La industria avícola argentina transita una etapa donde la eficiencia dejó de ser una consigna y se convirtió en condición de supervivencia. Con costos que presionan—especialmente por alimento balanceado—y consumidores que elevan sus demandas (inocuidad, trazabilidad, bienestar animal), la cadena del huevo se ordena alrededor de un nuevo equilibrio: más productividad, sí, pero con estándares cada vez más estrictos. En ese marco, Vetanco, a través de su división de alta postura, lanzará un programa de encuentros que propone revisar la producción “como un viaje”: el Egg Journey 2026.
El primer hito será el 26 de febrero en General Rodríguez, con una jornada centrada en un problema tan silencioso como costoso: las micotoxinas. Alejandro Dobie, ingeniero zootécnico y responsable de la línea de biológicos y alta postura de Vetanco, explicó que el concepto apunta a cubrir “todo el día dedicado a la producción de huevos”, un recorrido por estaciones técnicas para abordar desafíos concretos del sistema productivo. “Es un viaje a través de la producción de huevos”, resumió.
La agenda de esta primera estación no esquiva la coyuntura: micotoxinas en materias primas, estrategias de control, puntos críticos en fábricas de alimento y el impacto del estrés sobre el hígado en gallinas de postura. Dobie detalló un panel con perfiles complementarios: el Ing. Juan Ignacio del Valle Celada, a cargo de microingredientes y nutrición en Vetanco; el Ing. Máximo Liñeiro, con experiencia en manejo y control de alimento; el MV. Bruno Vecchi, aportando en metabolismo hepático; y el Ing. Pedro Sueldo, desde el área de ganadería pero con trayectoria en toxinas. La búsqueda, según Dobie, es sumar miradas distintas y “otra gente que nos dé otro punto de vista”, para enriquecer un debate que en la práctica se define en la granja y en el molino.
Pero el Egg Journey no se agota en febrero. La planificación incluye al menos cuatro eventos durante el año en la misma sede, y con temáticas que reflejan las nuevas prioridades sanitarias y productivas del negocio: micoplasma junto a la gente de ECO, desarrollos nutricionales vinculados a prebióticos y probióticos y control de flora intestinal, y una agenda fuerte en biológicos. Allí aparece un punto central para la competitividad argentina, tanto en el mercado interno como en el comercio exterior: el control de patógenos, en especial Salmonella. Dobie adelantó trabajo “muy fuerte con BiotechVac” y un desarrollo con lanzamiento previsto para mayo, en línea con los requisitos de inocuidad que se vuelven estándar para vender—y sostener reputación—en destinos cada vez más exigentes.
El público objetivo del encuentro confirma una tendencia: el negocio se tecnificó y demanda actualización permanente. “Básicamente estamos destinados a todo lo que es técnicos y productores de la parte de postura”, indicó Dobie, y subrayó la presencia de asistentes de distintas regiones, apalancada en la red comercial del interior. Para la avicultura argentina, esa capilaridad no es un detalle: en un país federal, la transferencia tecnológica y la homogeneidad de prácticas (bioseguridad, manejo, nutrición) dependen en gran medida de asesores, distribuidores y equipos técnicos que “traen las demandas y las necesidades de los productores”.
Ahora bien, ¿qué más se le puede pedir a un huevo?”… Dobie respondió sin rodeos: “Evidentemente se le puede pedir más”. La condición, aclaró, es hacerlo “responsablemente” y acompañando cambios en la demanda. Cuando se mencionó “bienestar animal”, Dobie completó el cuadro con un vector clave: “bienestar animal, no antibióticos”, y una estrategia orientada a “productos seguros”, biológicos, control de salmonella y “seguridad alimentaria” como valor para productores y para “los mercados internacionales también”.
Claramente, para una avicultura que busca más eficiencia sin resignar inocuidad, este tipo de encuentros técnicos no son solo capacitación: son, cada vez más, parte de la estrategia competitiva del sector agropecuario argentino.

