Bioseguridad sin concesiones: el rol clave de la auditoría interna en Cabaña Avícola Feller

La ingeniera agrónoma Mariela Frickel, auditora del complejo Covise 2, explica cómo se estructuran y se aplican las estrictas normas de bioseguridad que definen a la cabaña. Desde la infraestructura edilicia hasta la capacitación diaria del personal, cada detalle cuenta.

En el corazón del complejo Covise 2, ubicado en Conscripto Bernardi, Entre Ríos, la bioseguridad no es solo un protocolo: es una cultura. Así lo vive y transmite la Ing. Agr. Mariela Frickel, responsable de auditar cada paso del funcionamiento interno de Cabaña Avícola Feller. Su trabajo no se limita a controlar que todo esté en orden, sino a construir, junto al equipo, una conciencia colectiva sobre la importancia de hacer las cosas bien, todos los días.

Mariela explica que la bioseguridad en Feller se estructura en tres niveles: natural, estructural y operacional. La primera está dada por el propio entorno: los núcleos de producción se construyeron en áreas aisladas, rodeadas de monte nativo que actúa como barrera biológica. La estructural incluye instalaciones edilicias adaptadas, como túneles de desinfección, cercos perimetrales, duchas obligatorias, vestuarios separados y cambios de indumentaria según zona.

La bioseguridad operacional es su principal foco. Es la que se construye a diario con cada trabajador. Cada ingreso a zona limpia implica dos duchas, cambio de ropa y un protocolo riguroso que no admite excepciones, ni siquiera para los dueños o veterinarios. Para lograr esto, la formación del personal es constante. Mariela realiza auditorías con fotografías y registros detallados que se convierten en herramientas pedagógicas. A partir de los errores, se construyen las mejoras.

Además, el compromiso con la higiene, el control de roedores, insectos y otros vectores se refuerza cada 15 días mediante monitoreos sistemáticos. La limpieza física se complementa con capacitaciones enfocadas en transmitir no solo el qué, sino el por qué de cada acción. Esto convierte a la bioseguridad en un hábito arraigado en los trabajadores, muchos de los cuales provienen de sectores rurales extensivos y se incorporan por primera vez a sistemas intensivos.

Mariela destaca que esta forma de trabajar no solo protege la salud de las aves y garantiza un producto seguro, sino que también transforma la manera en la que las personas se vinculan con su trabajo. “La bioseguridad bien entendida se vuelve cultura”, afirma. Y en Feller, esa cultura es parte del ADN corporativo.

Con su trabajo, Frickel no solo protege la producción, sino que eleva el estándar de lo que significa cuidar una cadena productiva: desde el huevo hasta el consumidor. En Covise 2, la bioseguridad no es una exigencia externa, es una convicción interna.

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