Retenciones y agroindustria: el modelo de la BCR que proyecta más granos, más exportaciones y recuperación fiscal

Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), basado en un modelo de simulación de escenarios, pone números a un debate central para la agroindustria argentina: qué pasaría si se eliminan las retenciones en un programa de dos años. Según el economista Tomás Rodríguez Zurro, la medida impulsaría área sembrada, producción y exportaciones, con un dato político-económico clave: hacia 2036 el Estado nacional no solo recuperaría lo resignado por derechos de exportación, sino que terminaría recaudando más por otros tributos y por el efecto multiplicador de la actividad.

La discusión sobre retenciones suele quedar atrapada entre urgencias fiscales y reclamos productivos. Pero la entrevista de Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel a Rodríguez Zurro vuelve a poner el foco en la “cuenta completa”: no solo lo que el fisco deja de percibir en el momento cero, sino lo que podría captar después si la producción crece, si se invierte más en tecnología, si se amplía el volumen exportable y si se dinamiza el circuito económico asociado a la agroindustria. Para una cadena como la avícola —altamente dependiente del maíz y la soja—, esta discusión no es abstracta: define costos de alimentación, disponibilidad de materia prima, competitividad exportadora y empleo en el interior productivo.

Rodríguez Zurro explicó que el trabajo de la BCR se apoya en un instrumento que “ya venimos publicando hace dos años” y que se utiliza para “modelar escenarios”. En la simulación, el “escenario base” proyecta con las condiciones vigentes (alícuotas actuales, tipo de cambio real y brecha cambiaria, entre otros factores) y, a partir de allí, se construye el contrafáctico: “qué pasaría si se eliminan las retenciones en un programa de dos años: el primer año se recortan a la mitad y el segundo año ya bajan todas a cero”.

Los resultados productivos del escenario sin retenciones describen un salto relevante. Hacia 2036, “el área sembrada crecería en más de 2.200.000 hectáreas” respecto del escenario base, con un incremento concentrado “mayormente en soja y maíz”. La lógica es directa: “soja obviamente porque es el cultivo que tiene mayor gravamen, entonces es el que más se vería beneficiado”. En producción, la proyección pasa de “unos 165 millones de toneladas a unos 185 millones”, es decir “un incremento de unos 18 o 20 millones” al final del período. Para dimensionar, recordó que la campaña pasada fue de 135 millones y que la actual ronda 160, en un contexto en el que el clima empujó fuerte los números.

El comercio exterior también aparece como una de las variables más sensibles al incentivo. En 2036, las exportaciones podrían subir de “aproximadamente 112 millones de toneladas… a 126 millones”, un aumento de 14 millones. En dólares, el valor exportado sería “unos 6.500 millones” superior entre escenarios. Para la macroeconomía, esto significa más divisas genuinas; para las cadenas de valor, más escala y capacidad de amortiguar costos; y para sectores intensivos en granos como avicultura y porcicultura, un reordenamiento potencial de precios relativos, abastecimiento interno y márgenes, en la medida en que el mayor volumen producido compense la mayor competencia externa por el grano.

El núcleo político del informe, sin embargo, está en la recaudación. Rodríguez Zurro detalló que la BCR estima el “costo fiscal” inicial (lo que Nación dejaría de percibir por retenciones) y cómo se compensa con “otros impuestos directos —ganancias, ingresos brutos, impuesto al sello e impuesto al cheque— y también por una vía indirecta, por el efecto multiplicador en la economía”. La explicación aterriza en la dinámica concreta del productor: al sumar hectáreas “debe invertir, comprar insumos, contratar servicios, hacer aplicaciones”, y esa actividad “genera dinero”. A su vez, con mejores márgenes hay inversiones adicionales y encadenamientos: “Puede canalizar a través de los mercados financieros, invertir en algo que fluya hacia la construcción, por ejemplo. Hay encadenamientos”. Más movimiento en puertos, más servicios, más proveedores: todo ello tributa.

La conclusión fiscal del modelo busca romper una idea instalada: que bajar retenciones equivale únicamente a “perder recaudación”. En el último año proyectado, con retenciones el Estado nacional recaudaría “unos 7.000 millones de dólares por retenciones”. Sin retenciones, se resigna ese ingreso, pero “ganancias pasa de 3.000 a más de 8.000 millones”, se suma más impuesto al cheque y “unos 4.000 millones adicionales por la actividad extra”. Resultado: “en 2036 el Estado estaría ganando unos 300 millones de dólares más en el escenario sin retenciones que en el escenario con retenciones”. En la película año a año, advirtió, Nación “pierde en los primeros tres años, pero a partir del cuarto ya recauda más”; si la baja arrancara en 2027, “en 2030 el Estado ya estaría recaudando más… que por retenciones”.

Para las provincias, el diagnóstico es más contundente y puede reconfigurar el debate federal: “ganan desde el principio, porque las retenciones no son coparticipables”. En palabras del economista: “Apenas se eliminan las retenciones y la producción se expande, empiezan a cobrar más ingresos brutos y más impuesto al sello”. Eugenia Quibel lo sintetizó en clave política: “las provincias en este escenario no tienen ninguna pérdida porque no perciben nada de las retenciones, es todo ganancia”. En un país donde el interior agroindustrial sostiene empleo, servicios y logística, el impacto territorial de una expansión de área y producción se traduce rápidamente en actividad local: transportistas, acopios, puertos, frigoríficos, plantas de alimento balanceado y granjas, especialmente en polos avícolas integrados.

Un dato adicional del reportaje suma contexto: el propio Rodríguez Zurro recordó que el año pasado las alícuotas estaban en “33% para soja, 31% en subproductos y 12% en cereales”, y que hoy ya se modela con “alícuotas más bajas”, con una soja “en los niveles más bajos de los últimos 20 años”. En esa comparación, la BCR estima que “a 10 años la producción crece unas 8 millones de toneladas por la baja de alícuotas reciente”. Es decir, aun sin ir a una eliminación total, la dirección de la política tributaria sobre exportaciones tendría efectos productivos medibles.

El informe, celebrado al aire por Adalberto Rossi como “muy esclarecedor”, reabre una discusión que para avicultura, ganadería y porcicultura no puede leerse solo desde el mostrador agrícola. En un esquema donde el grano es el principal costo de producción animal, la señal tributaria sobre soja y maíz funciona como un determinante de inversión y de competitividad sistémica. Si el país busca más exportaciones con valor agregado, más empleo federal y una macroeconomía menos frágil en divisas, el debate sobre retenciones —y, sobre todo, sobre la transición y el “mientras tanto” fiscal— vuelve a ubicarse en el centro de la agenda productiva argentina.

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