Avicultura argentina: madura, diversa y con el desafío diario de colocar 3 millones de pollos

En el Día Nacional de la Agricultura, la industria avícola aparece como una de las cadenas que mejor sintetiza el cambio de época del consumo argentino: más oferta de cortes y elaborados, protagonismo del huevo y una producción que, aun atravesando turbulencias sanitarias y empresariales, sostiene volumen, empleo y un horizonte donde exportar vuelve a ser condición para crecer.

En diálogo con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel, el Director Ejecutivo del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), Carlos Sinesi, trazó un diagnóstico con una frase que funciona como termómetro del sector. “Hoy la avicultura de carne está sana”, aseguró, aunque sin subestimar el desafío operativo más básico y a la vez más enorme: “tener que vender los tres millones de pollos que se producen por día, sea en el mercado interno o en la exportación”. La foto muestra una actividad en marcha, con problemas cotidianos de competitividad y mercado, pero lejos de una parálisis.

La otra señal de madurez que destacó Sinesi es el recorrido del huevo, un producto que pasó de ser complemento a consolidarse como eje de la proteína accesible. Según remarcó, “la madurez que ha adquirido el sector también se ha dado en el caso de la producción de huevos, que hoy tiene a la Argentina como primer consumidor mundial per cápita”. El dato, planteó, no es una casualidad coyuntural sino una construcción paciente: “no un trabajo de los últimos seis meses, sino un trabajo de los últimos 25 años”, con expansión del consumo, exportaciones y una búsqueda permanente de nuevos espacios en un escenario global que “es muy cambiante y hay que acomodarse a esos cambios”.

En ese tablero de carnes, la aviar ya dejó de explicarse únicamente por precio, incluso en una Argentina históricamente asociada a la carne vacuna. “Hoy ya no es por precio nada más. Hoy es por precio, pero también por un tema de salud, porque es un producto saludable, práctico”, describió Sinesi, aludiendo a una combinación de atributos que encajan con nuevos hábitos urbanos. Y sumó un factor sociológico que muchas veces el análisis sectorial pasa por alto: hogares más chicos, consumo más fragmentado y compras adaptadas a cada ocasión. Su ejemplo personal fue directo: antes familias grandes sostenidas en el tiempo; hoy, hijos que se independizan temprano y multiplicación de “tres familias” donde incluso puede haber “una sola persona”. Eso, inevitablemente, rediseña la góndola y el plato.

La transformación también se ve en la industrialización y en la forma de vender. Donde antes dominaba el pollo entero para trozar en casa, hoy se impone una matriz de cortes, prefritos, congelados y propuestas listas para cocinar. “Hay una variedad de productos que cuando yo era chico no había. Había que comprar el pollo entero y nuestras madres lo trozaban”, recordó. En esa línea, valoró la practicidad del congelado y la tecnología aplicada a la distribución: “Es práctico… Para mí el producto tiene que ir congelado. En eso estamos todos de acuerdo”. También reconoció el rol de los canales: empresas que orientaron su estrategia a supermercados y, en paralelo, pollerías que profesionalizaron el trozado y expandieron la oferta al consumidor.

El dato cultural de la entrevista —y quizá el más revelador para leer el presente del consumo— surgió del último focus group del sector. “¿Cuál es el producto más consumido? La milanesa de pollo”, contó Sinesi, admitiendo que “a nadie se le hubiera ocurrido”. Y se animó a ir más allá: “no solo es el más consumido dentro de los productos de pollo, creo que es el más consumido de todos”. La escena cotidiana lo confirma: pedir “una milanesa” ya no implica automáticamente ternera; ahora el mozo pregunta “¿de pollo o de carne?”. Ese pequeño diálogo ilustra un cambio profundo en hábitos, precios relativos, practicidad y preferencias.

Con números, el salto es contundente. Sinesi describió el paso “de los 22 kilos —con los tres que venían de Brasil en el año 2000— a estos 50 kilos de consumo actual”. Aun así, puso paños fríos a lecturas lineales del ranking entre carnes: “hoy podemos estar arriba de la carne vacuna; mañana puede estar la carne vacuna arriba”. En un país “carnívoro por naturaleza”, la competencia es dinámica y el crecimiento sostenido no puede depender solo del mercado interno. La conclusión es económica y estratégica: “para crecer hay que exportar, aprovechar las ventajas comparativas, sea en carne vacuna o en carne de cerdo, y explorar esos mercados”. Dicho en clave agroindustrial, el techo doméstico obliga a mirar comercio exterior, certificaciones, acceso sanitario y competitividad.

El cierre de la charla tuvo, además, un componente político-institucional que no es menor: la avicultura como ámbito de encuentro. Sinesi subrayó el clima particular del “Día de la Avicultura”, un evento donde conviven empresas, técnicos y funcionarios con una dinámica menos rígida que la de otros sectores. “Vení totalmente relajado, podés decir unas palabras”, suele decirles a los representantes del Estado. Y destacó que muchos “se queda[n] en la celebración, charlando, conversando”, algo que “no lo veo en otros eventos de características similares”. En tiempos de tensiones recurrentes entre producción, regulaciones y mercados, esa capacidad de sentar actores a la misma mesa también es parte del capital de una cadena que ya demostró resiliencia y que ahora necesita convertir madurez en más competitividad y más exportación.

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