Una salud: el nuevo paradigma que empuja a la avicultura argentina a reducir antibióticos y apostar por alternativas naturales

La industria avícola y, en general, el negocio agropecuario atraviesan un cambio de época: producir con más eficiencia, pero también con más respaldo sanitario, ambiental y comercial. En una entrevista con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel, el médico veterinario Cristian Caruso, responsable de desarrollo de producto y mercado de BeFeed, explicó por qué la discusión ya no es si los antibióticos “funcionan” o no, sino cómo se usan, qué riesgos generan y qué herramientas empiezan a reemplazar su rol preventivo sin encarecer el kilo producido.

Durante años, buena parte de la producción animal —incluida la avicultura— se apoyó en el uso preventivo de antibióticos, no sólo para tratar enfermedades sino para evitar que aparezcan, e incluso como promotores de crecimiento. Caruso no lo niega: “No decimos que no funcionen”. Pero advierte que el mundo se mueve hacia otra lógica, impulsada por la preocupación global por la resistencia antimicrobiana y por un enfoque que ordena cada vez más la política sanitaria y el comercio: “Hay una tendencia hoy enfocada en una sola salud… no existe una salud humana, una salud animal y una salud ambiental, sino que todos convivimos en una sola salud”.

Ese concepto no es sólo una consigna. En términos productivos, redefine prioridades: cuidar la herramienta antibiótica para cuando realmente hace falta. “Nadie va a dudar de la efectividad que tiene un antibiótico como terapéutico y que son la última barrera… Entonces lo que hacemos es resguardarla, cuidarla y usarla sólo —o tratar de buscar el uso— terapéutico”, sostuvo. La frase dialoga con el clima regulatorio internacional: la presión para reducir antimicrobianos no se limita a la sanidad animal, sino que se cuela en exigencias de mercado, certificaciones y preferencias de consumidores, un aspecto sensible para cualquier país que busque consolidar exportaciones de proteínas.

El corazón técnico del cambio está en comprender qué pasa “dentro” del animal. Ante la pregunta de si ocurre algo similar a los humanos —cuando el cuerpo “se acostumbra” a un medicamento— Caruso lo enfocó desde la ecología microbiana: “Hay que entenderlo como una población microbiana… son seres vivientes capaces de adaptarse”. Según explicó, muchos antibióticos tienen un mecanismo de acción específico, lo que eleva la probabilidad de que subpoblaciones bacterianas encuentren caminos de evasión y, peor aún, que esos mecanismos se transmitan. Frente a esto, describió el avance de alternativas basadas en moléculas naturales, como “taninos” y “polifenoles”, con múltiples mecanismos de acción y menor chance de adaptación bacteriana en simultáneo.

En clave de manejo intestinal —un eje central en la eficiencia avícola— Caruso detalló cómo actúan esas herramientas: “Con los taninos logramos varios efectos: uno principalmente es la capacidad de tapizar de alguna manera la mucosa intestinal evitando que la bacteria pueda adherirse”, explicó, y recordó que la adhesión es condición necesaria para la colonización. A la vez, mencionó otros mecanismos: “podemos capturar nutrientes esenciales para esa bacteria patógena e inhibir procesos metabólicos enzimáticos”. Traducido al lenguaje del galpón: menos presión de patógenos, mejor salud intestinal, mejor conversión, y menores sobresaltos sanitarios.

Ahora bien, el debate en Argentina rara vez se sostiene si no pasa por la caja. La pregunta de Patricia Aller fue directa: ¿sale más plata? Caruso respondió sin rodeos: “No sale más. Hoy hay productos muy competitivos… sin que representen un costo mayor en la producción”. Y fue más allá: “Hay un reemplazo al promotor de crecimiento antibiótico que es competitivo, eficiente y eficaz, con lo cual cierra por todos lados: desde lo sanitario, lo ambiental y lo económico”. En un país donde el costo del alimento, la energía, el crédito y la logística presionan márgenes, cualquier cambio de insumo debe llegar con números y resultados en campo.

El otro motor del giro es el consumo, y ahí la avicultura tiene tanto oportunidad como riesgo. “Está cambiando la postura del consumidor… sobre todo las nuevas generaciones, miran lo que consumen”, planteó Quibel. Caruso coincidió y sumó una definición estratégica: “No se puede determinar dónde comienza el proceso de cambio. Puede ser el consumidor, pueden ser los entes reguladores o las empresas. No importa por dónde comienza; lo importante es que comencemos y trabajemos en ese cambio”. Para una Argentina que busca vender más y mejor —con valor agregado, trazabilidad y narrativa sanitaria— el “cómo” se produce empieza a pesar tanto como el “cuánto”.

Finalmente, Caruso subrayó que no existe una solución única para todos, una idea clave en sistemas productivos diversos como los argentinos, donde conviven integraciones altamente tecnificadas con productores medianos y realidades sanitarias distintas por región. “Un único producto no resuelve las necesidades del mercado. Nosotros vamos adaptando y desarrollando productos a medida. Lo que le sirve al productor A puede no servirle al productor B”, afirmó. Ese enfoque, aplicado a avicultura pero también a porcinos y rumiantes —“Totalmente, sí. Todas las líneas”— muestra hacia dónde se mueve la conversación: menos recetas universales y más programas integrales, con evidencia y acompañamiento técnico.

En síntesis, la avicultura argentina está frente a una transición que mezcla ciencia, economía y política sanitaria global. Reservar antibióticos para su rol terapéutico, fortalecer la salud intestinal con alternativas de múltiples mecanismos y responder a un consumidor más exigente ya no parece una moda, sino una hoja de ruta. La discusión, como dejó entrever Caruso, no es si cambia o no: es a qué velocidad, con qué herramientas y con cuánta competitividad para sostener producción y abrir mercados.

Bioseguridad antes que vacunación: la estrategia de la avicultura argentina frente a la influenza aviar

Mientras en el debate público crece la pregunta sobre si “hay que vacunar” contra la influenza aviar, desde el corazón de la industria procesadora...

El inicio de postura, el talón de Aquiles de la ponedora: claves para no perder huevos entre las 20 y 30 semanas

Entre las 20 y 30 semanas de vida se juega buena parte de la rentabilidad en el huevo: es el tramo donde la ponedora...

Carne vacuna más cara, pollo en sobreoferta y un nuevo ciclo ganadero: qué está pasando con el consumo en la Argentina

La caída del consumo interno de carne vacuna no se explica sólo por precios en góndola o por un supuesto “desvío” hacia la exportación....