El verano golpeó con fuerza este año al centro del país. La Pampa, con su vasta geografía de campos y monte, sufrió uno de los peores focos de incendios en los últimos años. Según Ignacio Kovarsky, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), los daños ya rondan las 100.000 hectáreas. Sin embargo, el número exacto aún está pendiente, ya que “lo que nos falta es que los productores vayan acercándose a las rurales o a los municipios para cuantificarlo realmente”.


La mecánica de los incendios es bien conocida en zonas rurales, y el productor suele estar preparado. La normativa provincial requiere medidas preventivas como la creación de contrafuegos, conocidos comúnmente como “picadas”. Estos son espacios de suelo desnudo que se generan alrededor de casas, cultivos y alambrados. “En noviembre, diciembre, empezás a mover la tierra y ya estás aprovechando y lo estás haciendo porque sabes que es mucho más barato que el daño. Hay de todo: productores más prolijos, otros menos”, reconoce Kovarsky. Aun así, el fuego de este verano fue tan voraz que “saltó las picadas, saltó a la ruta. No se detuvo en muchos lugares”.
Las causas de los incendios, según el dirigente de CARBAP, se dividen entre naturales y humanas. “Conductas humanas, chispazos de motores, caños de escapes calientes, esas cosas pasan. Después tenés otras que son los rayos, ¿no? Tormentas eléctricas que te incendian por un rayo en seco”. También menciona la preocupación por irresponsabilidades evitables, como “vi gente viajando, cazadores y más, tiran pucho. Es una locura”.
Una vez apagado el fuego, comienza otra etapa crítica para los productores: la reconstrucción. “La ley de emergencia, en este caso de incendio, estipula que tiene que haber líneas (de crédito)”, indica Kovarsky. Desde CARBAP participaron de reuniones con el gobierno de La Pampa donde se presentaron posibles líneas de respaldo económico. “Hoy se firmaría la línea, y ahí vamos a saber montos que van a otorgar, que es fundamental saber qué montos son. Si te dan dos mangos con 50, no hacés un alambre”.
Si bien la asistencia financiera es clave, Kovarsky insiste en que se deben mejorar los esquemas de prevención y contención: “Hay que ver también cómo se mejora la contención del fuego, si es con algún avión hidratante de la provincia, si es con alguna gestión mucho más ágil ahora en verano, con alguna provincia que ya tenga aviones hidratantes o la Nación”. El desafío es mayúsculo y recién comienza. Estamos solo a principios de enero, y aún queda gran parte del verano por delante.

