La industria de la carne en Argentina enfrenta un momento de oportunidades y restricciones en los principales mercados internacionales. La reciente decisión de China de aplicar un nuevo sistema de cupos con aranceles elevados para las importaciones de carne impacta directamente a productores y exportadores argentinos. “A Argentina se le impuso un cupo de 511 mil toneladas, que excedido comienza a pagar un arancel del 55% por encima del precio”, explicó Federico Santangelo, director de la consultora Agroideas, en declaraciones al programa AIDROS. Aunque esta cifra está en línea con los volúmenes exportados en los últimos años, representa un freno para el crecimiento futuro del sector.


Uno de los focos de Santangelo está puesto en el mercado estadounidense, que podría representar una oportunidad estratégica. Estados Unidos, además de ser un gran productor de carne, también es un importante importador. “Importa carne barata para elaborar hamburguesas, y Argentina tiene ya un cupo de 20 mil toneladas, que podría ampliarse a 80 o incluso 100 mil toneladas, pagando un arancel mínimo”, comentó Santangelo. La clave, sin embargo, es contar con el volumen productivo que permita aprovechar esa posibilidad, algo que hoy está en duda.
La producción nacional está en retroceso. Según los datos preliminares, en 2024 se faenaron 13,5 millones de cabezas, medio millón menos que en 2023 y un millón menos que en 2022. “Esto se debe a la baja en la producción y en el stock, que se habría visto claramente afectado por la sequía de hace dos o tres años, que redujo la tasa de preñez”, señaló Santangelo. Las cifras oficiales de Senasa, que se publicarán hacia marzo, serán claves para confirmar esta tendencia.
En el mercado interno el panorama no es menos desafiante. La suba de precios de la carne vacuna en los últimos meses responde a una menor oferta, mientras el consumo se mantiene estable. “El consumo ajusta por precio; siempre se consume lo que se faena, menos lo que se exporta”, explicó Santangelo. Esta ecuación ha llevado a que los consumidores opten cada vez más por carnes alternativas. “Las otras carnes son sustitutos perfectos: cuando la carne vacuna sube mucho, generalmente la gente la reemplaza”, comentó el especialista, destacando el creciente protagonismo del pollo y el cerdo en la mesa de los argentinos.
Con un mercado externo más complejo y una producción en baja, el desafío para la industria ganadera argentina parece estar en duplicar esfuerzos por encontrar nuevos destinos comerciales, aumentar la productividad interna y potenciar otros sectores agropecuarios. Los próximos meses serán decisivos para evaluar si el país logra adaptarse a este nuevo escenario global sin resentir su histórica potencia exportadora en materia de proteínas animales.

