En el diálogo, Carusso comenzó por lo esencial: definir técnicamente a los taninos. “Los taninos son compuestos fenólicos de origen vegetal con capacidad de interactuar con proteínas y otras macromoléculas”, explicó, destacando que su uso no es nuevo, pero sí lo es el nivel de conocimiento actual sobre sus mecanismos de acción. Lejos de la antigua visión que los asociaba únicamente con efectos antinutricionales, hoy se los entiende como moduladores biológicos con aplicaciones precisas.


Carusso también remarcó la importancia de la calidad y el origen del extracto vegetal. No todos los taninos son iguales: su estructura química —hidrolizables o condensados— determina diferencias en solubilidad, reactividad y sitio de acción. “La clave está en entender qué tipo de tanino utilizamos y con qué objetivo productivo”, sostuvo, subrayando que la formulación y la dosificación adecuada son determinantes para obtener resultados consistentes en campo.
En el contexto actual de la avicultura, donde la presión por producir más con menos y bajo estándares sanitarios cada vez más exigentes es constante, los taninos aparecen como parte de un enfoque integral. “No son productos mágicos; son herramientas que, bien utilizadas, se integran dentro de un programa nutricional estratégico”, explicó Carusso, haciendo hincapié en que su eficacia depende de la correcta combinación con manejo, bioseguridad y formulación balanceada.

