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    La transformación del despique en la avicultura

    La industria avícola en Argentina atraviesa un momento de transición tecnológica que redefine prácticas históricas como el despique. Ariel De Marco, médico veterinario y referente del sector, analiza la adopción del sistema infrarrojo Novatech, sus ventajas en términos de bienestar animal y productividad, y los desafíos que enfrentan los productores en la implementación de esta nueva técnica en granjas con alta tecnificación.

    En el contexto de una industria avícola argentina cada vez más profesionalizada y tecnificada, la práctica del despique, históricamente reconocida por su carácter cruento, está comenzando a reformularse. Tal como señala Ariel De Marco, médico veterinario especializado y responsable del servicio técnico en Cabaña Camila, “claramente, el despique es una de las maniobras más cruentas en la recría y es fundamental estratégicamente buscar el momento más adecuado”. En diálogo con el programa de Agroindustria conducido por Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel, De Marco ofreció una mirada actualizada sobre esta técnica que históricamente se aplicó en momentos muy variados del ciclo productivo.

    Hasta hace poco tiempo, en muchas granjas argentinas se continuaba aplicando el despique tradicional, que consiste en cortar parte del pico del ave, generalmente entre los 15 días y las seis semanas de vida. Esta maniobra, si bien efectiva para reducir el canibalismo y mejorar el manejo, genera estrés y pérdida de crecimiento. “Normalmente perdemos el crecimiento de la semana gracias al despique tradicional”, indica De Marco. A nivel internacional, esta práctica ha sido mayormente reemplazada por tecnologías más amigables con el bienestar animal, como el sistema infrarrojo Novatech, que en Argentina comienza a ganar aceptación.

    Esta nueva técnica se aplica en el primer día de vida del ave y consiste en un tratamiento con infrarrojos que debilita el tejido del extremo del pico, el cual luego se caerá gradualmente entre los 10 y 21 días. Según De Marco, “es una práctica que está en concordancia con lo que es bienestar animal, porque el traumatismo es mínimo”. Además, permite eliminar el estrés que solía generarse en etapas clave de la recría, mejorando el desarrollo del animal. “Actualmente en las recrías que están llevando a cabo, a las 16 semanas ya tenemos el peso de las 17 semanas. Eso es muy favorable para el arranque de los animales”, asegura.

    La adopción de esta tecnología también está estrechamente ligada a la infraestructura de las granjas. “Hoy prácticamente más del 80% de la avicultura se encuentra en galpones tecnificados, con control de luz y sin luz directa”, destaca el médico veterinario, lo que permite aplicar esta técnica como un único despique de por vida. Este nivel de tecnificación es fundamental para que el ave pueda adaptarse adecuadamente, ya que, al tratarse de un procedimiento menos traumático pero que requiere un proceso de adaptación, el ambiente de recepción debe estar cuidadosamente controlado. “Tenemos que darle muy buena intensidad de luz, una perfecta temperatura. Es decir, tenemos que estimular”, subraya De Marco respecto al papel fundamental del manejo durante la primera semana.

    Desde el punto de vista del bienestar animal, esta tecnología representa una evolución esperada. “En el mundo es la única situación de despique que prácticamente está aprobada”, afirma De Marco. No obstante, también advierte que su implementación plantea nuevos desafíos: “El productor hoy tiene que recibir un animal con un mínimo traumatismo sobre el pico que es fundamental para la adaptación del ave”. El principal riesgo se centra en la fase de adaptación, donde se pueden presentar mayores tasas de mortandad si no se maneja correctamente el entorno y el acceso a agua y alimento.

    La transición hacia prácticas más respetuosas con el animal, como el despique con tecnología infrarroja, pone al productor argentino ante la necesidad de capacitarse, adaptarse y comprender que el bienestar animal no sólo es una demanda ética o comercial, sino también una condición que mejora los resultados productivos. “Tenemos que ayudar y facilitar el proceso de adaptación”, concluye De Marco, sintetizando un cambio cultural que ya comenzó y que promete transformar profundamente la avicultura local.

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