A días de levantar el telón, Expoagro 2026 vuelve a concentrar expectativas en toda la cadena agroindustrial, con un efecto que excede largamente los límites del predio: define agendas, exhibe tecnologías, empuja negocios y marca el ritmo de inversión para el resto del año. Andrea Fiadone, Jefa de Contenidos de Exponenciar, fue tajante al dimensionar el evento: “A cielo abierto… sí, es la más grande del mundo, indudablemente”, y subrayó que, edición tras edición, la feria no sólo se consolida: crece.
La escala obliga a planificar. Para Fiadone “es imposible recorrer Expoagro en un día. Está probado, no sirve”. Y ese dato, más que una anécdota, refleja un cambio estructural: la muestra dejó de ser una apuesta anual para transformarse en una plataforma con previsibilidad comercial.
Esa previsibilidad se ve en un indicador clave para la economía del sector: los expositores ya no dudan. Según Fiadone, hoy las empresas firman contratos de cuatro o cinco años para sostener ubicación y presencia, algo impensado en momentos de mayor incertidumbre. El resultado es contundente: “La feria está sold out hace cuatro meses. Está totalmente vendida, con más de 700 expositores”. Un número que no sólo tracciona servicios y logística: también confirma el peso de Expoagro como “mercado concentrador” del agro argentino.
En visitantes, no dio una cifra puntual, pero la tendencia es clara y visible: “Siempre para arriba, todos los días… vas el primer día, vas el último, y está lleno de gente”. Al ser la edición de los 20 años, además, se espera un perfil más cargado de comitivas: “Va a haber muchas visitas institucionales e internacionales… y también por todo el espectro institucional y político que quiere tener presencia en la feria”. La política y el agro vuelven a cruzarse en un mismo escenario, no sólo por la foto: también por anuncios y termómetros de clima social y productivo, en un año donde crédito, retenciones, tipo de cambio e infraestructura siguen en el centro del debate.
Un dato que interpela especialmente a la ganadería —y, por extensión, a toda la agenda agropecuaria más allá del cultivo— es el lugar creciente de los remates y las razas. Fiadone lo definió con una imagen potente: “En ganadería… hay nueve remates… es casi un centro nacional de remates”. Agregó que “antes la ganadería no ocupaba ese lugar” y que el salto fue “fenomenal”, con presencia de todas las razas vacunas y hasta exposiciones dentro de la expo, como el caso de Brangus. Esto dialoga con el momento del negocio ganadero: donde la reposición, la genética y la comercialización se apoyan cada vez más en formatos mixtos (presencial, TV, streaming) y en la visibilidad que da un evento masivo.
La “amplificación” digital es otra pata del nuevo Expoagro. Fiadone explicó la lógica de red: no es sólo la comunicación oficial, sino la de cada firma: “Cada empresa… publica en redes que va a estar en Expoagro… con tal novedad”. En un sector históricamente “de nicho”, esa multiplicación agranda audiencias, atrae rubros antes impensados y potencia cruces: desde tecnología aplicada a producción hasta construcción e infraestructura rural. La feria, además, opera dentro de un límite físico —“estamos adentro de un autódromo”—, lo que obliga a crecer más por densidad de contenidos e innovación que por hectáreas disponibles.
Si hay un componente que resume la conexión entre feria y economía real es el financiamiento. “Van a estar 11 bancos, entre banca privada y pública… llevan su línea de crédito específica y tarjeta agro”, destacó Fiadone. Y lo más interesante es el fenómeno cultural-mercantil que se consolidó: el “precio Expoagro” y el “crédito Expoagro” como referencias que ordenan operaciones durante meses. Fiadone aportó un dato que explica por qué la feria pesa en inversión y empleo industrial: “En Expoagro venden lo que venderían en siete u ocho meses”, aunque muchas veces el cierre final ocurra luego en cada localidad.
En cuanto a tendencias 2026, Exponenciar empuja tres hitos que apuntan a productividad y adaptación: la primera Cumbre de Contratistas (con al menos 300 participantes), un panel de drones —Fiadone enfatizó que “ya no son una ilusión, están trabajando activamente”— y el Club del Riego, en respuesta a la volatilidad climática. En el trasfondo, el mensaje es nítido: el agro argentino busca acelerar tecnología, eficiencia y gestión de riesgo para sostener competitividad, tanto en el mercado interno como en el comercio exterior.

