La innovación incremental como imperativo: BeFeed y el valor de la granja experimental

En un contexto donde la competitividad de la avicultura depende cada vez más de la eficiencia, la sanidad y la capacidad de innovar, la experiencia de BeFeed aporta una mirada concreta sobre cómo se construyen soluciones aplicables a campo. En diálogo con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel, Cristian Carusso, responsable de I+D de la empresa, explicó por qué las granjas experimentales son mucho más que un “testeo”: son el cierre de un proceso de desarrollo que busca convertir ideas y resultados de laboratorio en herramientas que funcionen en sistemas productivos reales.

Consultado por Patricia Aller sobre la ventaja diferencial de BeFeed, Carusso fue directo: “las granjas experimentales son de los últimos eslabones de toda una cadena de eventos que tenemos que ir encadenando para desarrollar un producto”. Y detalló una lógica que no empieza en el galpón, sino mucho antes: primero identificar un problema productivo no resuelto —o resuelto a medias—, estudiarlo en profundidad, generar alternativas y recién después avanzar hacia pruebas controladas.

Esa secuencia, explicó, no se puede saltear sin pagar consecuencias. “Estas alternativas, hasta que uno no las prueba, son ideas que son muy útiles, pero uno no puede asumir… que va a funcionar”, sostuvo. Por eso el proceso arranca en laboratorio, con diseño experimental y parámetros de referencia, pero no termina allí: “no alcanza que en un tubo de ensayo funcione. Yo necesito que funcione en los animales, en el sistema productivo en el que estoy trabajando”. En la práctica, esa diferencia es crucial para la avicultura: un aditivo, un suplemento o una estrategia de manejo pueden prometer mucho en teoría, pero fallar cuando aparecen variables reales como estrés térmico, calidad de agua, desafíos sanitarios o interacción con dietas comerciales.

El paso a granjas experimentales propias permite, según Carusso, confirmar esa traducción del conocimiento a resultados en parrilleros y ponedoras. Ante la pregunta de Aller —“esto que funcionaba en la teoría, ¿funciona finalmente en la práctica?”— la respuesta fue contundente: “Exactamente”. Pero además sumó un concepto cada vez más valorado en industrias globalizadas: la innovación incremental. “Nosotros creemos fuertemente en la innovación incremental, en que tenemos un producto que funciona, pero queremos que mejore cada día más. Es una cuestión de mejora continua”, afirmó, en una definición que dialoga con la necesidad del sector de ajustar eficiencia por gramo de conversión, por punto de postura o por reducción de mortalidad.

Eugenia Quibel introdujo una cuestión estructural: no todas las compañías pueden darse el lujo —por escala o inversión— de sostener granjas experimentales. Carusso reconoció alternativas: “pueden buscar granjas en diferentes instituciones, pueden contratar granjas privadas o pueden contactarse con nosotros y juntos podemos desarrollar una prueba”. Sin embargo, marcó la diferencia competitiva de contar con un espacio propio: “obviamente te va a brindar mucha más versatilidad en los ensayos que podés realizar”. En el detalle técnico aparece el valor agregado: la granja de BeFeed “cuenta con líneas de agua diferenciadas” que permiten tratamientos por agua o por alimento, combinaciones, y distintos grupos con diferentes dietas y productos vía bebida. Para una avicultura que en Argentina convive con heterogeneidad de instalaciones y calidades de insumos, esa capacidad de replicar escenarios y comparar estrategias se vuelve una herramienta de desarrollo potente.

En el terreno económico —donde la avicultura y el resto de las producciones animales compiten por maíz, soja, financiamiento y mercados—, Adalberto Rossi planteó si este tipo de servicio puede ser oneroso para empresas que deban tercerizar pruebas. Carusso evitó hablar de montos, pero lo abordó desde una lógica estratégica: “si vos no probás nuevas cosas, muy probablemente te quedes en el camino”. Y fue más allá, con una definición que interpela a todo el entramado agroindustrial, desde laboratorios hasta integraciones y productores: “Ni siquiera lo pensaría por el costo, sino porque no puedo no tenerlo, no puedo no hacerlo. Es algo totalmente excluyente”.

El mensaje final deja una lectura más amplia para la industria avícola latinoamericana, atravesada por costos internos, exigencias sanitarias, necesidad de agregar valor y la presión de un comercio exterior donde la eficiencia manda. En ese tablero, la innovación no es un eslogan: es un método. Y las granjas experimentales —propias o tercerizadas— aparecen como un puente entre la ciencia y el galpón, entre el laboratorio y el camión jaula, entre la idea y el resultado medible. BeFeed, en la voz de su responsable de I+D, resume esa filosofía en una frase sencilla pero decisiva: probar, ajustar y volver a probar, porque en producción animal lo que no se valida en el terreno, no existe

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