Legado y proyección: el motor humano de Cabaña Avícola Feller

Helen Motta, Gerente General, y Juan Martín Stojokowski, tercera generación de la familia fundadora, compartieron una mirada íntima sobre la cultura organizacional de Cabaña Avícola Feller. Vocación, pertenencia y continuidad familiar se conjugan como pilares del éxito de esta empresa con más de seis décadas de trayectoria.

En este bloque del programa, Cátedra Avícola & Agropecuaria profundizó en el costado humano de Cabaña Avícola Feller. La Gerente General, Helen Motta, destacó la pasión, la vocación y el fuerte sentido de pertenencia que atraviesan a cada colaborador de la compañía. “Lo mejor que puedo escuchar es que sienten que forman parte”, expresó emocionada.

Helen subrayó que esta cultura se construyó desde el ejemplo. El legado de su padre, Héctor Motta, se materializa en el compromiso diario de cada trabajador, desde quienes reparten pollitas hasta quienes integran el equipo comercial o administrativo. Para ella, el secreto está en la cercanía, la escucha activa y en fomentar espacios de encuentro más allá de lo laboral.

La integración de nuevas generaciones fue otro eje central. Helen habló de la importancia de incorporar juventud al equipo, entendiendo que el recambio generacional potencia la innovación y revitaliza los equipos. “Las segundas y terceras generaciones vienen con otra mirada, y eso suma”, aseguró.

Esa afirmación cobró cuerpo con la participación de Juan Martín Stojokowski, nieto de Héctor e hijo de Helen. Actualmente trabaja en el área administrativa y comienza a recorrer las rutas comerciales como parte de su formación. “Mi abuelo me pidió que camine la calle y aprenda del contacto directo con el productor”, compartió.

Graduado en marketing, Juan Martín reconoce la presión de pertenecer a una familia emblemática del sector, pero también el valor de aprender del ejemplo. Su intención es sumar desde su formación académica, aportando nuevas ideas a una estructura consolidada. “Es un mix entre experiencia e innovación”, sintetizó.

Con claridad y entusiasmo, ambos dejaron en evidencia que el motor de Cabaña Avícola Feller no solo es genético o técnico, sino profundamente humano. El capital más valioso de la empresa es su gente: la que está, la que llega y la que seguirá construyendo este legado productivo con visión de futuro.

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