Oportunidades 2020: pensando en el desarrollo de su empresa

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Darío-Rubinsztein Opinion

Durante los últimos años, en Argentina hemos aprendido a convivir con términos como inflación, devaluación, riesgo país, tasa de referencia, cepo, dólar oficial, dólar blue, contado con liqui, lebacs, leliqs, fintech, déficit fiscal, gasto público, retenciones, impuesto solidario, deuda pública, bonos, default selectivo y reperfilamiento entre otros. Son términos que forman parte de nuestro día a día, cuando leemos el diario en formato impreso o en algún portal en la web.

El argentino medio, que fruto de su trabajo y esfuerzo puede ahorrar parte de sus ingresos mes a mes, resguarda sus ahorros en moneda fuerte: con ustedes “el Dólar”.

No confiamos en nuestra moneda nacional –“el Peso”– como reserva de valor a futuro. La historia de nuestro país, desde la creación del Banco Central de la República Argentina (BCRA) en 1935, nos indica que la inflación y los sucesivos cambios de nombres a la moneda nacional, se convirtieron en moneda corriente. ¡Vaya paradoja!

Pero como para muestra basta un botón, tengamos en cuenta que el Dólar, en Argentina, desde diciembre de 2017 hasta diciembre de 2019, saltó de 2 en 2:

  • En Diciembre de 2017, un Dólar equivalía a 20 pesos argentinos
  • En Diciembre de 2018, un Dólar equivalía a 40 pesos argentinos
  • En Diciembre de 2019, un Dólar equivalía a 60 pesos argentinos
  • Y en este comienzo de 2020, nos despertamos con un nuevo valor de Dólar, donde se necesitan 80 pesos argentinos para conseguir un billete de George Washington (con impuesto PAIS –Impuesto a la compra de moneda extranjera para la promoción y financiamiento de la inclusión social– incluído).

En el hipotético caso que no existiera en nuestra economía ningún aumento de precios durante todo 2020, la inflación por arrastre sería aproximadamente del 22%, con lo cual se estima que hacia fines del presente año para conseguir un Washington habrá que desembolsar un Roca, un Evita o en su defecto un Taruca –según las últimas imágenes elegidas, y actualmente vigentes, para ilustrar un billete de 100 pesos argentinos–.

La necesidad de una política fiscal y monetaria ordenada, que se enmarque dentro de un plan estratégico, es la respuesta teórica para pensar en algún futuro de mediano-largo plazo, y en una Argentina estable y sostenible.

Esta ardua y compleja tarea se encuentra en manos de los gobernantes de turno que han sido elegidos democráticamente por el electorado.

En este barco que parece hundirse como el Titanic, usted se preguntará a esta altura del presente artículo, ¿qué resta por hacer? Y la respuesta es que todavía queda un océano de oportunidades…

El primer paso es ponerse rápidamente un salvavidas que lo ayude a llegar –obviamente junto a su esfuerzo– hasta la costa. Ponerle ese salvavidas a su empresa implica ordenar y conocer los números en profundidad, revisar los procesos productivos, comerciales y financieros, y revalorizar a sus colaboradores para poder lograr en el mercado interno un resultado que se encuentre –mínimamente– en el punto de equilibrio.

El siguiente paso es poder observar desde la costa y detenerse en el horizonte, ese punto donde el agua y el cielo parecen unirse, ese “infinito y más allá” que mencionaba Buzz Lightyear en Toy Story. Observar ese infinito en su empresa implica comprender que, si bien vivimos dentro de un contexto VUCA (acrónimo en inglés de Volatility, Uncertainty, Complexity and Ambiguity) –volátil, incierto, complejo y ambiguo–, ese punto allá a lo lejos, nos desafía nuevamente a emprender un nuevo viaje.

A continuación es necesario imaginar, pensar, diseñar y finalmente construir la nueva embarcación que nos permitirá navegar y llegar al puerto que deseamos.

La construcción de esa nueva embarcación para su empresa, no es nada más, ni nada menos que: la generación del modelo de negocios que plantea Osterwalder, comprendiendo que un modelo de negocio describe las bases sobre las cuales una empresa crea, proporciona y capta valor.

La herramienta que se utiliza comúnmente para esta clase de proyectos estratégicos es el CANVAS, donde se definen: segmentos de mercado, propuesta de valor, canales, relaciones con clientes, fuentes de ingresos, recursos claves, actividades claves, asociaciones claves y la estructura de costos.

El cuarto paso es elegir los marineros y un capitán que puedan trabajar codo a codo en pos de alcanzar el destino deseado. Esta elección en su empresa se convierte en un factor clave para acercarse al cumplimiento del objetivo, implica que usted –o quien designe como líder– y sus colaboradores, aprendan a trabajar en equipo.

Ahora bien, para desarrollar e internacionalizar una empresa, es necesario contar con visión de largo plazo. No en todas las empresas existen las capacidades técnicas y humanas para trabajar en equipo, y aquí es donde la confianza juega un papel protagónico. Se estará preguntando ¿qué implica la confianza entonces? La confianza se explica desde la triada compuesta por: idoneidad, compromiso y recurrencia.

La idoneidad nos remite al “saber hacer”, al conocimiento, a las aptitudes que tiene cada ser humano. El compromiso nos lleva indagar sobre el grado de cumplimiento de las promesas realizadas ante un pedido que nos hace otro ser humano. Y la recurrencia se refiere a la cantidad veces que sucede un evento a lo largo del tiempo.

Para que exista confianza entre las personas dentro su equipo deben darse en simultaneo idoneidad, compromiso y recurrencia. De no ser así, surgirán conflictos entre las personas que emergerán de la superficie como icebergs y se interpondrán en el camino, atentando contra el logro de su objetivo.

¿Usted permitiría que en su embarcación, el Oficial de Comunicaciones desconozca el funcionamiento de los instrumentos de radiofrecuencia? Por supuesto que no… porque aún no cree que éste sea idóneo y/o no alcanzó el nivel mínimo de aptitud y conocimiento para manejar los instrumentos de comunicaciones del barco.

Sería como designar como Responsable Comercial de la Operatoria Regional de su empresa a un estudiante intermedio de Contador. ¿Aceptaría usted que el capitán Francisco Schettino (el capitán del Crucero Costa Concordia hundido frente a la costa de la Isla Toscana del Giglio) asuma el compromiso de comandar los destinos de su buque? Seguramente no, porque usted sabe que el capitán se había comprometido en otra oportunidad y no cumplió, no importando que excusas interpuso, ya sea que se quedó dormido o se entretuvo en otros menesteres.

Trasladado a su empresa, implicaría designar como Responsable de Relaciones Institucionales a un profesional de RRHH que ha omitido asistir al 80% de las mediaciones laborales en los últimos 12 meses. ¿Estaría de acuerdo con que el Jefe de Mantenimiento sea un joven que recién ha ingresado a trabajar con usted?

Decididamente no, porque no ha pasado el tiempo suficiente para que usted conozca a la persona y pueda evaluar si es idónea y comprometida con su trabajo.

En su empresa implicaría designar como responsable de todo el sector de Finanzas (con todos los permisos bancarios y claves de acceso) a una persona que se incorporó hace una semana a la organización…

Para llegar a desarrollar esos nuevos mercados y sortear las restricciones que nos impondrá ese océano que decidamos atravesar, es clave la comunicación entre los integrantes del equipo. Cada persona “vive en su mundo interpretativo” y actúa en consecuencia, es allí donde la comunicación fluida (entendiendo que existe un “otro”) y la construcción de confianza, son requisitos mínimos para poder navegar sin mayores inconvenientes y no perder el rumbo elegido.

Una vez arribados a destino, con los pies sobre la tierra y una mirada retrospectiva, nos daremos cuenta que no ha sido el azar, el tipo de cambio, u otro factor ajeno, lo que nos llevó a estar donde estamos. Lo que nos llevó hasta allí fue contar con una empresa “ATR”, con Actitud, Trabajo (capacidad y conocimiento) y Resiliencia que le permita reponerse rápidamente ante los avatares de la gestión empresarial.

Las empresas ATR, sin dudas, podrán imaginar un futuro promisorio, donde el trabajo en equipo, la evaluación de la gestión y la planificación, se conviertan en un hábito del negocio, que las posicione mejor ante la competencia y los cambios del contexto en cualquier latitud, permitiéndole mejorar su rentabilidad.