Carne aviar argentina: entre la madurez del consumo interno y el desafío exportador

Con un consumo interno consolidado y una industria que alcanzó su madurez, el sector avícola argentino apuesta a fortalecer su perfil exportador. Carlos Sinesi, gerente general del CEPA, analiza el escenario actual, los logros de las últimas décadas y los retos estructurales para ganar competitividad en los mercados internacionales.

En las últimas décadas, la industria avícola argentina ha experimentado un crecimiento sostenido, posicionándose como una de las más eficientes del país. Desde los 22 kilos per cápita en el año 2000 hasta los actuales 47 a 49,5 kilos, el consumo interno ha alcanzado un techo que responde tanto a preferencias culturales como a la saturación del mercado. Según Carlos Sinesi, gerente general del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), “es muy difícil superar los 50 kilos en un país carnívoro como el nuestro, donde las tres carnes principales totalizan unos 115 kilos por persona por año”.

Un sector maduro que necesita ser más eficiente

La madurez del sector no implica estancamiento, sino la necesidad de reconvertirse hacia una lógica más eficiente. En este contexto, la exportación se presenta como la única vía de crecimiento genuino. “Cuando uno es maduro tiene que ser eficiente al máximo, porque es la única manera de competir en los mercados internacionales”, explica Sinesi. Esta eficiencia demanda inversión, infraestructura y sobre todo, financiamiento de largo plazo. “En los países líderes, el crecimiento se apalanca en financiamiento sostenido y políticas macroeconómicas estables”, remarca.

De los 700 mil a los 2,5 millones de toneladas

El recorrido del sector avícola ha sido significativo. A comienzos de siglo, la producción rondaba las 700.000 toneladas. Hoy, esa cifra se mantiene en torno a los 2,5 millones, con una estabilización global que también se observa en otras regiones. Este salto fue posible gracias a un plan estratégico iniciado en la década del 2000 por el CEPA, que apuntó a un crecimiento del 10 % anual, distribuyendo ese avance entre el mercado interno y el externo. “Tuvimos la mala suerte de Tailandia, que fue nuestra buena suerte: cuando ellos sufrieron un brote de influenza aviar en 2004, nosotros duplicamos nuestras exportaciones de 30.000 a 60.000 toneladas”, recordó Sinesi.

Hoy, la exportación es clave

Con más de 100 mercados abiertos y exportaciones activas a 65 destinos, Argentina ha consolidado su presencia internacional. Corea, Filipinas y la reapertura de China son algunos de los logros más recientes. Sin embargo, las 250.000 a 260.000 toneladas exportadas por año todavía lucen pequeñas frente al gigante brasileño, que supera los 5 millones de toneladas. Para Sinesi, alcanzar las 400.000 o 450.000 toneladas en los próximos 7 u 8 años es posible, siempre y cuando “existan las condiciones macroeconómicas que permitan planificar”.

Brasil como espejo: previsibilidad y políticas de Estado

Un punto central del análisis radica en la comparación con Brasil. Allí, más allá del color político de los gobiernos, se mantuvo una línea coherente en términos económicos, lo cual garantizó previsibilidad y crecimiento para el sector. “Desde Cardoso hasta hoy, Brasil nunca dejó de crecer en producción avícola. Eso es lo que deberíamos imitar”, señala Sinesi.

Factores que condicionan la competitividad

La coyuntura macroeconómica argentina presenta múltiples desafíos para la exportación: tipo de cambio desfavorable, derechos de exportación, y una fuerte devaluación del real en Brasil, que afectó la paridad. Estas variables encarecen los productos argentinos y reducen su competitividad frente a competidores como Brasil o Estados Unidos.

La demanda mundial y el rol de la industria

Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, el comercio mundial de carne aviar creció un 50 % en los últimos 15 años. Hoy representa casi 15 millones de toneladas, de las cuales Argentina participa con apenas el 2 %. La calidad sanitaria del producto argentino, su inocuidad y su bajo uso de antibióticos le otorgan una reputación sólida. Pero se requiere de infraestructura (especialmente en frío), financiamiento e incentivos para lograr un salto de escala.

Una industria que piensa en el largo plazo

El CEPA insiste en la necesidad de implementar políticas de Estado que acompañen la inversión privada. “La producción crece con previsibilidad, no con parches”, enfatiza Sinesi. Para 2024, la reapertura de China y otros destinos puede dar un respiro, pero la clave estará en sostener un proyecto exportador articulado entre sector público y privado.

Mirando al futuro: Expo Avícola como plataforma de diálogo

La industria avícola argentina tendrá una cita clave el próximo 2 de julio con la realización de la Expo Avícola en conjunto con Porcinos 2025. Este espacio, en palabras de Sinesi, será una oportunidad para “encontrarnos, debatir y avanzar en la agenda que el sector necesita”. La madurez del consumo interno marca un punto de inflexión: es tiempo de transformar esa madurez en liderazgo exportador.

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