La caída del consumo interno de carne vacuna no se explica sólo por precios en góndola o por un supuesto “desvío” hacia la exportación. Según el analista y consultor ganadero Víctor Tonelli, el factor central es una menor oferta originada en la baja de la faena tras tres años de liquidación y el inicio de una etapa de retención para recomponer stocks. Con demanda firme local e internacional y mejores valores externos en dólares, el escenario anticipa tensión en precios durante 2026 y buena parte de 2027, mientras otras proteínas —como el pollo— juegan su propio partido con sobreoferta y valores más competitivos.


Ese freno en la oferta se siente en el plato. Tonelli detalló que “en los últimos cuatro meses —y marzo va en el mismo camino— [la caída] es superior al 10%”. Al anualizarlo, la merma equivale a “alrededor de 200.000 toneladas menos de carne”, lo que repartido entre 47 millones de habitantes se traduce en “alrededor de 5 kilos menos por habitante por año”. Dicho de otro modo: aun con exportaciones estables, hay menos carne para todos porque se está produciendo menos.
El fenómeno tiene explicación productiva y climática, pero también económica. Tonelli recordó que Argentina viene de “tres años de liquidación”, con faena por encima del equilibrio, “fundamentalmente por sequía”. Ese proceso deja un saldo conocido: menos animales en el sistema y la necesidad de iniciar la fase inversa del ciclo ganadero. “Ahora se ha iniciado un ciclo que llamamos de retención para recuperar stocks”, explicó, y advirtió que no se revierte de un mes a otro: “esto tiene un ciclo no menor de dos a tres años para empezar a ver resultados”.
Los números de consumo refuerzan el diagnóstico. Tonelli señaló que, con los datos de faena y exportaciones, puede estimarse el consumo aparente: “volumen total de carne, menos exportaciones, te da el consumo”. Y el resultado, para enero y febrero, marca “44 kilos por habitante por año, cuando el año pasado estábamos en el orden de los 50 kilos”. En paralelo, la presión sobre el bolsillo hace el resto en un contexto donde otras carnes compiten con ventaja de precio: el pollo, con sobreoferta, tiende a abaratarse y funciona como sustituto natural cuando la vacuna se encarece.
Detrás de la decisión de retener también asoma un componente político y de reglas de juego. Tonelli compartió una lectura sobre la señal que recibió el productor tras el proceso electoral: “el ganadero entendió que hay por lo menos dos años más de este gobierno” y destacó como factor decisivo para la previsibilidad que “no limita exportaciones, permite que el negocio ganadero se conecte al mundo”. Con un mercado internacional traccionando, la retención deja de ser sólo defensiva para convertirse en estrategia: “este es el momento, retengo, recupero stocks… y aprovecho este momento”.
En comercio exterior, el incentivo es nítido. Consultado sobre expectativas de mayor mercado hacia 2026 por acuerdos con Estados Unidos y la Unión Europea, Tonelli fue directo: “sí, sí, definitivamente”. Y aportó un dato que grafica el cambio de escenario: “el precio promedio por tonelada exportada en enero y febrero de 2026 contra 2025 subió el 25% en dólares”, según cifras publicadas por INDEC. En un país donde la cadena cárnica mira de reojo los márgenes en cada eslabón, esa mejora externa impacta en la capacidad de pago por hacienda y refuerza la tensión sobre los valores domésticos.
El cierre, sin embargo, es menos optimista para el consumo interno en el corto plazo. Tonelli sintetizó lo que viene con crudeza: “en el año 2026 y buena parte del 2027 la oferta va a ser escasa”, mientras “la demanda sigue muy firme tanto en el mercado interno como en la exportación”. En ese tironeo, “los precios del ganado… están altos” y, por lo tanto, “el precio de la carne vacuna va a ser alto”. En la industria avícola, en cambio, el cuadro de sobreoferta puede sostener precios más accesibles y ganar participación, al menos hasta que el ciclo ganadero vuelva a equilibrar la disponibilidad de carne vacuna.

