Una tormenta sin salida: la crisis hídrica y estructural que golpea al campo bonaerense

Ignacio Kovarsky, presidente de CARVAP, advirtió en una reciente entrevista radial sobre la crítica situación que atraviesa la provincia de Buenos Aires producto de las constantes inundaciones, el deterioro de caminos rurales y la falta de ejecución de obras estructurales largamente prometidas. Además, enfatizó la necesidad de una política hídrica seria y de un reparto más justo de los fondos provinciales, mientras el sector agropecuario enfrenta un futuro climático incierto.

El campo bonaerense atraviesa uno de sus momentos más difíciles. A pesar de que las lluvias comenzaron a disminuir, la provincia de Buenos Aires continúa con millones de hectáreas anegadas y cientos de familias rurales completamente aisladas. Ignacio Kovarsky, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARVAP), expuso en diálogo con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel, la cruda realidad que se vive en los pueblos y parajes rurales donde escuelas, caminos y establecimientos productivos quedaron desconectados del resto del territorio. “Hay agua. No hay otra cosa que un espejo de agua que los aisló de poder comprar comida, que los aisló de la salud, de la seguridad y de la educación”, expresó con preocupación.

El dirigente rural hizo foco en las obras inconclusas del Plan Maestro del Río Salado, una iniciativa con décadas de antigüedad y múltiples postergaciones. Kovarsky explicó que “el saneamiento del Río Salado tendría que haber terminado en 2015”, pero por el contrario, se acumulan años de abandono y promesas sin cumplir. Detalló que “hay un tramo, el 4.2, de 30 kilómetros, que no tenía fondo y se decidió hacerlo con fondo euroídico nacional”, aunque tras una auditoría sin hallazgos de irregularidades, las tareas no fueron reactivadas hasta recientemente.

La falta de infraestructura adecuada complica tanto la salida de la producción como la vida diaria de los pobladores rurales. En este sentido, Kovarsky señaló que “la primera obra que hay que hacer son los caminos, y es de los municipios”, pero denunció una gestión “perversa” de los recursos. Según indicó, “la provincia decidió, en vez de coparticipar el 25% del inmobiliario a los municipios para arreglo de caminos, lo bajaron a la mitad”. Con este recorte, se hace cada vez más difícil avanzar con la recuperación de las rutas rurales, esenciales para garantizar conectividad, acceso a la salud, la educación y soporte a los trabajadores del agro.

Las condiciones climáticas son otro factor de incertidumbre. Aunque el fenómeno de La Niña comienza a retirarse de la región, se espera una transición a condiciones de sequía en los próximos meses. “Dicen que a partir de noviembre, diciembre aflojarían las lluvias y pasaríamos de vuelta a seca”, sostuvo Kovarsky, al tiempo que destacó la disparidad que viven las distintas regiones del país. Mientras algunas zonas se benefician con lluvias y perspectivas de una gran campaña de granos finos, otras, como vastas áreas del oeste y norte bonaerense, están luchando por sobrevivir y apenas podrían sembrar algo si el clima colabora.

La falta de coordinación efectiva entre Nación y Provincia y la demora en declarar las emergencias agropecuarias agravan el panorama para los productores rurales. “Estamos peleándola porque la provincia y nación se pongan de acuerdo para las emergencias, para que los intendentes hagan los caminos y de una vez por todas resuelvan las obras de fondo”, reclamó el titular de CARVAP. En su visión, debe priorizarse una agenda seria de infraestructura hídrica y vial, más allá de los vaivenes electorales.

La situación expone las grandes brechas de planificación estructural que arrastra la Argentina rural. Con más de tres millones de hectáreas afectadas, zonas enteras fuera de producción y pérdidas humanas y sociales difíciles de cuantificar, el colapso hídrico bonaerense no es solo producto del clima, sino de una deuda histórica de obras incumplidas y políticas públicas fallidas. “Primero tienen que sobrevivir, y después ver si durante noviembre y parte de diciembre seca y pueden sembrar algo”, resumió Ignacio Kovarsky. La agroindustria, motor económico argentino, espera respuestas antes de que las aguas vuelvan –una vez más– a arrasar con todo.

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