Un estudio previo a la reunión de cancilleres del Mercosur precisa que en los últimos 30 años, la economía creció cuando, a través del bloque, más se integró y logró aumentar la inversión.

Los períodos de mayor crecimiento e inversión de la economía argentina coinciden con los de mayor participación en el comercio internacional y mayor integración argentina en el Mercosur, dice un reciente estudio, que alerta el riesgo de que el país se aísle de Brasil, Uruguay y Paraguay, los otros tres socios del bloque regional o que este preserve el statu quo en la reunión de cancilleres que se llevará a cabo para evaluar el futuro de la Unión Aduanera tras la conflictiva cumbre de presidentes que tuvo lugar el 26 de marzo pasado.

En aquella reunión, el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, había pedido que el bloque dejara de ser un “lastre” para las negociaciones internacionales, lo que provocó una fuerte reacción del anfitrión virtual, Alberto Fernández, que reaccionó sugiriéndole dejar el bloque regional.

Un estudio de Jorge Vasconcelos y Guadalupe González, del Ieral de la Fundación Mediterránea, afirma que “romper el Mercosur y cerrar la economía” es la peor receta que puede seguir el gobierno si aspira a recuperar inversiones y empleo.

En base a datos de los últimos 30 años, los investigadores precisan que la Argentina registra dos picos del nivel de inversión como porcentaje del PIB; en 1998, cuando llegó a 21,1 %, y en 2011, al 21,6%. Ambos momentos coincidieron con los de mayor penetración de las exportaciones argentinas en el mercado global: en 1998 alcanzaron una participación del 0,49% y en 2011 del 0,46% de las ventas mundiales.

La estrecha relación entre inversión y comercio y exportaciones se debe, explica el documento, a que “hay inversiones que un país no recibe si faltan condiciones para exportar una parte de lo producido; hay avances de productividad que no se logran en un país cerrado al comercio exterior; hay riesgos que alejan a las empresas, caso de los países que no logran una dinámica de exportaciones que haga sostenible sus ratios de deuda externa”.

Esa relación se profundizó con la globalización y la formación de “cadenas de valor” globales. Un país como la Argentina solo puede recibir esas inversiones si está dispuesto a ser un “eslabón” de esas cadenas, lo que requiere adecuar la política impositiva y laboral para competir con países que buscan atraer las mismas inversiones, acuerdos comerciales con terceros países, que expandan el mercado, logística eficiente, políticas cambiarias fiables y que no castiguen las exportaciones (como lo hacen, por caso, el cepo y las retenciones) ni desalienten los aportes de capital y el giro de dividendos. Por eso, dicen Vasconcelos y González, la Argentina difícilmente salga de la estanflación (estancamiento y alta inflación) si no remueve los “cepos” que traban el comercio y la inversión.

Los mejores momentos de la economía argentina en materia de crecimiento, inversión y exportaciones de los últimos 30 años coincidieron también con los buenos momentos del Mercosur, que en la última década pasó en cambio de tarjeta de presentación a obstáculo al ingreso a los mercados mundiales.

Por caso, el período 1994-1998, cuando las exportaciones argentinas pasaron de 0,42 a 0,49% del total mundial (pese a precios de los commodities deprimidos, lo que resalta aún más la competitividad local) y la tasa de inversión llegó al 21,1%, se caracterizó por un fuerte aumento la venta de bienes industriales argentinos a Brasil: en 1998 alcanzaron un 13,1% de las importaciones del socio mayor del Mercosur. En cambio, en 2019, ese mismo indicador fue de apenas 5,9%, una pérdida de 7,2 puntos porcentuales que –dimensiona el documento- “significa una merma de USD 12.600 millones/año de exportaciones de la Argentina, considerando el monto esperado para 2021 de las importaciones totales de Brasil, estimadas en unos USD 175.000 millones.

La venta de bienes industriales argentinos a Brasil alcanzó en 1998 un 13,1% de las importaciones brasileñas
Otro modo de verlo es que los USD 12.600 millones de “ventas perdidas” a Brasil son poco más del 20% de las exportaciones argentinas estimadas para este año. En otras palabras, las discordias internas y la disfuncionalidad del Mercosur le cuestan a la Argentina más de una quinta parte de sus exportaciones.

“La pregunta –apuntan Vasconcelos y González- es qué debería haberse hecho distinto en materia de condiciones para atraer la inversión, y qué en las reglas del Mercosur, para poder capturar emprendimientos y mantener el market share de 1998 en las importaciones de Brasil”.

De la mano de las commodities

El segundo “buen” período fue el de 2004 a 2011, cuando las expo argentinas pasaron de 0,37 a 0,48% de las exportaciones mundiales, aunque ahora empujadas por los altos precios de las commodities. Al igual que antes, la inversión acompañó esa movida: pasó de 15,9% a 21,6% del PBI y pudo haber sido incluso mayor, pero se topó finalmente con un obstáculo en el que sigue entrampada: los “cepos” cambiario y comercial.

La pérdida de participación de la Argentina en las importaciones fue casi constante en lo que va del siglo XXI
La pérdida de participación de la Argentina en las importaciones fue casi constante en lo que va del siglo XXI
Así las cosas, no es extraño que desde entonces el “market share” argentino en las expo globales cayó al 0,35% (que es como decir que el país origina 1 de cada 286 dólares de exportaciones mundiales), de la mano de una larga estanflación y de una caída de la inversión de 21,6 a 17,2% del PBI.

El tiempo no es neutral, pues las condiciones se fueron agravando. A principios de 2012, a poco de iniciado el “cepo” original, señalan los autores, las reservas netas del BCRA eran de unos USD 30.000 millones, mientras que ahora son de USD 3.000 millones. Aquella vez, el segundo gobierno de Cristina Kirchner usó reservas para múltiples objetivos y las agotó antes de fin de 2015, para cubrir los déficits fiscal y externo y darse cierto margen para autorizar importaciones de bienes de capital, poniéndole así piso a la inversión y aliviando la tarea del Central, no tan forzado a emitir pesos ni a “esterlizarlos”, como debe hacer ahora.

Banco Central recargado

La diferencia es gigantesca: mientras el monto de los pasivos remunerados (entonces Lebacs y Pases, ahora Leliqs y Pases) del BCRA equivalía a 30 % de los depósitos bancarios, a fines de 2020 se acercó al 45 % y con las tendencias actuales a fin de 2021 superaría el 60 por ciento. Esto significa, dicen Vasconcelos y González, “una luz amarilla titilando en los próximos trimestres, vinculada con la disponibilidad de crédito a favor del sector privado y también con la vulnerabilidad del sistema bancario, siempre y cuando el gobierno demore la tarea de llevar el déficit fiscal a un nivel sustentable”.

No disponiendo de crédito externo ni reservas en el BCRA, la Argentina está “condenada” a no incurrir en déficit externo, lo que implica que si no se reduce el déficit del Estado, la única forma de cubrir el agujero es con ahorro privado, a costa de la inversión y el crecimiento. Esto es, al precio de consolidar la estanflación.

Sin financiamiento externo, sin reservas y con déficit fiscal, hay un techo de hierro sobre la capacidad del sector privado de recuperar la inversión, e incluso el consumo”, dice el paper. Por eso, concluyen los autores, está en juego mucho más que reencauzar las negociaciones en el seno del Mercosur.