Las lluvias extraordinarias que azotan al centro-norte santafesino ya dejaron miles de hectáreas anegadas, campos aislados y rodeos comprometidos. Aunque el gobierno provincial dictó la emergencia agropecuaria y anunció créditos, desde el territorio advierten que el daño productivo y económico es profundo, con caminos rurales destruidos, dificultades para mover hacienda y un riesgo de descapitalización que puede alterar la dinámica ganadera y agrícola de la región durante varias campañas.
La escena se repite en el norte y centro de Santa Fe, donde en la última semana “ha llovido muchísimo y ya hay muchísimas zonas inundadas”, describieron los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel al presentar la entrevista a Bernardo Vignatti, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Santa Fe. La radiografía de Vignatti ubica el foco más crítico en el norte provincial: “Los departamentos del norte son los más afectados: departamento Vera, Nueve de Julio, zona Villa Minetti… está afectado todo el centro-norte”.
Aun con la emergencia agropecuaria ya declarada, el dirigente rural fue cauto respecto a la cuantificación precisa del área comprometida: “Es difícil medir, cuantificarlo precisamente en hectáreas”. La próxima instancia institucional, clave para bajar la discusión al terreno técnico, será la reunión de la comisión de emergencia agropecuaria: “El miércoles 29 tenemos la reunión… donde se discutirían con mayor profundidad todas estas cuestiones técnicas”, adelantó, y remarcó la participación de INTA y otras instituciones con informes más detallados.
En el mientras tanto, el impacto en los establecimientos es inmediato y, en muchos casos, total. Vignatti sintetizó el alcance con una frase que desnuda la insuficiencia de las herramientas habituales para este tipo de catástrofes: “La emergencia es una aspirina dentro de todo esto”. Explicó que el escurrimiento es lento, porque los cursos de agua “lo hacen de forma extremadamente lenta, llevando incluso semanas”, y graficó el drama operativo: “Hay establecimientos que están cubiertos en su totalidad. Los animales no pueden permanecer en esas condiciones”.
El corazón de la crisis hoy pasa por la logística ganadera. Sacar la hacienda del agua implica contar con zonas altas, disponibilidad de forraje y caminos transitables, tres variables que en muchas áreas hoy no existen. “Esto obliga a los productores a movilizar los animales a zonas altas, en el caso de tenerlas. En muchos casos ni siquiera existe esa posibilidad”, señaló. Y aun cuando existe, aparece el cuello de botella forrajero: “La disponibilidad de forraje para gran cantidad de animales es muy limitada”, lo que fuerza a alquilar campos o directamente vender. En ese escenario, Vignatti advirtió sobre distorsiones de mercado: “Aparecen las vivezas en la valorización de los alquileres” y, peor aún, la venta forzada del rodeo “a valores irrisorios”, una descapitalización que “genera un inconveniente devastador a largo plazo”.
La zona afectada no es exclusivamente ganadera, pero la ganadería tiene un peso dominante en el centro-norte santafesino. “Es, en su gran mayoría, ganadero”, respondió Vignatti, aunque aclaró que hay áreas agrícolas y producciones regionales sensibles al anegamiento: “Hay muchas zonas afectadas que son de algodón, donde cuando el agua permanece durante un tiempo relevante, se pierde la cosecha en su totalidad”. La combinación de pérdidas en agricultura y ganadería amplifica el golpe en economías locales que dependen del movimiento de hacienda, la demanda de servicios rurales, el transporte y el abastecimiento de insumos.
En lo sanitario, el entrevistado puso el acento en lo básico, pero determinante: “En situaciones como esta, lo básico es la alimentación. Los animales necesitan lugares secos para echarse, descansar y alimentarse”. Sin desconocer la prevención, subrayó que el estrés es el gran disparador: “La condición de estrés es la puerta de ingreso de cualquier enfermedad”. Y sumó otro problema estructural que condiciona la salida de la emergencia: el calendario forrajero. “Estamos en una época clave para la implantación de verdeos… Esto hoy está totalmente imposibilitado para planificar”, explicó, dejando entrever que la falta de pasturas de invierno puede prolongar el costo productivo más allá del retiro del agua.
Como si faltara un eslabón crítico, los caminos rurales aparecen como el límite físico para cualquier solución. “En este momento los caminos rurales están destrozados”, afirmó Vignatti. Con trazas mayormente de tierra, la transitabilidad se derrumba “con pocos milímetros de lluvia y en el estado en que se encuentran”, y el pronóstico no ayuda: “Para las próximas 72 horas hay probabilidad de lluvia, lo que originaría una complicación extra”. Sin caminos, no hay traslado de hacienda, no hay llegada de alimento, no hay asistencia veterinaria regular y se dificulta incluso el relevamiento de daños.
La situación en Santa Fe vuelve a poner en primer plano un debate recurrente en la agroindustria argentina: cómo mitigar el impacto de eventos climáticos extremos que, cada vez más, alternan sequías prolongadas con excesos hídricos severos. En esta emergencia, las medidas financieras pueden dar algo de aire, pero el mensaje desde el territorio es que el desafío central es operativo y estructural: sacar los animales, sostenerlos con comida y piso seco, y recuperar infraestructura básica. Porque cuando un productor se ve obligado a liquidar “un rodeo que lleva décadas construir”, como describió Vignatti, el daño no termina cuando baja el agua: recién empieza a contarse en años.

