En la industria avícola argentina, el complejo soja ocupa un lugar central como fuente de proteína en las dietas de los animales. Aún así, su calidad no siempre está garantizada. En diálogo con los periodistas Adalberto Rossi, Patricia Aller y Eugenia Quibel, el ingeniero agrónomo Pedro Deluchi explicó que “el complejo soja en las dietas avícolas representa entre un 35% y hasta un 40%”, lo que convierte la discusión sobre su calidad en un tema de máxima prioridad. Según el especialista, esta fuente proteica proviene mayormente del expeller de soja, un subproducto con amplias fluctuaciones en sus parámetros nutricionales.


Un aspecto técnico esencial que frecuentemente se descuida es la medición de los inhibidores de tripsina y la solubilidad de la proteína en hidróxido de potasio. “Cuanto menos eficiente es la extracción de aceite y menos procesado está, corremos más riesgo de que haya mayor cantidad de inhibidores de tripsina”, explicó. Por otro lado, si el procesamiento es excesivo, la proteína se daña y pierde digestibilidad. Por eso –señaló Deluchi– es clave encontrar “un equilibrio” adecuado entre estos dos factores para mantener la eficiencia en la absorción de los nutrientes.
Bionodum, la empresa de servicios nutricionales que dirige Pedro Deluchi, propone una solución integral. Además de asesorar técnicamente a las granjas y empresas productoras, la firma desarrolla premezclas específicas que aportan aminoácidos esenciales (lisina, metionina, treonina, valina y triptófano) y enzimas que ayudan a mejorar la digestibilidad del complejo soja. Según el ingeniero, estos aditivos permiten “minimizar el impacto de una mala calidad” y se ajustan a medida para cada sistema productivo. La idea es diversificar, no solo complementando el expeller con harina de soja Hypro o micronizada, sino también con otras proteínas como el gluten o subproductos de origen animal.
Una ventaja de la avicultura es su capacidad para adaptarse rápidamente a los cambios nutricionales. “Nuestra avicultura es de ciclo muy rápido; no necesita un gran período de adaptación”, afirmó Deluchi. Por ello, cuando se detecta una baja calidad en el expeller, la respuesta puede ser inmediata, incorporando nuevas estrategias y recursos que garanticen una mejor performance en campo. “La respuesta que se ve en el campo es inmediata”, aseguró con optimismo.

