Como ya lo he sugerido, en relación a la necesaria protección de nuestro mercado productor de huevos para consumo, estamos obligados a continuar ofreciendo un producto de excelente calidad, agregando un sello en el huevo mediante el cual se distinga su trazablidad, aplicando un tratamiento UV, invirtiendo en envases, comunicación con nuestros clientes, marketing y creando nichos.

Pero al mismo tiempo, todos los productores nos enfrentamos a la realidad de los fríos números que nos indican una verdad que nos ha guiado durante años: que a mayor volumen, mayor eficiencia empresarial y dilución de gastos fijos. Y ésta sigue siendo una verdad para cualquier productor –grande o pequeño–, digamos por poner una cifra, de más de 30.000 aves.

Hasta ese volumen, el productor puede hacer gran parte de las tareas personalmente: desde facturar y comercializar su producción con un conocimiento personal de sus clientes, hasta fabricar el alimento si tiene un molino adecuado. Y es muy probable que esa falta de estructura, sin vendedores, administrativos, molinero, etc., sumado a un mejor promedio de venta por su escala, haga que sus márgenes sean permanentes en cualquier situación de precio de venta del mercado. Además, está en la posición de que si ataca un nicho –aves libres de jaula, por ejemplo–, el mismo abarque un alto porcentaje de su producción –algo que no pasaría con un productor mediano o grande–, lo que le permitiría aumentar mucho más su rentabilidad.

Pero una vez sobrepasada esa cantidad de aves, el ring del mercado es el mismo para casi todos. Con ventajas y desventajas de acuerdo al volumen, pero con una sola verdad: el mayor volumen baja costos y asegura ganancias, aunque sean bajas por cajón, pero ganancias al fin, cuando el precio está en mínimos. En esa situación, el productor mediano –más aún si no está automatizado–, pasa rápidamente a números rojos, no estando ni con los promedios de venta y la informalidad del pequeño, ni con la economía de escala del más grande, así como tampoco con la misma financiación de sus proveedores, ni bancaria.

Este razonamiento nos ha llevado a grandes éxitos como sector, como ser la eficiencia global de nuestra producción, altamente mecanizada, distribuida por todo el país, capaz de abastecer a un consumo per cápita de los mas altos del mundo; también gracias a ser visionarios sosteniendo a CAPIA –una de las cámaras sectoriales mas activas de nuestro hemisferio–.

Pero, toda moneda tiene dos caras, y la otra cara de esta moneda es el tema que nos ocupa: “ser eficientes como grandes productores, ¿es enemigo de un precio de mercado rentable? Tener un mercado interno sano ¿es enemigo de exportar?”

Veamos… En principio, si pensamos linealmente, como hasta ahora, la realidad nos muestra un mercado pendular que oscila entre períodos de crisis con reacomodamiento en la población de aves, con desaparición de colegas y regulación de la población de aves (menor cantidad de crianzas, aumento de las edades, etc.), a períodos cada vez mas breves y de buena rentabilidad. En el medio, nada… la meseta casi no existe. Y si el huevo no está subiendo, los compradores perciben que está bajando y aspiran a quedarse con esa rentabilidad.

¿Qué alternativas existen para modificar este comportamiento histórico? Aquí, las preguntas son muchas… La primera es: ¿todos los productores quieren hacerlo?, y suponiendo que todos quieran tener rentabilidad permanente –¿quién no?–, o más emocionante aún, evitar alguna que otra crisis apocalíptica, ¿alguno renunciaría en este siglo a crecer? Dicho de otra forma: ¿algún productor estaría dispuesto a retirar aves?

Personalmente creo que la respuesta es un rotundo “NO”. El voto siempre fue ir hacia la crisis purificadora, el sufrimiento que más tarde nos lleva a una mejora. Entonces… ¿hay otras soluciones?

Dentro del mercado interno, el margen de reacción es muy escaso. Del lado del consumo tradicional, yo diría que lo único que se puede hacer son acciones de publicidad y medios para sostener y, en el caso más optimista, elevar levemente el consumo; estrategia que además depende de la vapuleada economía nacional pandémica o post pandémica. En este sentido, el mercado interno, las ayudas o los planes sociales, pueden ser una buena fuente de consumo si las autoridades ven el alto valor nutricional de nuestro producto. El impacto puede ser limitado porque existe la posibilidad de que parte de ese huevo inyectado como ayuda, ya se estuviera comprando antes de existir la misma.

Entonces, quedaría la exportación como vía de sostén de los volúmenes de producción y promoción de los márgenes internos. Es un escenario al que los productores se acercan siempre en épocas de crisis, y no por el contrario, pensando en construir un mercado de exportación permanente, lo que requiere varios años de políticas coherentes, con una mirada puesta exclusivamente en el negocio externo, sin mirar con codicia las oportunidades internas que circunstancialmente puede presentar mayor rentabilidad.

Esta vía requiere también romper el recelo entre productores, el cuestionamiento de porqué yo voy a poner huevo a pérdida para aportar a un mejoramiento de precio interno que todos aprovecharíamos.

Yo lo pondría en otros términos: si en la parte mala del ciclo el huevo sobra, ¿quién levanta la mano para retirar de producción uno o mas galpones y mejorar el mercado? Nadie… ¿No sería mejor entregar parte del huevo para exportación? Me refiero a porcentajes aceptables de la producción, uno o dos días al mes, con un pago que nos permite amortizar el famoso costo fijo y de alimento, y con una recompensa mucho mayor de la mano de la recuperación del mercado. Me parece que es una alternativa de imposible versus posible.

Mi recomendación es juntar lo mejor de cada mundo, dejar de ser granjeros para ser empresarios con visión de país. Por un lado se sigue accediendo a las ventajas de la economía de escala, y automatizar y crecer seguirían siendo buenas palabras, y se sostiene el precio interno.

Obviamente esto plantea cíclicamente desafíos, porque nada indica que el porcentaje exportado no se recupere en un par de años con nueva producción, pero la realidad que ninguna solución es para siempre, así como tampoco lo son las condiciones actuales. El futuro puede ser con mas inversiones –costosísimas– tendientes al bienestar animal, o con requerimientos de menos aves por jaula, u obligando al retiro de determinado tipo de jaula… es imposible preveer.

Hoy exportar sirve. Y estar juntos, también.

Autor : Sebastián Noguera – Gerente General Cabaña Modelo