El campo y sus cadenas explican uno de cada cinco empleos privados en la Argentina

Un estudio de la Fundación Argentina para el Desarrollo Agropecuario (FADA) estima que las cadenas agroindustriales generan 4,3 millones de puestos de trabajo en el país. La economista jefe de la entidad, Antonella Semadeni, destacó el impacto federal de la actividad, el peso de las producciones pecuarias y regionales, y calculó que la eliminación de las retenciones podría crear hasta 800.000 empleos adicionales.

La actividad agropecuaria no se limita a la producción primaria ni puede medirse únicamente por la cantidad de trabajadores que se desempeñan dentro de un establecimiento rural. Detrás de cada alimento que llega a una góndola existe una extensa red de productores, profesionales, contratistas, transportistas, industrias, comercios y prestadores de servicios que conforman las cadenas agroindustriales.

De acuerdo con el informe elaborado por FADA, esas cadenas generan 4,3 millones de puestos de trabajo, equivalentes al 23% del empleo privado argentino. En términos más simples, representan dos de cada diez empleos privados del país. “El agro está detrás de cada producto que compramos en el supermercado, en nuestro día a día”, explicó Antonella Semadeni durante una entrevista con Cátedra Avícola y Agropecuaria.

La economista enumeró algunos de los productos que sintetizan esa presencia cotidiana: fideos, leche, carne, arroz, huevos, queso, verduras, aceite y salsa de tomate. En todos los casos participan distintos eslabones productivos y comerciales. “Hay productores, agrónomos, contratistas, veterinarios, trabajadores de plantas industriales, transportistas, comerciantes”, señaló.

El alcance de la agroindustria también excede ampliamente a los cultivos tradicionales y a la región pampeana. Semadeni cuestionó la idea de que el sector se reduce al trigo, la soja y el maíz, o que está concentrado exclusivamente en Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. Según describió, existen más de 20 cadenas agroindustriales distribuidas a lo largo y a lo ancho del territorio nacional.

En ese entramado tienen un papel central las actividades pecuarias. La cadena de la carne bovina es la que más empleo genera, con más de 500.000 puestos de trabajo, mientras que la producción porcina, aviar y láctea lleva el aporte del conjunto a casi un millón de empleos. La dimensión de estas cifras confirma la importancia de la ganadería y de la industria frigorífica, alimentaria y de transformación asociada.

El mapa productivo incluye además los vinos de Cuyo, las peras y manzanas de la Patagonia, el complejo pesquero, el cuero, las lanas, las legumbres y los cítricos del noroeste, junto con el arroz, el algodón y la actividad forestal del noreste. En conjunto, las economías regionales generan cerca de 1,2 millones de puestos de trabajo, de acuerdo con las estimaciones citadas por la especialista.

Una de las principales conclusiones del estudio es que el empleo agroindustrial se extiende mucho más allá del campo. No existirían plantas de industrialización de alimentos sin producción primaria, ni habría transporte de granos, leche o hacienda si no existiera una actividad que generara esas cargas. Lo mismo ocurre con los puestos administrativos, contables y comerciales de las empresas vinculadas al sector.

“Son trabajos que no están en el campo, pero si no existiera el agro, no los tendrías”, resumió Semadeni. Este efecto multiplicador se traduce también en arraigo y desarrollo territorial, ya que la instalación de una planta industrial, un frigorífico, un molino o una fábrica de alimentos moviliza servicios, comercios y empleo en las localidades donde se radica.

El informe también analiza el impacto potencial de una reducción o eliminación de los derechos de exportación. FADA estima que, sin retenciones, podrían generarse 70 millones de toneladas adicionales de producción y unos 30.000 millones de dólares más en exportaciones de granos, subproductos y productos con mayor valor agregado.

A partir de ese crecimiento productivo, la entidad calcula la posibilidad de crear aproximadamente 800.000 nuevos puestos de trabajo. La cifra equivale, según Semadeni, a la mitad de las personas desempleadas en la Argentina, estimadas en 1,6 millones. “Uno de cada dos desempleados en Argentina podría tener trabajo”, afirmó al dimensionar el alcance de la proyección.

La economista también recordó que existen antecedentes concretos sobre el efecto de una reducción de las retenciones. Tras la eliminación de los derechos de exportación para el maíz y el trigo y la baja aplicada a la soja en 2016, se generaron alrededor de 110.000 puestos de trabajo en un período de dos años, según los datos mencionados durante la entrevista. A ese antecedente se suma un crecimiento de 130.000 empleos en las cadenas agroindustriales durante los últimos años.

La discusión, sin embargo, está atravesada por la necesidad de sostener el equilibrio de las cuentas públicas. Semadeni consideró que las retenciones perdieron peso relativo en la recaudación, aunque todavía representan el 0,7% del Producto Bruto Interno, una magnitud significativa para el Tesoro. En ese punto aparece el principal desafío de la política económica: compatibilizar la reducción de la presión tributaria sobre la producción con el mantenimiento del superávit fiscal.

Más allá de la discusión sobre los derechos de exportación, los datos de FADA ponen en evidencia que el agro no es una actividad aislada ni limitada a la producción de granos. Su impacto abarca a la avicultura, la porcicultura, la ganadería bovina, la industria láctea, las economías regionales, el transporte, el comercio y la industria alimentaria. Por eso, medir su aporte únicamente por el empleo rural directo implica dejar fuera una parte sustancial de la estructura productiva argentina.

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