La investigación nació a partir de una experiencia aplicada originalmente a la producción ganadera. Durante los últimos años, Bioinnovo trabajó en el desarrollo de Vedevax Block, un producto elaborado a partir de huevos provenientes de gallinas hiper inmunizadas contra cuatro agentes asociados a la diarrea en terneros: rotavirus, coronavirus, salmonella y escherichia coli.
Según explicó Andrés Wigdorovitz, Director Científico de Bioinnovo, ese producto permitió comprobar que los anticuerpos presentes en el huevo en polvo podían mejorar de manera significativa los signos de la enfermedad y la performance de los animales. Vedevax Block fue aprobado por el Senasa y actualmente se encuentra en el mercado veterinario.
El paso hacia la salud humana surgió a partir de una necesidad concreta observada por el equipo de investigadores en sus propios entornos familiares. “Nos dimos cuenta de que nuestros padres estaban grandes y padecían falta de vitaminas y proteínas. Usaban suplementos alimentarios, pero después tenían problemas intestinales por el uso de antibióticos”, señaló Wigdorovitz.
A partir de esa observación, Bioinnovo decidió adaptar el concepto utilizado en terneros para desarrollar OvoProtect, un producto destinado inicialmente para adultos mayores y niños. La propuesta consiste en utilizar huevos de gallinas inmunizadas con vacunas específicas, de modo que el polvo obtenido conserve anticuerpos dirigidos contra patógenos que pueden afectar el sistema intestinal.
El investigador aclaró que no se trata de huevos SPF, utilizados en determinados procesos de investigación, sino de huevos comestibles producidos bajo condiciones sanitarias adecuadas. “Son huevos normales, libres de los patógenos normales, porque tienen que ser comestibles. Son los huevos que comemos todos los días”, explicó.
La presentación en polvo ofrece, además, ventajas prácticas para la formulación de alimentos y suplementos. Permite incorporarlo a diferentes preparaciones, facilita la estandarización de las dosis y evita que el consumidor deba ingerir una cantidad elevada de huevos para alcanzar determinados niveles de proteínas y vitaminas.
“Te da la versatilidad de colocarlo en distintos alimentos y la facilidad de que tengas bien estandarizada la condición de tu alimento, y que no haya diferencia entre huevo y huevo”, señaló Wigdorovitz. En ese sentido, OvoProtect busca combinar el valor nutricional propio del huevo con una función adicional vinculada al cuidado gastrointestinal.
El proyecto fue reconocido en el concurso Alimentos del Futuro, organizado por la Universidad de Seattle, que reunió 135 iniciativas con participación de nueve países. La convocatoria contempló distintas categorías, entre ellas sustentabilidad, calidad de vida y economía circular. Bioinnovo fue distinguida en el eje relacionado con la salud humana.
Para Wigdorovitz, el reconocimiento representa una oportunidad para visibilizar una investigación que articula salud animal, nutrición y salud humana. El desarrollo se encuentra actualmente en un nivel TRL 5, una escala utilizada para medir el grado de avance tecnológico de una innovación. Esto significa que ya superó la etapa de laboratorio, cuenta con un prototipo escalado y fue sometido a pruebas de concepto en condiciones cercanas a su aplicación real.
“Ya hicimos todo el escalado, la viabilidad, la seguridad y la palatabilidad”, detalló el Wigdorovitz. El próximo paso consiste en encontrar un socio estratégico, preferentemente una empresa alimentaria con experiencia en suplementos destinados a niños y adultos mayores.
La búsqueda de alianzas resulta clave porque el origen de Bioinnovo está fuertemente vinculado con la sanidad animal y el sector farmacéutico, mientras que la llegada al consumidor requerirá capacidades específicas en alimentos, formulación, comercialización y distribución. “Uno tiene que unirse ahora con el que más sepa en alimentos y en ese rubro”, sostuvo Wigdorovitz.
El desarrollo también pone en evidencia el potencial de la cooperación público-privada en el entramado agropecuario argentino. La articulación entre el INTA y Vetanco (Bioinnovo), permitió trasladar conocimientos generados en la producción ganadera hacia una innovación con potencial aplicación en la alimentación humana.
En un contexto de fuerte debate sobre el financiamiento de la ciencia y la tecnología, Wigdorovitz remarcó la necesidad de sostener la investigación como una política estratégica. “No hay país sin educación”, afirmó, y advirtió que desatender el conocimiento, la innovación y el desarrollo tecnológico implica resignar herramientas fundamentales para enfrentar los cambios productivos y sociales.
OvoProtect se encuentra todavía en una etapa previa a su lanzamiento comercial, pero el premio internacional y el creciente interés por los alimentos funcionales podrían acelerar la llegada de un socio industrial. De concretarse, el proyecto sumaría valor a la cadena avícola y demostraría una vez más cómo la investigación aplicada puede convertir un producto tradicional –como el huevo– en una herramienta de innovación para la salud.

