Entre las 20 y 30 semanas de vida se juega buena parte de la rentabilidad en el huevo: es el tramo donde la ponedora entra en postura, alcanza el pico y, muchas veces, sufre la típica caída que desconcierta a los productores. Ariel De Marco, del servicio técnico de Cabaña Camila, explicó en una entrevista con Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel que el factor decisivo es el consumo: sostenerlo (y prepararlo desde la recría) es la diferencia entre mantener un 97% de postura o resignar producción y caja.


Para De Marco, el inicio de postura es “realmente el punto más crítico” porque el ave atraviesa “un cambio fisiológico muy importante” al pasar de la recría a una etapa de máxima exigencia productiva. En esa ventana —entre las semanas 20 y 30— no solo llega el pico, sino que hay que sostenerlo: “el pico de postura, que esto es entre las 23 y las 30 semanas”. Allí aparece el problema recurrente: “¿cómo hago para poder sostener este 97%? ¿Por qué a veces llego a la curva del 97% y después recae de vuelta hasta que el ave se recompone y vuelve a ese nivel de postura?”. Según describe, esa “caída” posterior al pico es frecuente y tiene explicación.
La primera clave está en el consumo. El ave llega desde la recría con ingestas típicas de “70, 80 gramos” y debe escalar rápidamente para estabilizarse cerca de “110” gramos. De Marco lo resume con crudeza: el animal puede alcanzar el pico “bastante simple” usando reservas, pero el negocio es sostenerlo. Si no logra aumentar el consumo, entra en un balance energético negativo: “que el animal ponga o gaste más de lo que puede llegar a consumir”. Y lo que sigue es previsible: la gallina tira de su grasa, pierde peso y la postura cae.
Aunque reconoce el peso de la sanidad, el ambiente y el manejo, De Marco pone el foco en nutrición y preparación previa. En sanidad, el razonamiento es directo: “si tenemos una muy buena sanidad, bueno, el consumo al no tener fiebre el animal lo puede sostener”. En ambiente, identifica al calor como enemigo histórico, pero observa que la tecnificación del parque avícola argentino viene reduciendo el impacto: “hoy básicamente la tecnología que tenemos lo tiene bastante mitigado… en postura tenemos galpones realmente muy modernos”. Por eso, insiste, la discusión fina se muda al comedero y a lo que se hizo (o no) durante la recría.
Y aquí aparece un mensaje que incomoda a más de un productor: no temerle al sobrepeso en recría. “Lo importante es terminar con un animal en sobrepeso y no hay que tener miedo por llegar a un animal que tenga sobrepeso en recría”, sostuvo. Incluso precisó rangos, alineados a recomendaciones genéticas: “en una color podemos llegar hasta un 15% de peso a las 16 semanas por sobrepeso… en blancas un 7,5%”. La lógica es económica: esas reservas son el “colchón” que permite atravesar el arranque de postura mientras el consumo todavía no acompaña la demanda.
Consultado por Rossi sobre si además del consumo hay que ajustar el perfil del alimento, De Marco fue contundente: sí, porque la genética empuja la producción pero reduce tamaño, y eso obliga a densificar la dieta. “La gallina sigue siendo cada vez más pequeña para aumentar justamente la eficiencia de conversión. Esto hace que lo poco que come tenga que tener un valor nutricional bastante más alto”, explicó. En la práctica, recomendó usar un alimento “prepico de postura” para “elevar los niveles tanto energéticos como proteicos” y cubrir el bache hasta que el consumo llegue a su nivel objetivo.
Pero no todo se resuelve con más concentración. De Marco remarcó que el ave debe “aprender a comer” desde la recría para desarrollar capacidad digestiva. A partir de las 12 semanas, cuando el animal crece fuerte, propone “un alimento fibroso, un alimento bien diluido que permita desarrollar su aparato digestivo y que cada vez pueda consumir más cantidad de comida”. La idea es llegar a la semana 20 con estructura para ese salto de 80 a 110 gramos, porque allí se define si el pico se sostiene o se “pincha”.
En el manejo, el técnico de Cabaña Camila enumeró herramientas concretas para estimular el consumo antes de que aparezca el problema. Una es ajustar la luz, incorporando horas nocturnas: “podemos aumentar el ciclo de luz durante la noche, esa ‘superscena’… empezar desde el inicio con esta suplementación de dos horas nocturnas”. Otra es mirar la presentación del alimento, porque también hay pérdidas invisibles: “muchos clientes tienen una granulometría muy fina… Recuerden que el animal odia comer el polvo del alimento. Si ustedes ven mucho polvo en la nutrición, evidentemente esa parte la van a evitar consumir”.
Ante la pregunta de Quibel sobre cuándo se ven resultados, De Marco diferenció prevención de corrección, con un mensaje típico de quienes viven la economía productiva día a día: si se actúa tarde, igual se paga. “Si me acuerdo de hacerlo en el momento donde está bajando la postura… ya fue pérdida económica, porque lamentablemente tuve que perder huevos de la gallina”, advirtió. Si el ave está bien y el problema no es grave, la mejora puede ser rápida: “los resultados son inmediatos”. Pero para no correr de atrás, recomienda arrancar antes con la estrategia nutricional y de recría.
El indicador que propone como “fundamental” no es la curva de postura sino el peso vivo. “Durante las 20 a 30 semanas debe aumentar de peso el ave… que el animal cada semana levante peso”, señaló. Y dejó una alerta simple para cualquier encargado de granja: “si de una semana a la otra pierde peso, quiere decir que está perdiendo grasa. Hay un problema. Y lamentablemente al cabo de una o dos semanas baja la postura”. En tiempos de márgenes apretados, costos altos y volatilidad comercial, esa lectura semanal del peso puede ser la diferencia entre sostener el pico o convertirlo en una oportunidad perdida.

