En un escenario complejo para el financiamiento público de programas productivos, el Centro de Multiplicación de Aves del INTA Colorado, bajo la dirección de Alejandro Bettella, logró un hito fundamental: generar su propia base genética de la reconocida ponedora negra del INTA. Este desarrollo, que le brinda independencia productiva y económica a la estación del sureste formoseño, permite hoy sostener un ritmo constante de producción de 1.000 a 1.500 pollitas semanales y abastecer una vasta región del norte argentino.
“Nosotros siempre dependíamos de los reproductores de la granja de abuelo de la estación experimental de Pergamino, pero eso implicaba un gasto anual de cerca de 15 millones de pesos”, explicó Bettella, en diálogo con periodistas agropecuarios. A partir de la creación de su propio núcleo genético, que cuenta con base en la línea Black Monroe Barrada, el centro se asegura ahora una producción estable con recursos propios. Gracias a ello, generan aproximadamente 30.000 ponedoras negras por año, una cifra clave para abastecer las necesidades de provincias como Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes y hasta el norte de Salta.
Este logro cobra especial relevancia en el contexto del desfinanciamiento del programa Pro Huerta, que anteriormente sostenía la operatividad de estos centros mediante fondos del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Muchos dejaron de funcionar, pero el de INTA El Colorado se mantuvo en pie por su rol estratégico. “Nuestro centro no cerró por un hecho de abastecer de un insumo crítico como es el pollito bebé, que aquí no se consigue y que viene desde Santa Fe, Entre Ríos o Buenos Aires con costos altísimos”, remarcó Bettella.
Más allá del aspecto técnico y económico, la producción tiene una fuerte raíz cultural en la zona. “En Formosa hay un arraigo muy profundo por la cría de aves. Nuestra ascendencia guaranítica hace que el 80% de nuestras comidas incluya huevo: sopa paraguaya, chipá, torta paraguaya, entre otras. Por eso la gallina de traspatio sigue siendo tan importante para las familias”, comentó el referente local del INTA. Esta demanda doméstica, unida a una gallina como la Negra INTA—rústica, eficiente y adaptable a altas temperaturas—, pone en valor el desarrollo tecnológico del centro.
Desde el punto de vista productivo, la ponedora negra se destaca por su adaptabilidad a condiciones extremas, tanto en climas cálidos como en climas fríos, llegando incluso a prosperar en localidades australes como Tierra del Fuego. “Es una gallina muy noble, poco agresiva y que no exige instalaciones sofisticadas. Mientras otras razas industriales se vuelven histéricas ante el calor, la negrita se comporta con docilidad”, afirmó Bettella. Si bien su capacidad de postura es levemente menor que la de las industriales—alcanza los 260 a 270 huevos anuales frente a los 320 de razas como la Isa Brown—su rusticidad compensa esa diferencia.
Otro dato no menor es el color del huevo. Mientras el 90% de la producción comercial es de huevo blanco, la Negra INTA ofrece un huevo marrón que, aunque nutricionalmente idéntico, tiene mayor aceptación en ciertos mercados. “El huevo marrón tiene un valor agregado. Si bien nutrimentalmente es igual al blanco, la gente lo percibe como mejor. Por eso nuestros productores obtienen un diferencial de precio”, comentó. Sin embargo, aclaró: “Toda la diferencia está en el alimento: la gallina de huevo blanco consume 80 gramos diarios; la de huevo color, 100. En una granja de 20.000 aves, esos 20 gramos marcan la diferencia”.

