Se realizó una medición para el período 2001/2015, de la cuenta de producción (valor bruto de producción y valor agregado), el volumen de exportaciones y del empleo de las diferentes cadenas agroalimentarias (CAA), tanto a precios corrientes como a precios constantes, además de su localización geográfica e inserción internacional. Se identificaron 31 CAA.

Históricamente, Argentina ha tenido una posición privilegiada como proveedor de alimentos y materia prima de origen vegetal y animal a nivel mundial, y existe un consenso respecto de que el sector mantiene un rol clave en la economía del país.

Tanto factores de origen interno (dotación de recursos naturales, eficiencia en la producción primaria, cambios tecnológicos y organizacionales observados, grado de industrialización en algunos rubros) como externo (oportunidades del escenario internacional, demanda actual y futura de alimentos) fundamentan que la Argentina está en condiciones de fortalecer su competitividad internacional y su inserción en las cadenas de valor alimentarias globales, aportando a su vez a la resolución de otro desequilibrio argentino como es el desarrollo territorial.

Otros factores que refuerzan lo anterior es el proceso de sofisticación de los alimentos (nutracéuticos y probióticos), la aparición de los biomateriales y fundamentalmente de los biocombustibles. En ese contexto, el agro –que en Argentina es un adelantado en tales materias–, se torna fuente de materia prima para alimentos sofisticados, biomateriales y bioenergía.

El potencial de crecimiento del sector, y esta tendencia al cambio estructural, requiere de una readaptación de políticas públicas capaces de acompañar y promover la incorporación y el desarrollo de tecnología, el diseño de marcos institucionales específicos para cada mercado y la expansión de las capacidades pormenorizadas del sector. El cambio de política económica que fue aplicado a partir de 2016 posee fuertes implicancias para el sector agroalimentario, particularmente respecto de la estrategia de apertura al mundo.

Sin embargo, el diseño de políticas públicas requiere un conocimiento acabado de la realidad del sector agroalimentario, lo que cobra aún más relevancia si se tienen en mente los cambios productivos, técnicos, organizacionales, económicos y regulatorios que tuvieron lugar en nuestro país en las últimas décadas.

Todo ello amerita un cambio de perspectiva analítica: desde el productor individual a la red de contratos dedicados a la actividad y desde los granos a la cadena completa de actividades. Es claro en este sentido que las estadísticas convencionales para el seguimiento del “nivel de producción” (en particular, los volúmenes de cosecha o las cabezas faenadas) resultan insuficientes para comprender la importancia y la dinámica del sector, en un contexto donde la producción agropecuaria se transformó en sinónimo de materia prima para usos diversos más allá de la alimentación (energía, químicos, farmacéutica, etc.).

A pesar de ello, sigue siendo poco lo que se conoce en términos concretos y actualizados acerca de su real magnitud y evolución de los encadenamientos agropecuarios así como la comparación entre ellos, lo que se ha visto acentuado por el contexto de debilidad estadística que el país experimentó en la última década.

Sin embargo, es necesario actualizar dicha medición a la luz de los nuevos cálculos de Cuentas Nacionales publicados recientemente y ampliarlo con el fin de tener nuevos indicadores que permitan señalar las fortalezas y debilidades de cada una de las producciones. Las 31 Cadenas Agroalimentarias (CAA) identificadas (que abarcan el 98% del valor agregado agroalimentario del país) generaron durante 2015 valor agregado por $484.753 millones (10% del producto interno bruto, PIB); $1.148.428 millones de valor bruto de producción (12% del valor bruto de producción (VBP) nacional); con un total de 1.907.498 personas ocupadas (10% del empleo nacional) y exportaciones por US$ 32.344 millones (57% de las exportaciones del país).

Aunque relativizar las CAA respecto del total de la economía es útil, también es cierto que dentro de ese total hay diversas actividades (como las de servicios, administración pública) que tienen características muy diferentes y, por lo tanto, el dimensionamiento puede resultar confuso.

Además, esas actividades están dentro del valor bruto de producción, valor agregado o empleo nacional, pero no en el total de exportaciones donde sólo se tienen en cuenta el comercio de bienes. Por lo tanto para uniformar el denominador (PBI total, empleo, etc.), resulta necesario explicitar el peso de las cadenas respecto solamente del total de la producción de “bienes” (excluidos los servicios) .

A su vez este recorte en el “denominador” se fundamenta en que en el cálculo de las cadenas sólo se tuvieron en cuenta (con la excepción de transporte de carga) las ramas agropecuarias, silvícola y manufacturera; todas correspondientes a la producción de bienes.

Según lo evaluado, las CAA aportaron durante 2015 el 15% del PIB. De los datos agregados, se desprende claramente que uno de los principales aportes de las CAA al conjunto de la economía se encuentra en su rol clave en la inserción internacional. Es interesante notar que, al año 2015, las actividades primarias y agroalimentarias en su conjunto (productos primarios y manufacturas de origen agropecuario) registraron un superávit cercano a los US$ 33 mil millones, mientras que el resto de las actividades industriales alcanzaron un déficit de US$ 32 mil millones.

En este sentido, las CAA además de ser el núcleo central de inserción del país en el comercio internacional, son proveedoras de divisas. La cadena soja representa el 26% del valor agregado del total de las CAA, seguida por tres producciones: bovino, lácteo y trigo. Entre estos cuatro complejos se concentra el 59% del total de valor agregado de las CAA. La noción de “valor agregado” (VA) sin embargo suele ser difusa, ya que no ofrece una medida exacta del volumen de facturación o circulante, ni una noción de magnitud sobre el negocio que rodea a las CAA.

Con el fin de comparar cada uno de los submercados asociados a los complejos productivos es útil analizar la distribución del valor bruto de producción (VBP) que, si bien presenta duplicaciones (los insumos de las ventas de un eslabón aguas arriba se incluyen dentro del valor bruto de la actividad aguas abajo) se aproxima a la noción de “facturación” más habitual en los negocios. En este sentido, el mayor volumen de facturación se encuentra en el procesamiento industrial (53%), seguido por la producción primaria (34%) Por el contrario, el panorama cambia claramente en el caso de considerar el valor agregado, donde la producción primaria aporta el 54%.

Entre los servicios y productos que asisten a la producción primaria se destacan el transporte y el empaque, seguidos por los servicios agropecuarios, los agroquímicos y, muy de cerca, la producción de semillas, que ha ganado relevancia en la generación de valor entre las cadenas.

En cuanto a las exportaciones, el procesamiento industrial supera a las exportaciones primarias, dato que es consistente con la predominancia de las MOA (manufacturas de origen agropecuario) por sobre los PP (productos primarios) en las categorías convencionales utilizadas por el Sistema de Cuentas Nacionales.

GEOGRAFÍA (TERRITORIALIDAD)

Una de las características de las CAA es que tienen una importante cobertura geográfica nacional, y son un motor fundamental de equidad territorial. En la provincia de Buenos Aires se lleva a cabo el 32% del valor agregado, seguida por Santa Fe con el 18% y muy cerca, Córdoba con el 17%. Luego se encuentra la otra provincia pampeana, Entre Ríos, con un aporte del 7,6%.

El peso de las CAA en el total del producto nacional es del 10% a precios corrientes (15% a precios constantes de 2007), pero este promedio oculta realidades territoriales extremadamente heterogéneas, con participaciones en el producto bruto geográfico (PBG) que van desde el 38% al 0,05%.

En particular, es posible observar que el 38% de la actividad económica de la provincia de Entre Ríos se corresponde a actividades relacionadas con las CAA (donde predominan forestal, soja y avícola); Misiones 24% (yerba mate y forestal), 23% en el caso de Santa Fe (soja, lácteo y cebada); 22% Córdoba (soja y lácteo) y La Pampa (bovino y soja).

Las estimaciones de producto bruto geográfico son propias en base a datos de las diferentes direcciones provinciales de Estadística y de la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales del INDEC.

Otra forma de analizar los resultados en los distintos ámbitos geográficos es considerar el efecto de cada una de las CAA a lo largo del territorio, es decir, medir cuán concentrada geográficamente se encuentra cada una de las cadenas. Si bien una gran parte de la concentración está explicada por razones técnicas (existen condiciones naturales específicas necesarias para el desarrollo de determinados cultivos), esta información es importante a la hora de considerar las políticas públicas, ya que el impulso a una de las cadenas en particular puede generar efectos horizontales si al mismo tiempo se desincentiva la producción de otra.

La mayor parte de la generación de empleo de las CAA se encuentra hoy asociada a los encadenamientos aguas abajo, por lo que el fomento de una determinada actividad puede generar consideraciones diferentes en cuanto a su impacto territorial, según si se analiza el conjunto de la cadena o si se desagrega el efecto del eslabón en el cual dicha política impacta.

Si hacemos un perfil de la producción agroalimentaria de cada provincia teniendo en cuenta solamente las cadenas que generan el 80% del total local, es posible distinguir tres grupos de provincias: a) las de la región pampeana, con la preponderancia de sus cadenas típicas (soja, bovino, lácteo, trigo, girasol); b) provincias fuera de esa región cuyo mayor valor agregado lo generan las “cadenas pampeanas”; y c) un grupo de jurisdicciones que conservan su perfil regional.

Dentro del primer grupo, en la provincia de Buenos Aires el valor agregado de las cadenas agroalimentarias está explicado un 80% por seis de ellas: soja (23% del valor agregado total de las CAA provinciales), bovino (19%), lácteo (12%), trigo (13%), avícola (8%) y porcinos (7%); por lo cual, es una de las provincias más diversificada. La situación de Santa Fe resulta bastante similar: en orden de importancia, aparecen soja (39%), lácteo (20%), bovino (12%) y cebada (8%). En Córdoba resaltan cuatro CAA con mucha concentración: soja (aporta 38%), lácteo (19%), maíz (11%) y trigo (10%). Por su parte, en La Pampa aparecen cuatro CAA bien “pampeanas”: bovino (34%), soja (24%), trigo (13%) y girasol (9%).

Entre Ríos, que era tradicionalmente la provincia de carácter más agroalimentario, es también una de las más diversificadas con: avícola (30%), soja (20%), bovino (11%), cítrico (10%), arroz (9%) y forestal (9%).

Luego, es posible distinguir un grupo de provincias que no son pampeanas, sino que están ubicadas en el Norte o Cuyo, pero cuyas CAA preponderantes sí lo son, avalando lo difusa que se ha vuelto la caracterización entre pampeano y no pampeano, ante el avance del nuevo modelo productivo.

Por ejemplo San Luis, de la región de Cuyo, es en cuanto a producción de CAA totalmente pampeana, ya que el 80% del valor agregado lo aportan bovino (34%), soja (32%) y maíz (18%).

En las provincias del norte, la principal CAA de Catamarca es bovino (que genera el 36% del VAB agroalimentario), luego olivo (17%), soja (12%) y uva (9%). En Corrientes, cuatro CAA aportan el 80% del VA; la principal es una cadena “pampeana”: bovino (37%); y luego aparecen las “regionales”: arroz (23%), cítrico (10%) y yerba mate (9%). Dentro de las provincias de noroeste las que mantienen su perfil regional son Jujuy, donde las cuatro CAA que aportan el 81% son: tabaco 28%, forestal 21%, caña de azúcar 20%, cítrico 6% y limón 6%; La Rioja donde el mayor aporte lo realizan CAA no pampeanas como uva 36%, olivo 28%, tomate 14% y Tucumán donde el principal aporte lo hacen CAA regionales como limón (37%), caña de azúcar (19%), berries (19%) y soja (7%). De las típicas tres provincias de Noreste, solo Misiones mantiene un perfil regional, con dos CAA como yerba mate (42%) y forestal (42%).

Las provincias cuyanas Mendoza y San Juan también conservan perfiles regionales. La primera con CAA como uva (63%), tomate (8%) y ajo (7%) mientras que en San Juan el valor agregado agroalimentario lo aportan en un 66% uva y tomate (18%).

Las provincias patagónicas también tienen perfiles específicos, donde las más norteñas son a su vez las más especializadas del país: en Neuquén solo peras y manzanas aporta el 66% y en Río Negro esa misma CAA aporta el 72%.

En el resto de provincias patagónicas predomina la producción de ovino (74% en Chubut, 89% en Santa Cruz y 65% en Tierra del Fuego). INSERCIÓN INTERNACIONAL Además de los aspectos geográficos, las CAA cumplen un papel fundamental en la inserción externa de la Argentina, ya que en su conjunto aportan el grueso de los ingresos netos por comercio exterior.

El año 2015 las CAA exportaron un total de US$ 32.344 millones, lo que representó un 57% de las exportaciones totales del país. El 55% de esas exportaciones lo aporta la CAA soja. Muy lejos se encuentra maíz (10%), bovino (6%), trigo (4%), uva, lácteo, maní, cebada y forestal. Estas cadenas concentran el 90% del total de las exportaciones. La participación en el total es, sin embargo, una manera poco adecuada de medir la inserción internacional de cada una de las CAA.

Una forma de notar cuán abiertas (o cuán importante resulta el sector externo en la cadena), es observar la participación de las exportaciones en el total del VBP. En este sentido, es posible subrayar que las CAA venden en promedio en el exterior el 25% de su VBP, pero tienen un grado de internacionalización (Expo/VAB) mucho más importante (58%) que el promedio de la economía nacional (11%).

Las cadenas cuyas exportaciones representan un porcentaje mayor de la facturación son la miel, maní, soja, té, olivo y maíz; y en ellas el impacto de las modificaciones cambiarias es más fuerte. Otra forma de analizar la importancia de las cadenas en el comercio exterior es reparar en la posición de las exportaciones argentinas por CAA en el mercado mundial.

En este sentido, es posible observar que el país es el primer exportador mundial de yerba mate, maní, limón; el segundo exportador mundial de productos de soja y el tercero de maíz, miel, ajo y sorgo. PRINCIPALES ESLABONES Si bien es interesante conocer la estructura actual de las CAA, la imagen de un solo año no alcanza para brindar un conocimiento amplio.

La historia de su evolución es interesante, considerando que durante los 15 años transcurridos entre 2001 y 2015, se han registrado cambios tanto institucionales como tecnológicos, así como también en la estructura de precios relativos, por lo que un panorama sobre los cambios en las CAA es imprescindible para proyectarlas hacia el futuro. En este sentido, durante el período analizado, las CAA han experimentado un crecimiento en volúmenes del 43%, fundamentalmente impulsadas por las actividades primarias, que registraron un aumento entre puntas del 51%, mientras que las actividades manufactureras lo hicieron en 39%.

En otras palabras, es posible concluir que a lo largo del período, el sector ha ido generando mayores volúmenes de productos primarios que no han sido completamente acompañados por la generación de eslabonamientos aguas abajo de la misma magnitud. En valores constantes, con las excepciones de los años 2002, 2009 y 2012, las CAA han experimentado una evolución positiva, que les permitió promediar una participación en el PIB del 15%.

Cuando se desagrega el nivel general entre precios y cantidades, las CAA registraron un aumento en el volumen de producción del 2,6% promedio anual, mientras que sus precios se incrementaron a un ritmo del 19,2%, lo que resultó en un incremento total a precios corrientes del 22,3% anual.

Cuando se lo compara con el resto de la economía, este crecimiento se encuentra por debajo tanto de la evolución de los precios como de los volúmenes de producción, lo que hizo que a lo largo de los 15 años la participación de las CAA en el PIB haya disminuido en valores corrientes.