En un escenario donde la eficiencia productiva en avicultura y porcicultura se define cada vez más por detalles de manejo, Abiotec está empujando un cambio que puede parecer simple pero no lo es: mover la estrategia de probióticos hacia el agua. “El 25 fue muy benévolo para nosotros en cuanto al desarrollo y la implementación de productos nuevos, líneas nuevas, sobre todo de administración en agua”, explicó Peltzer Meschini en la entrevista. Detrás de esa frase hay una decisión tecnológica: reformular para que la bacteria sobreviva y funcione en un medio exigente, y construir un esquema de implementación que sea replicable a campo.
El ejecutivo fue claro en que la innovación no termina en el producto. “Fue un cambio drástico, además desde el punto de vista estratégico, la administración del probiótico a través del agua, con una modificación de la formulación que nosotros tenemos para adaptar a la bacteria a ese ambiente”, detalló. Y proyectó un horizonte inmediato: “En el 2026 nosotros consideramos que va a haber una consolidación firme de ese tipo de estrategias, porque viene aparejado de todo un bagaje tecnológico y de implementación”, sostuvo, respaldado —según planteó— por resultados que ya están observando.
Pero si el probiótico viaja por el agua, el agua deja de ser un insumo invisible para convertirse en variable crítica. Ante la pregunta directa sobre su rol, Peltzer no dudó: “Totalmente, totalmente. Porque vos podés aplicar el mejor producto a través del agua, pero si el agua no es buena… lo estás subcuantificando”. En otras palabras: con agua deficiente, el productor paga tecnología para obtener una fracción del efecto. Y el problema no es solamente microbiológico; es de gestión integral del ambiente, donde el agua se cruza con caudal, pH, sales, biofilm y limpieza de líneas.
En esa línea, el CEO citó una definición que, por simple, se vuelve incómoda para cualquier sistema intensivo: “Como siempre dice el ingeniero Terrado, los dos principales nutrientes son el aire y el agua”. El mensaje es político-técnico a la vez: la producción moderna exige infraestructura, protocolos y control, no solo genética y alimento. “Entonces, donde manejo mal el aire y manejo mal el agua, al animal mucho no le puedo pedir”, remató. Y vinculó el punto con una etapa de alta sensibilidad en pollos y lechones: “De ahí la importancia de la primera semana del animal”, en temperatura y calidad del agua.
Según describió, la empresa está empujando a sus clientes a profesionalizar ese manejo: “Lo que nosotros pregonamos cuando visitamos a nuestros clientes es dar ese paso que muchos, por la dinámica del día a día, no le dan la suficiente importancia, que es el tema del agua”. ¿Cómo se traduce en la práctica? “Empiezan a mejorar la calidad de agua, acidificándola, dosificándola, tratándola de forma tal que al animal le sirva eso. Entonces, al tener una matriz o un vector óptimo, nosotros podemos aplicar correctamente el producto y el producto genera todo su potencial”.
El otro frente donde Abiotec busca crecer condensa un fenómeno económico y cultural con impacto directo en la agroindustria: el mercado de mascotas. Peltzer lo enmarcó con datos y una afirmación potente: “Argentina es el país con más tasa de mascotas en el mundo. Es el segundo productor de alimento más grande del mundo y es el primer exportador de alimento de mascotas del mundo”. Allí, la sanidad y la nutrición se unen con el bienestar a largo plazo: “Como no es un animal de cría intensiva, sino que vive 15 o 20 años, todo es en pos de un bienestar a largo plazo. Y ya no es un animal, es parte de la familia”.
En ese segmento, Abiotec se posiciona con una solución tecnológica concreta para un problema industrial clásico: cómo incorporar un probiótico sin destruirlo durante la extrusión del alimento balanceado. “Fuimos pioneros en la implementación del probiótico en la croqueta a través de una metodología de cobertura que desarrollamos nosotros”, explicó. El diagnóstico es técnico: “El proceso de producción de la croqueta pasa por una extrusión, que es prácticamente una cocción-esterilización. Hay altas presiones y temperaturas. Entonces, si vos ponés el probiótico en la masa, no queda nada”. La respuesta fue un “coating” post extrusión, en medio oleoso o en polvo, aprovechando el paso donde ya se incorporan otros aditivos: “Ahí entramos a través de un coating… La bacteria no sufre estrés y tiene una sobrevida excelente”.
Finalmente, apareció la pregunta que en cualquier cadena productiva ordena la discusión: el costo. Peltzer eligió una mirada de competitividad, clave para una Argentina donde la eficiencia se juega también con tipo de cambio, financiamiento y acceso a insumos. “Cuando hacés el cálculo costo-beneficio y el precio de producción por tonelada, no te impacta a nivel monetario. Y le estás sumando un nivel tecnológico enorme. El beneficio es cuantioso”, afirmó. El mensaje, aplicable tanto a granjas de aves y cerdos como a plantas de alimento pet, es que la tecnología no siempre encarece: puede ser, sobre todo, una herramienta para estabilizar desempeño, reducir problemas y sostener productividad en un mercado cada vez más exigente.

