El girasol ha dejado de ser solo un cultivo de verano para transformarse en un protagonista clave del agro argentino. “Es la consolidación de lo que veníamos viendo”, asegura Juan Martín Salas Oyarzún, presidente de la Asociación Argentina de Girasol (ASAGIR), en diálogo con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel. Según cifras del Consejo Agroindustrial Argentino, el complejo girasolero fue el que más creció en exportaciones durante el último año, con un salto del 50%. Salas destaca que esta performance fue impulsada tanto por condiciones climáticas favorables en el norte, como por la confianza renovada de los productores.
“La voluntad de apostar por el cultivo vino acompañada de agua en la siembra en el norte del país, como Chaco y norte de Santa Fe, lo que empujó fuertemente la producción”, explicó el dirigente. A medida que la cosecha avanzó, los resultados superaron las expectativas. La noticia es doblemente positiva: no sólo creció el volumen, sino también la diversificación de productos ofrecidos al mercado interno y externo. “Vemos cada vez más presencia del girasol en góndolas, desde aceite común hasta snacks y semillas sin procesar”, señaló Salas, destacando el alineamiento con la tendencia global de alimentación saludable.
Consultado por la distribución de los beneficios de este crecimiento a lo largo de la cadena, Salas fue claro al afirmar que “la industria sigue a la producción”, y esto ha estimulado la llegada de nuevas empresas grandes al negocio. “Uno espera que el mercado se vaya haciendo más diversificado de lo que era y se consigan precios más acordes con las expectativas de los productores”, apuntó. También subrayó que además del aceite crudo —la principal exportación del complejo— este año creció el volumen exportado del grano en sí, lo que fortalece la conexión directa con los mercados consumidores.
Sin embargo, no todo es bonanza para el girasol. Las complicaciones climáticas también dijeron presente en 2025, especialmente en regiones de la Cuenca del Salado y zonas como Carlos Casares y 9 de Julio, afectadas por lluvias e inundaciones. “Hubo distribuidores que recibieron bolsas de vuelta porque no se iba a poder sembrar”, reconoció el dirigente, aunque aclaró rápidamente que “esas regiones no son hoy el núcleo girasolero”. La expansión hacia zonas no tradicionales, como el norte argentino, Córdoba y el centro de Santa Fe, compensó las pérdidas a nivel general de la cadena.
Más allá de lo productivo, hay un componente emocional y estético que envuelve al girasol. “No puedo ser muy imparcial, pero creo que es el cultivo extensivo más atractivo visualmente. Esa explosión de color, las abejas… es espectacular”, confesó Salas, aludiendo a la postal frecuente que se observa en las rutas argentinas entre enero y febrero. De hecho, destacó el papel de la zona sudeste de Buenos Aires como uno de los polos principales de esta etapa de floración.
Finalmente, Salas aprovechó la entrevista para invitar al 8° Congreso Nacional de Girasol, que se celebrará el 16 de abril en Mar del Plata: “Vamos a estar esperando a los productores y también a ustedes”, concluyó con entusiasmo. En tiempos donde la agroindustria busca diversificarse y agregar valor, el girasol argentino florece no solo en los campos, sino también en los mercados del mundo.

