Con más de 700 inscriptos y participación simultánea de varios países, un webinar impulsado por CEVA vuelve a poner en primer plano el debate sanitario que atraviesa a toda la cadena avícola. Lucas Sara, médico veterinario con reconocimiento internacional, plantea que la vacunación contra influenza aviar ya no puede discutirse con categorías viejas: hay nuevas tecnologías disponibles, pero el desafío es compatibilizar sanidad, producción y comercio exterior en una Argentina de perfil exportador.
La foto de época es nítida: influenza aviar dejó de ser un tema “de manual” para convertirse en una variable diaria de gestión, desde el galpón hasta el mercado. En ese marco, los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel entrevistaron a Lucas Sara, referente técnico de CEVA, para presentar un encuentro virtual que busca ordenar información y, sobre todo, abrir una conversación que en el sector suele trabarse entre urgencias productivas y condicionantes comerciales.
Según explicó Sara, la iniciativa nació de las consultas que se multiplicaron tras los episodios registrados a comienzos de año. “Tuvimos casos en aves de traspatio, aves silvestres, pero también lo más importante, aves a nivel de granja, en la avicultura industrial”, describió. Ese salto de lo periférico a lo productivo encendió alarmas y reactivó preguntas conocidas —qué pasa, cómo se evita, cómo se mitiga— pero en un contexto regional y global más incierto. Por eso el webinar apunta a repasar epidemiología “no solo en Argentina, sino también en los países de la región… y después ampliar un poquito más a qué está pasando en otros países, como puede ser Europa, Centroamérica, México”.
El corazón del debate, inevitablemente, es la vacunación. Ante la pregunta directa sobre la conveniencia de vacunar, Sara fue categórico, aunque prudente: “Hoy hay experiencia y evidencia suficiente respecto a que es una herramienta, ¿no? Una herramienta más para un programa de control”. En su mirada, el punto no es “vacuna sí o no” como consigna, sino qué combinación de herramientas corresponde a cada escenario sanitario, productivo y territorial. Y remarcó un aspecto clave para la gobernanza sectorial: “Para mí lo importante es poder generar y dar la discusión, conocer las herramientas y las experiencias que hay de uso de vacunación. En función de eso, que sea la industria la que genere primero la discusión y después algún consenso”.
La Argentina, sin embargo, no decide en el vacío. Su cadena avícola convive con una tensión permanente: resguardar la producción y, al mismo tiempo, no cerrar puertas en el comercio internacional. Sara lo explicó con una comparación que el productor entiende rápido: así como Newcastle o influenza “terminan siendo restrictivas para el comercio, ya sea por la presencia de la enfermedad o por la implementación del programa de vacunación”. Para un país “con una industria de perfil exportador”, la evaluación debe ser quirúrgica. Pero hay un matiz novedoso: el salto tecnológico. “Hace 15 años, cuando hablábamos de vacuna de influenza, hablábamos de vacuna inactivada… Pero hoy hay vacunas de nueva tecnología… como las vectorizadas o de ARN mensajero. Son herramientas distintas a las tradicionales y esto cambia mucho las exigencias de los mercados internacionales. Hay escenarios donde puede ser compatible”, sostuvo.
La entrevista también dejó una definición política-productiva que trasciende la técnica. Rossi planteó la necesidad de una estrategia compartida entre subsectores: “No podemos seguir divididos los productores de pollo y los productores de huevo. Hay que hacer una estrategia en común”. El argumento es económico y social: en un mundo donde la influenza “está haciendo desastre a nivel global”, el pollo y el huevo sostienen la base de proteína más accesible para millones de consumidores. Si el virus altera oferta, costos y abastecimiento, el impacto se siente en inflación de alimentos, sustitución de importaciones y competitividad exportadora.
En esa línea, Sara insistió en que el primer paso es actualizarse porque “la enfermedad va cambiando, no es la misma de otros años”. Y allí aparece el valor del webinar como herramienta de política sectorial, aunque sea en formato digital: poner evidencia sobre la mesa, escuchar experiencias recientes —incluidas las de países latinoamericanos que comenzaron a vacunar tras los brotes de 2023— y habilitar preguntas. “La idea es generar un ámbito de conversación y discusión accesible para todo el que esté interesado”, explicó, subrayando que la actividad es gratuita y contempla un espacio de intercambio.
La conclusión, por ahora, no es un veredicto sino una hoja de ruta: más información, más coordinación y menos debate encapsulado. La influenza aviar ya no es un problema “sanitario” aislado; es un factor que condiciona inversiones, bioseguridad, costos, abastecimiento interno y comercio exterior. Y como resumió Sara, con una frase que funciona como mensaje para toda la cadena: “Lo fundamental es tener información y saber cómo usarla”

