Luciano Jardin es especialista en productos para inspección con tecnología de rayos X de Marel, líder mundial en el suministro de equipos, sistemas y servicios avanzados para las industrias de procesamiento de aves, carnes y pescados.

Con el tiempo, La industria alimentaria ha trabajado para encontrar formas de garantizar que sus productos sean seguros para el consumo. Actualmente adoptamos la definición global de seguridad alimentaria, de acuerdo con los Principios Generales de Higiene de los Alimentos del Codex Alimentarius, una colección de estándares establecidos por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). El núcleo de esta definición es simplemente que los alimentos son seguros cuando no dañan la salud del consumidor.

Pero fue el año pasado, con el inicio de la pandemia de Covid-19, que el concepto se generalizó y se hizo más estricto, tanto por parte de las familias, que aumentaron el consumo de alimentos dentro de los hogares, como por la industria alimentaria, responsable de para garantizar el abastecimiento de la sociedad.

Hubo una mayor conciencia pública de que los peligros que comprometen la seguridad alimentaria pueden ser biológicos, químicos o físicos, o incluso causados por elementos extraños, como el metal y el vidrio.

Conscientes de este escenario y preocupados por garantizar cada vez más la seguridad del consumidor y la gestión de la calidad de los procesos, los investigadores y las empresas procesadoras de alimentos invierten en el desarrollo y adopción de nuevas tecnologías.

El uso de rayos X para la detección de huesos y otros contaminantes aparece como una de las innovaciones en esta área.

La tecnología, disponible en el mercado desde hace algunos años, es adecuada tanto para procesadores que necesitan cumplir con los requisitos de la más estricta legislación de seguridad alimentaria como para aquellos en otros mercados, preocupados por elevar el estándar de calidad de la industria para satisfacer a un consumidor cada vez más exigente.

Mediante señales de rayos X, equipos de esta naturaleza localizan automáticamente huesos y otros objetos extraños en la carne. La imagen capturada es luego analizada por software. El sistema se puede configurar para rechazar automáticamente artículos que tengan elementos extraños.

Diseñados para minimizar la manipulación, sistemas como este aumentan el valor y la seguridad de los productos suministrados a los clientes, mejoran el control y reducen la contaminación cruzada entre cortes inspeccionados.

Son eficaces para la detección de huesos en la mayoría de los tipos de carne fresca, especialmente en filetes de pechuga de pollo, muslos y contramuslos deshuesados y trozos.

Además del contenido de hueso, los sensores identifican contaminantes como metal, piedra y vidrio, lo que también se considera un desafío relevante para los procesadores de aves.

Por ello, la gestión de riesgos y la búsqueda de mejorar la calidad de los productos ofertados se encuentran entre los principales motivos que llevan a las empresas alimentarias a invertir cada vez más en sistemas de inspección mediante rayos X. Esto también significa menos retrabajos, asegurando una industria creciendo a un ritmo acelerado, el estándar de excelencia que persigue todos los días.

Autor: Luciano Jardin. Especialista en productos para inspección con tecnología de rayos X de Marel, líder mundial en el suministro de equipos, sistemas y servicios avanzados para las industrias de procesamiento de aves, carnes y pescados.