especialmente como herramienta de consulta, organización y síntesis de conocimientos. Sin embargo, remarcó la importancia de mantener una evaluación crítica de sus respuestas. “La uso lo necesario y, sobre todo, la someto a una fuerte crítica desde lo técnico. No me quedo solamente con lo que arroja, sino que lo valido y lo contrasto”, explicó. Para el especialista, estas tecnologías permiten ahorrar tiempo y agilizar determinadas tareas, pero no reemplazan el conocimiento profesional ni la validación experimental. Finalmente, confirmó que BeFeed trabaja actualmente en más de un nuevo desarrollo, aunque prefirió mantener en reserva sus características. Solo adelantó que se trata de proyectos con una marcada orientación ambiental, en línea con la estrategia de la compañía. Una conclusión que sintetiza el rumbo de la investigación en BeFeed: transformar necesidades concretas de la producción animal en soluciones tecnológicas respaldadas por conocimiento científico, experimentación y una visión cada vez más amplia de la sostenibilidad.

