Después de más de tres décadas de trabajo científico y multiplicación de aves, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) logró un paso clave en la avicultura nacional: cerrar su propio ciclo genético de la ponedora Negra INTA mediante el nacimiento de más de 1.500 reproductores propios. Este logro, concretado en la Estación Experimental de INTA El Colorado, representa un avance fundamental hacia la autosuficiencia genética y la independencia productiva para los sistemas avícolas del noreste y noroeste argentino.
Genética propia para condiciones regionales exigentes
La ponedora Negra INTA es una línea emblemática de la avicultura argentina, caracterizada por su rusticidad, alta productividad y adaptación a sistemas extensivos, especialmente en climas cálidos y húmedos. Hasta ahora, el abastecimiento de reproductores dependía de centros de multiplicación más alejados, lo que implicaba mayores costos y desafíos logísticos para los productores de regiones como Formosa, Corrientes, Misiones, Chaco, Jujuy, Salta y el norte de Santa Fe.
Con este desarrollo, el INTA logró producir su propia base genética, adaptada específicamente a las condiciones ambientales del norte argentino. El proceso demandó más de 60 días de trabajo intensivo, centrado en la recuperación y manejo de líneas puras para garantizar calidad y eficiencia reproductiva.


Infraestructura diseñada para el clima extremo
Para poder conducir este proyecto, el centro avícola dispone de un galpón especializado de 10 por 25 metros, climatizado y con aislamiento térmico, que mantiene condiciones ambientales estables incluso durante los picos de calor característicos del norte del país. Este control ambiente es clave tanto para el bienestar de las aves como para el rendimiento reproductivo de alto valor genético.
Un impacto productivo y estratégico
Más allá del efecto inmediato sobre la disponibilidad de reproductores, este desarrollo tiene implicancias profundas para la sostenibilidad del sistema productivo regional. La consolidación de un núcleo genético propio permite:
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Reducir la dependencia de centros externos o importaciones costosas.
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Asegurar la continuidad de las líneas puras de razas base como Plymouth Rock Barrada y Rhode Island Red.
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Fortalecer la oferta local con aves adaptadas al clima y exigencias productivas del NEA y NOA.
“El objetivo es que los productores del norte cuenten con genética desarrollada para su propio ambiente, sin depender de centros lejanos ni importaciones costosas”, sintetizó Alejandro Bettella, responsable del Centro de Multiplicación de Aves “Nilo Alberto Schaller”, durante la presentación de los resultados.
Este avance marca un hito en la avicultura nacional no solo desde el punto de vista técnico, sino también como una herramienta estratégica para asegurar la producción avícola sostenible, eficiente y competitiva en regiones con desafíos climáticos particulares.

