Incubación con precisión: la apuesta de Cabaña Avícola Feller por la calidad desde el primer día

En General Racedo, Entre Ríos, la planta de incubación de Cabaña Avícola Feller se consolida como un eslabón clave en la cadena productiva. Nicolás Martínez, jefe de planta, detalla el riguroso proceso que transforma el huevo fértil en pollita de altísima calidad, bajo estrictas normas de bioseguridad y bienestar animal.

El camino de la excelencia avícola comienza desde el embrión. Así lo demuestra la planta de incubación de Cabaña Avícola Feller en General Racedo, provincia de Entre Ríos, donde cada paso está diseñado para garantizar la calidad genética y sanitaria que distingue al Grupo Motta. Durante su visita, el periodista Adalberto Rossi entrevistó a Nicolás Martínez, jefe de planta, quien explicó en detalle el proceso que convierte el huevo fértil en una pollita lista para ingresar al circuito productivo.

El proceso se divide en tres etapas fundamentales: embandejado, incubación y cosecha. Los huevos fértiles provenientes de COBISE 1 se clasifican manualmente y se colocan en bandejas que ingresan a una de las 38 máquinas incubadoras. Con una capacidad total de 3,5 millones de huevos, la planta procesa cerca de cinco millones de unidades mensuales, bajo un estricto control sanitario.

La instalación está dividida en dos sectores con filtros sanitarios y personal independiente, lo que refuerza los estándares de bioseguridad exigidos por la empresa. Cada operario atraviesa controles de higiene, y todo material que entra o sale es lavado y desinfectado meticulosamente.

La segunda etapa, conocida como transferencia, implica un control por luz para descartar huevos no embrionados. Los seleccionados pasan a las nacedoras, donde ocurre el picaje y nacimiento. La tercera fase es la cosecha, donde se clasifican los pollitos por calidad y sexo, y solo las hembras son seleccionadas para vacunación subcutánea y por spray.

Gracias al crecimiento sostenido de la demanda, la planta pasó de dos a cuatro nacimientos semanales, incorporando además un nuevo proceso: el despique por infrarrojo. Esta tecnología reemplaza al tradicional cuchillo caliente, mejora el bienestar animal y evita riesgos de bioseguridad al eliminar la necesidad de cuadrillas externas en granja.

Con distribución a 17 provincias argentinas y exportaciones a países limítrofes, Feller domina el mercado nacional y responde con innovación constante.
Martínez subraya la importancia del capital humano: el 70 % del personal proviene de General Racedo y el resto de localidades cercanas. La empresa invierte en formación y promueve el arraigo, contando incluso con técnicos avícolas egresados del ITU, una carrera impulsada por el propio Héctor Motta.

La planta de incubación de Cabaña Feller no solo representa un modelo de eficiencia industrial, sino también de compromiso con las personas, el entorno y el bienestar animal. Es la síntesis perfecta de genética, tecnología y gestión aplicada a un producto esencial para la avicultura argentina.

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