Recría con ciencia: Cómo la alta tecnología y la bioseguridad transforman la avicultura

 En el corazón del complejo avícola Esfalena, ubicado en Mercedes (Buenos Aires), Juan Goyeneche, médico veterinario y responsable del área de recría en Cabaña Camila, explicó el modelo de producción que está redefiniendo el futuro de la industria avícola argentina. Con foco en la recría de pollas ponedoras, la adopción de galpones automatizados, bioseguridad extrema y genética de alto rendimiento permiten alcanzar niveles productivos inéditos en términos de eficiencia y bienestar animal.

Mientras buena parte del país aún depende de esquemas de producción avícola tradicionales, en la granja de Cabaña Camila, bajo el ala de Esfalena S.A., se está gestando una verdadera revolución productiva. Así lo contó Juan Goyeneche, médico veterinario de la firma quien lidera el proceso de recría de pollitas ponedoras que luego pasarán a su etapa de postura ya listas para expresar todo su potencial genético. “La combinación de alta tecnología y bioseguridad son los dos pilares fundamentales que tenemos para realizar una recría de calidad”, explicó el especialista.

La clave de este modelo radica en la automatización total de los galpones, donde las aves crecen en un entorno controlado y diseñado específicamente para asegurar su bienestar. “Los galpones con alta tecnología han desarrollado un bienestar ambiental, donde se cumple todo: temperatura, ventilación, alimentación. Eso permite que una buena recría se transforme en una excelente producción”, subrayó Goyeneche. Este nivel de confort favorece que el animal no sufra los picos térmicos típicos del verano o el invierno. “Realmente la gallina no se entera que afuera hace 40 grados”, sintetizó, destacando un cambio de paradigma respecto al pasado, cuando el clima natural corregía los excedentes de producción vía caída de postura o mayor mortandad.

Este fenómeno, lejos de ser anecdótico, impacta directamente en la competitividad del sector. En la actualidad, el proceso de recría se extiende durante 16 semanas, desde que se recibe la pollita de un día hasta que se entrega al productor completamente vacunada y desarrollada para la etapa de postura. “Entregamos a los productores animales listos, donde no tienen que hacer ninguna maniobra más”, aseguró Goyeneche. Esto representa un salto cualitativo notable frente a modelos tradicionales, donde la recría convivía con la postura en las mismas instalaciones, muchas veces sin protocolos separados ni tiempos específicos para cada desarrollo.

Un aspecto fundamental de esta transformación es el enfoque en bioseguridad, herencia directa de la actividad de cabaña, donde el manejo sanitario es clave. “Prácticamente estamos haciendo el mismo sistema de bioseguridad que en reproductoras con doble filtro. Hay un primer cambio de ropa para zonas intermedias y después, dentro de cada galpón, un segundo cambio para ingresar a hacer tareas. No parecen cosas muy complejas pero hacen una gran diferencia”, explicó Goyeneche. Este nivel de rigurosidad apunta a evitar cualquier ingreso de patógenos y maximiza las oportunidades de una crianza libre de enfermedades y con menos uso de productos veterinarios.

El contexto actual exige innovación y estrategia en cada eslabón de la agroindustria, y la experiencia de Esfalena demuestra cómo, con inversión y capacitación, el sector avícola puede alcanzar estándares internacionales de producción y bienestar animal. “Antes, la recría se hacía cuando se podía, muchas veces con cruces de personal entre tareas de postura y alimentación. Hoy por suerte se le está dando la importancia que tiene, porque es una etapa crítica para lograr el máximo rendimiento del ave”, destacó con insistencia Goyeneche.

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