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    Acuerdo Unión Europea-Mercosur: una oportunidad histórica para la agroindustria argentina

    Tras más de dos décadas de negociaciones, el inminente acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur se presenta como una oportunidad estratégica para el sector agroalimentario argentino. El Lic. Gustavo Idígoras, presidente de CIARA-CEC, explicó los alcances y potencial de este convenio, centrándose en su impacto sobre la industria avícola, ganadera y agroindustrial del país.

    El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, que lleva más de 25 años en proceso de gestación, se encuentra en su etapa final de definición, y promete transformar el horizonte de la agroindustria en Argentina. Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC), dialogó con periodistas especializados en la materia sobre los múltiples beneficios —no solo comerciales, sino también regulatorios— que implicaría este histórico tratado para el país. “Cuando se negocian estos acuerdos de libre comercio, uno lo que primero quiere es una expansión fuerte de las exportaciones. En este caso, la expansión va a ser limitada, pero el mayor beneficio es la parte regulatoria”, afirmó el especialista.

    Idígoras señaló que el verdadero valor del acuerdo con Europa reside en la alianza con el principal generador de normativas sanitarias y ambientales a nivel global. Esta asociación, sostiene, permitirá a Argentina participar del diseño de estándares antes de que se impongan como obligatorios, lo que redundará en múltiples ventajas para la producción nacional. “Entramos en un club de países preferenciales por haber firmado un acuerdo”, explicó, y dio el ejemplo del tratamiento diferencial que recibirían productos nacionales ante eventuales brotes sanitarios como la influenza aviar, un riesgo latente para la avicultura.

    Aunque en la actualidad el 70% de las exportaciones agroindustriales argentinas se orientan hacia el sudeste asiático —con China, India y otros países como principales compradores—, el mercado europeo continúa siendo estratégico por su poder adquisitivo y por su rol de “sello de calidad” a nivel internacional. “Si uno está autorizado para exportar a Europa, es como haber ganado la Champions League. Entonces uno puede exportar a cualquier parte del mundo”, sostuvo Idígoras. Desde el punto de vista de la industria avícola, lograr cumplir con los exigentes requisitos europeos puede convertirse en una llave para abrir múltiples mercados adicionales.

    Uno de los aspectos más prometedores del acuerdo, especialmente para el mediano plazo, es la posible relocalización de inversiones “in situ” por parte de empresas alimentarias europeas. La agricultura y ganadería del Viejo Continente atraviesan una crisis profunda, producto del envejecimiento del sector, la baja eficiencia y la dependencia de subsidios estatales. “La edad promedio de un productor agropecuario en Europa es de 72 años. No hay reconversión generacional”, advirtió Idígoras. Este escenario, combinado con la certeza jurídica que ofrece un acuerdo de libre comercio, abre la puerta a inversiones europeas en el Mercosur, y particularmente en Argentina, como uno de los países con mayor competitividad en la cadena agroalimentaria.

    Sin embargo, para que Argentina pueda capitalizar plenamente estas oportunidades, aún existen desafíos internos por resolver. Los derechos de exportación y los altos costos logísticos figuran al tope de la agenda. “Ningún país del mundo que pretende ser un proveedor de alimentos cobra impuestos a sus productos eficientes para exportar. Es el caso de Brasil”, criticó Idígoras. Además, señaló la urgente necesidad de mejorar el sistema ferroviario, la infraestructura vial y la hidrovía como vías para reducir los costos de flete y elevar la competitividad.

    Finalmente, el presidente de CIARA-CEC reflexionó sobre las razones detrás de los 25 años que demoró la concreción del acuerdo. “Era la historia de un fracaso interminable”, confesó, atribuyendo el estancamiento a la negativa europea a abrir su agricultura a la competitiva producción sudamericana. Sin embargo, reconoció que la geopolítica actual —con una Europa presionada por conflictos externos y con Estados Unidos priorizando otros intereses— ha forzado al bloque europeo a mirar hacia el Mercosur como un socio seguro, confiable y productivo en alimentos y bioenergía.

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