El pollo gana protagonismo en la mesa argentina por precio, salud y practicidad

El consumo de carne de pollo continúa creciendo en Argentina, impulsado por su accesibilidad frente a otras carnes y por una transformación en los hábitos alimentarios. La percepción de que se trata de un producto saludable, bajo en grasas, versátil y fácil de preparar comenzó a ocupar un lugar central en las decisiones de los consumidores, según explicó Dolores Fernández Pazos, coordinadora del Centro de Información Nutricional de la Carne de Pollo (CINCAP).

La especialista señaló que este cambio no responde únicamente a una cuestión económica. A partir de estudios cualitativos y cuantitativos realizados en 2014, 2019 y 2024, se observó una evolución en los motivos por los cuales los consumidores eligen pollo. Mientras que en los primeros relevamientos predominaban las referencias al precio y la accesibilidad, en los últimos años la salud se convirtió en un factor determinante.

“En el 2024 fue mucho más notorio esto de por qué lo consideraron una carne más sana, por qué tiene menos grasa, por qué es más versátil, por qué es más práctico, por qué se los dijo el médico”, explicó Pazos. De acuerdo con su análisis, estos atributos dejaron de ser una percepción secundaria para convertirse en uno de los principales impulsores del consumo.

La carne de pollo ofrece, además, una amplia variedad de posibilidades gastronómicas. Puede consumirse fría o caliente, como plato principal, en ensaladas, en preparaciones horneadas, salteadas o grilladas. Esa versatilidad se combina con un aporte significativo de proteínas, vitaminas y minerales, y con una digestión que suele resultar más sencilla que la de otras carnes.

En ese sentido, Pazos destacó que el pollo presenta “un perfil súper interesante” para quienes buscan mejorar la composición corporal, es decir, perder grasa y ganar masa muscular. Su bajo aporte de grasa y su contenido proteico lo convierten en una alternativa frecuente dentro de los planes alimentarios orientados al entrenamiento y la recomposición corporal. No obstante, la nutricionista remarcó que sus virtudes no implican dejar de lado el consumo equilibrado de carne vacuna, pescado, huevos y fuentes vegetales de proteínas.

Uno de los puntos que generó mayor interés durante la entrevista fue el consumo de la piel del pollo, especialmente en preparaciones rostizadas. Pazos explicó que la piel está compuesta aproximadamente por un 85% de grasa y un 15% de proteínas. Debido a que la grasa aporta nueve calorías por gramo, frente a las cuatro calorías que aportan las proteínas y los hidratos de carbono, mantener la piel puede incrementar cerca de un 50% el aporte calórico de una porción.

La especialista aclaró que esto no significa que la piel sea necesariamente un alimento prohibido ni que todas sus grasas sean perjudiciales. El pollo contiene una combinación de grasas saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas, con predominio de estas últimas, consideradas más favorables para la salud cardiovascular. Sin embargo, el problema puede aparecer cuando se suma un exceso de grasas en la misma comida.

“Si te vas a comer la piel de pollo, en esa comida, en ese plato, no le agregues, por ejemplo, el aceite o frutos secos o palta, que son también fuente de grasas”, recomendó. La estrategia, explicó, consiste en equilibrar el plato y contemplar el conjunto de la alimentación diaria, en lugar de analizar un alimento de manera aislada.

La recomendación poblacional general, sin embargo, apunta a evitar el consumo habitual de la piel, especialmente en un país que presenta una alta prevalencia de obesidad, hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares. La cantidad total de grasas consumidas y la calidad de esas grasas son factores relevantes para prevenir y controlar esas patologías.

Respecto de las frecuencias de consumo, Pazos recordó que las guías alimentarias vigentes para la población argentina —elaboradas en 2016 y a la espera de una actualización— recomiendan una porción diaria de carne de aproximadamente 100 gramos. Dentro de esa pauta, se plantea limitar las carnes rojas a dos o tres veces por semana, incorporar pescado dos o tres veces y completar el esquema con carne de pollo.

En cuanto al huevo, la referencia actual de las guías es de una unidad por día, aunque la nutricionista advirtió que las recomendaciones podrían modificarse con futuras actualizaciones. También destacó que existe una tendencia creciente a incorporar proteínas de origen vegetal, con el objetivo de sumar fibra y componentes bioactivos a la dieta.

La expansión del pollo en el consumo argentino se vincula así con una combinación de factores económicos, productivos, nutricionales y culturales. La posibilidad de acceder a una proteína animal de menor precio relativo, junto con su facilidad de preparación y su adaptación a distintos estilos de alimentación, fortalece su presencia en los hogares.

Para Pazos, el desafío no pasa por eliminar alimentos, sino por construir hábitos sostenibles. “La flexibilidad es fundamental”, afirmó, al recordar que la alimentación también está relacionada con el disfrute cotidiano. El concepto resume una mirada cada vez más extendida en nutrición: una dieta equilibrada debe contemplar la calidad y la cantidad de los alimentos, pero también las preferencias, las costumbres y el contexto de cada persona.

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