Entre la amenaza sanitaria y la oportunidad exportadora: la avicultura argentina busca equilibrio

La industria avícola argentina atraviesa una coyuntura dual: por un lado, la influenza aviar se consolida como riesgo permanente y reabre el debate sobre vacunación y regionalización; por el otro, el récord de consumo interno de huevos expone un límite productivo que obliga a mirar hacia la exportación, especialmente en formato industrial como el huevo en polvo.

En diálogo con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel, el médico veterinario Fernando Navarro —expresidente del Grupo de Especialistas Avícolas (EGEA) e integrante y socio fundador de Avimars (productores avícolas Mar y Sierra)— puso el foco en un tema que atraviesa a toda la cadena: la sanidad. Para Navarro, la influenza aviar “vino para quedarse” y hoy es “el tema permanente”. Lo dijo sin rodeos: “Estamos todos con gran temor porque no le encontramos solución”. Y describió una realidad que complica cualquier estrategia basada sólo en protocolos: “Todo lo que hagamos en bioseguridad siempre parece que es poco, porque o la traés por los pies, o viene por el agua, o viene por la rata”.

La provincia de Buenos Aires, muchas veces asociada más al huevo que a la carne aviar, exhibe un entramado productivo intenso y atomizado. Quibel lo sintetizó al aire: “Entre Ríos es la gran productora de carne, pero huevos estamos primero nosotros”. Navarro aportó dimensión: “Hay muchos productores dentro de la provincia y por toda la zona costera… más de 900 granjas. Por acá hay muchas. En Avimars nada más tenemos más de 800.000 gallinas, pero todos pequeños productores, 50.000, 60.000 gallinas máximo”. Ese mapa de granjas medianas y pequeñas tiene ventajas de capilaridad productiva, pero también desafíos para estandarizar medidas sanitarias y sostener inversiones.

Con brotes ya detectados en la región —Navarro recordó que “uno de los primeros brotes… apareció acá en un lote de reproductoras pesadas” en Mar del Plata y mencionó un caso en Ayacucho— el debate se centra en si alcanzar una convivencia controlada requiere sumar vacunación. Navarro, desde su mirada veterinaria, fue categórico: “Todos los brotes, todos los problemas infecciosos, virósicos principalmente, se controlan con la vacuna”. Y apeló a ejemplos conocidos: “Eso lo vimos con el COVID… La poliomielitis se contuvo gracias a la vacuna, la viruela…”. Su propuesta combina cobertura amplia y gestión territorial: “La vacunación debería ser para todos… Es la manera de que los animales tengan anticuerpos”. Y advirtió sobre la vulnerabilidad actual: “Ahora hay una cepa leve, pero como no tienen ninguna defensa, listo, tenés la enfermedad adentro”.

En lo económico, el panorama del huevo muestra un contraste entre consumo firme y sensibilidad de precios. Navarro reconoció turbulencias recientes: “Tuvimos una crisis ahora en el verano, una baja de precios de más del 40%, pero despacito se está recuperando”. Aun así, se mostró moderadamente optimista: “Considero que estamos por arriba de la línea de flotación”. La demanda doméstica acompaña, empujada por un cambio cultural y nutricional: “Altísimo, exactamente. La gente se sacó el miedo, hasta los cardiólogos ya lo recomiendan… esos mitos ya desaparecieron”. En su argumentación, el huevo juega con ventaja en tiempos de bolsillos ajustados: “Es la mejor proteína… y es la proteína más barata, la más económica”.

Pero esa fortaleza tiene una contracara: producción excedente. Navarro lo ilustró con una frase que condensa el dilema: “Hay más gallinas que habitantes”. Y planteó el próximo paso como una discusión de política sectorial: “Hay que potenciar la exportación, ganar mercados, aunque sea con huevo en polvo… canalizar una parte importante de la producción hacia la exportación, porque si no vamos a generar un desequilibrio y entrar en crisis de vuelta enseguida”. No se trata sólo de vender más, sino de elegir el formato adecuado para sortear barreras sanitarias y logísticas: “La vía de salida es el polvo, porque está cocinado… Está pasteurizado, entonces cubrís todas las posibilidades de contaminación”. Según Navarro, hoy prácticamente no se exporta huevo en cáscara, lo que refuerza la necesidad de apoyar a la industria de ovoproductos.

En paralelo, la agenda sanitaria busca institucionalizar aprendizajes y elevar estándares. Navarro anunció una instancia clave de capacitación sectorial: el 21 de agosto en Mar del Plata se realizará un precongreso para productores en el marco del congreso bianual del Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires. El título marca el enfoque: “Salud avícola, un equilibrio dinámico más allá de la enfermedad”. “La idea es concientizar a los productores sobre la importancia de tomar recaudos”, explicó, con eje en bioseguridad y participación de SENASA a través de la doctora María Eugenia Ferrer.

Entre la presión de una enfermedad que desafía los manuales y la oportunidad de transformar excedentes en divisas vía ovoproductos, la avicultura argentina discute su hoja de ruta. El diagnóstico de Navarro, desde el territorio productivo bonaerense, deja dos mensajes claros: sin herramientas sanitarias más robustas la amenaza seguirá latente, y sin una estrategia exportadora la abundancia puede volverse problema. En ese equilibrio, la política pública, el comercio exterior y la gestión sanitaria ya no son temas paralelos: son parte de la misma conversación.

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