En los meses de verano, gran parte de Argentina experimenta olas de calor que afectan directamente a la producción agropecuaria, especialmente en la avicultura. Ante este fenómeno climático recurrente, Yari Lucerna, médico veterinario especializado en sanidad aviar y bienestar animal, brindó recomendaciones clave para mitigar el impacto del calor en las granjas. “Las aves tienen una temperatura corporal normal entre 40,5 y 42 grados, lo cual ya representa cinco grados más que nosotros”, explicó. Por eso, la necesidad de disipar ese exceso térmico se vuelve vital para preservar su salud y productividad.


El tipo de ventilación en los galpones es determinante. Según Lucerna, el 85 a 90% de las gallinas ponedoras actualmente están alojadas en sistemas con ventilación por presión negativa, más eficiente para grandes volúmenes de animales. No obstante, destacó que además del sistema de ventilación, “es fundamental que el galpón esté acondicionado, sobre todo en el techo, que debe tener poliuretano. Ahí se disipa hasta el 80% de la radiación térmica”.
Otra clave es la disponibilidad de agua. En verano, el consumo hídrico por ave aumenta significativamente: “el animal ahora, en verano, consume quizás un tercio más que durante el resto del año”. La regla básica, explicó Lucerna, es que una gallina que ingiere 100 gramos de alimento, necesita al menos 200 mililitros de agua. “Esto es crítico a la hora de calcular las reservas diarias para granjas grandes. Una de 40 mil gallinas debe contar con una provisión acorde”, agregó.
La entrevista también sirvió para resaltar el papel que juega la producción avícola en términos de sustentabilidad ambiental. “Según un informe del INTI, la producción de huevo es la que menor huella de agua y de carbono deja. La segunda es la producción de pollo. Es decir que las aves están a la vanguardia en eficiencia hídrica”, recalcó el veterinario.
Finalmente, Lucerna destacó el grado de profesionalismo que domina hoy al sector, en comparación con escenarios de décadas pasadas donde las olas de calor generaban mortandades masivas. “Hoy escuchás que como mucho bajó la producción un 5%, porque la gallina no llegó a estresarse. Esto habla de mejores tecnologías, manejo técnico y concientización del productor, que generalmente tiene su veterinario acreditado en bienestar y sanidad aviar”, concluyó.

