La avicultura enfrenta márgenes estrechos, exceso de oferta y nuevos desafíos climáticos

El veterinario Yari Lucerna advirtió sobre el impacto de la humedad en las granjas avícolas, la necesidad de anticiparse a un posible fenómeno de El Niño intenso y la preocupación de los productores por la caída del precio del huevo. También destacó la importancia de mejorar la eficiencia productiva y reforzar la bioseguridad frente a la influenza aviar, al tiempo que planteó el debate sobre el uso de vacunas a partir de la experiencia de México.

La industria avícola argentina atraviesa un escenario de elevada complejidad, marcado por márgenes productivos reducidos, dificultades climáticas y la necesidad de mantener altos estándares sanitarios. Durante una entrevista realizada por Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel, el médico veterinario Yari Lucerna analizó los principales desafíos que enfrentan los productores de huevos y destacó la importancia de anticiparse a los problemas antes de que impacten sobre las granjas.

En relación con las condiciones climáticas, Lucerna explicó que la estabilidad de la temperatura dentro de los galpones resulta fundamental para preservar el bienestar y la productividad de las aves. “Cuanto más constante tengamos la temperatura dentro de una nave sería lo ideal para mantener la homeostasis”, señaló. Según detalló, las variaciones térmicas obligan a las gallinas a destinar más energía para generar calor o disiparlo, lo que puede afectar su desempeño productivo.

El especialista remarcó que, si bien el invierno fue relativamente benévolo en Santa Fe, la elevada humedad generó complicaciones adicionales. En las aves adultas, uno de los efectos más visibles para el productor se observa en el huevo, ya que la humedad dificulta mantener limpia la cáscara. “El productor lo que ve es que el huevo se le mancha, el huevo le cuesta mantenerlo limpio”, explicó Lucerna. Además, la humedad aumenta la sensación térmica y dificulta que los animales puedan disipar el calor, aunque una ventilación correctamente manejada permite reducir sus efectos.

El posible desarrollo de un fenómeno de El Niño más intenso también genera preocupación en distintas regiones productivas. Lucerna destacó que en Santa Fe observó obras de canalización y desagües en ciudades y zonas rurales, como una señal de que distintos actores se están preparando con anticipación. “Siempre es preferible anticiparse y que no suceda, porque en el momento que sucede ya es tarde”, afirmó.

El veterinario también hizo referencia al traslado preventivo de animales en zonas con riesgo de anegamiento. Mencionó que en Entre Ríos observó movimientos de hacienda desde las islas hacia suelo firme, mientras que en el norte provincial ya existen sectores con los pisos saturados de agua. En ese contexto, la preparación de los establecimientos y la identificación temprana de las zonas más vulnerables se vuelven herramientas centrales para reducir pérdidas.

En el sector avícola, sin embargo, la principal preocupación económica está vinculada con el precio del huevo. Lucerna señaló que el mercado alcanzó un piso que dejó a muchos productores con márgenes muy reducidos e incluso negativos. Entre las causas mencionó la salida anticipada de aves que ya se encontraban en la etapa final de su ciclo productivo, una decisión que incrementó la oferta disponible y contribuyó a la caída de los precios.

“Hay una preocupación generalizada que es el piso que ha hecho el precio del huevo”, sostuvo. Frente a este escenario, el productor debe decidir entre retirar aves antes de tiempo para evitar costos y sostener la rentabilidad, o mantenerlas hasta el final de su ciclo. Al mismo tiempo, las reposiciones continúan porque, según explicó, tampoco es posible permitir que envejezca el parque productivo nacional.

Para Lucerna, la eficiencia no puede ser una herramienta utilizada únicamente durante las crisis. “La eficiencia productiva no puede ser más contemplada solamente en épocas de crisis, uno tiene que ser eficiente todo el año”, expresó. En su análisis, las empresas que trabajan con buenos niveles de productividad pueden sostenerse con márgenes muy estrechos, mientras que aquellas que arrastran errores de manejo, sanidad o conversión pueden operar directamente con resultados negativos.

En materia de bienestar animal, el especialista explicó que los traslados generan cierto nivel de estrés, aunque las condiciones actuales permiten reducirlo. Los camiones y las cajas utilizadas para el transporte avícola deben estar habilitados por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, y las maniobras de carga se realizan mediante grupos especializados. La clave, sostuvo, es preparar el nuevo alojamiento con condiciones similares a las del establecimiento de origen.

La influenza aviar representa otro de los grandes desafíos para la producción argentina. Lucerna consideró que, ante la ausencia de vacunas y de un sistema de compensación para los productores que deben sacrificar un lote afectado, la bioseguridad es actualmente la principal herramienta disponible. “Hoy por hoy, Argentina, lo único que nos queda es trabajar en bioseguridad”, afirmó.

El impacto económico de un brote puede ser determinante para una granja, ya que el productor no solo pierde parte de su producción, sino el lote completo. En este punto, Lucerna destacó la experiencia de México, país que utiliza vacunas contra la influenza aviar y cuenta con una población de aproximadamente 160 millones de gallinas. Según relató, allí no se ha tenido que sacrificar ningún lote como consecuencia de la enfermedad, lo que demuestra el valor de contar con herramientas sanitarias adicionales.

La vacunación es, de esta manera, uno de los debates que comenzará a ganar espacio en la agenda avícola argentina. Lucerna mencionó que Europa ya avanzó con vacunaciones preventivas en patos y en algunos lotes específicos, mientras que estimó que Estados Unidos podría adoptar una estrategia generalizada si finalmente decide utilizar esta herramienta. Para la Argentina, la discusión deberá contemplar el impacto comercial, las exigencias de los mercados internacionales y la protección económica de los productores.

Con un escenario de precios deprimidos, riesgos climáticos crecientes y amenazas sanitarias permanentes, la avicultura argentina necesita fortalecer la planificación y el profesionalismo en cada eslabón. La anticipación, la eficiencia productiva, la infraestructura adecuada y una estrategia sanitaria de largo plazo serán determinantes para sostener la competitividad de la actividad y reducir la vulnerabilidad de las granjas.

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